Ivy
—¿Qué? —Pregunto irritada cuando noto la mirada refunfuñona de Sara.
—¿Estás segura de que estás bien? —Dice alzando una ceja pelirroja.
—¡De maravilla! —Exclamo con sarcasmo al mismo tiempo que bebo mi blue margarita. Cierro los ojos dejando que el alcohol inunde mi sistema y cuando mi copa está vacía, busco al barman con la mirada. —Necesito otra de estas —pero antes de que pueda hacer mi pedido, Sara se interpone en mi camino. —¡Oye!
—De esto estoy hablando —señala de arriba a bajo. —No ha pasado ni treinta minutos desde que llegaste y ya es tu segunda margarita.
—¿Quién eres? ¿Mi madre? —Juego con los hielos que han quedado en mi bebida y bebo los restos. —He tenido el peor día de mi vida, mi jefe se empeña en hacerme la vida miserable y lo peor de todo que se atrevió a usar mis sueños como papel higiénico.
Hago un puchero y dirijo la mirada hacia el grupo de chicas que no dejan de brindar y gritar en una de las mesas. Veo a Erika y al resto de nuestras amigas beber sin control, celebrando que pronto ella se unirá a la triste vida del matrimonio. No entiendo lo que le ven de atractivo de unir tu vida a una persona, es como cambiar una vida llena de comodidades por un par de grilletes. Es irónico, ya que, aún seguía soltera, pero aun así, ya había conseguido mis propios grilletes al escritorio de Nowe.
Definitivamente casarse era un crimen por eso siempre pedían testigos.
—En su defensa, hiciste que alguien más arruinara su computadora. —Me recuerda Sara.
—¿De qué lado estás? —Le recrimino.
—A esta paso Ivy, el pobre morirá de gastritis.
—Yo también —respondo.
—¿Tú también morirás de gastritis? —Pregunta divertida.
—¡No! —Exclamo. —Yo también quiero que él se muera —digo como si nada mientras ordeno mi siguiente margarita. —No se supone que este club es conocido por sus sexys bailarines ¿dónde demonios están?
Miro a mi alrededor y tan solo veo un enorme escenario seguido de diversas mesas de color n***o, en donde cada mesa era servida por un sexy mesero. Esta noche quería salirme de control, estaba más seca que un cactus y necesitaba de uno de esos bombones para acabar con mi abstinencia. Estaba decidido, esta noche llevaría a uno de ellos a casa. Entonces, como si mis desesperadas súplicas hubiesen sido escuchadas, el humo comienza a inundar el escenario al mismo tiempo que las luces comenzaban a palpitar.
—¡De eso estaba hablando! —Grito con entusiasmo.
Esa era la primera señal para que todas las chicas regresaran a sus mesas porque el show estaba a punto de comenzar. El incontrolable ritmo de la música comienza a sonar al mismo tiempo que las puertas se abren dejando el paso libre a cinco chicos con el uniforme de marineros, en cuanto aparecen en el escenario los gritos de todas las asistentes no tardan en aparecer, los bailarines comienzan a bailar de manera sensual y provocadora logrando que cualquiera perdiera la cabeza.
En los pocos minutos que duró la canción, los chicos finalizaron la coreografía con un sensual movimiento de cadera; sin embargo, eso solo era el principio. Nuevamente el humo se apoderó el escenario y un nuevo chico apareció en el escenario vestido de capitán, los cinco bailarines del inicio se colocaron a su lado para comenzar una nueva rutina, pero cuando la música alcanzó un ritmo más alto, sucedió lo que todas estábamos esperando.
Ellos se deshicieron de las chaquetas que cubrían su torso y fue así como el nuevo caos se desató.
Los movimientos del capitán eran sensuales y provocadores, cualquiera desearía perderse en cada uno de esos sexys movimientos. Definitivamente Sara había hecho una excelente elección para la mejor despedida de soltera, así que, sin dudarlo, tomo mi móvil y comienzo a grabar cada paso de la coreografía, esto era algo que definitivamente debía recordar. El capitán, dio inicio a una nueva coreografía, pero esta vez se deshizo de los ajustados jeans blancos que cubrían la otra mitad de su cuerpo al mismo tiempo que desataba una ola de gritos y suspiros.
Enfoco la cámara para capturar cada sensual movimiento de sus caderas, hasta que me percato de algo muy peculiar. El sexy capitán que había acaparado todas miradas, incluyendo la mía, tenía un extraño reloj en su muñeca izquierda.
¿Dónde había visto ese reloj antes?
Inmediatamente el rostro de Nowe aparece en mi memoria. La primera vez que lo conocí, recuerdo perfectamente que mientras él me rechazaba y me decía que no era apta para trabajar en PeachP Advertising, yo me encontraba mirando ese extraño reloj.
Debes estar loca Ivy>>
Me digo a mí misma.
No es posible que se trate del mismo reloj ¿o sí? Después se todo hay miles de relojes como ese en todo el mundo. Miro el fragmento del vídeo que acabo de grabar e intento enfocar el rostro de ese chico; sin embargo, gracias al humo y a la oscuridad del lugar, el rostro no es completamente nítido. Realmente debo estar loca como para imaginar a mi jefe en un stripper.
Una de nuestras amigas saca un velo de novia y se lo coloca a Erika, acto que llama la atención de uno de los chicos, el cual no duda en bajar del escenario y para guiar a Erika a una silla para bailar solo para ella. Todas comenzamos a gritar; sin embargo, no puedo dejar de pensar en lo que vi.
—Ivy ¿segura que estás bien? —Pregunta una vez más Sara.
—Todo bien —digo mientras guardo mi teléfono.
—¿Segura? —Insiste otra vez. —Sabes bien que no debes mezclar el alcohol con tu medicamento.
No puedo evitar rodar los ojos.
—Sara —digo su nombre con seriedad. —Estoy bien, no es que estuviera discapacitada.
Sara asiente para después seguir mirando el espectáculo.
—Estoy segura que Erika lo está disfrutando. —Comento.
—Si eso le gusta, espera a ver el regalo que tengo para ella —ambas nos reímos con complicidad.
La música se detiene y Erika regresa a nuestra mesa totalmente sonrojada.
—Necesito otro trago —pide mientras intenta darse aire con sus manos.
—La noche a penas inicia Erika —advierte Sara. —Pero por ahora, vamos a bailar —mi mejor amiga, nos conduce hasta la pista y comenzamos a movernos al ritmo de ella.
Algunos de los strippers se unen a las asistentes mientras que nosotras tan solo disfrutamos de la música. Erika se acerca a mí y me coloca su velo en la cabeza, me dejo llevar por las risas y pasos ridículos de mis amigas hasta que decidido que es momento de retocar un poco mi maquillaje. Después de todo no quería parecer un maldito mapache frente a estos bombones.
Me acerco a Sara quien se encuentra hablando con una mujer rubia, en cuanto la mujer se va, me acerco a mi amiga.
—¿Estás lista? —Pregunta entusiasmada. —He reservado la sala VIP para la despedida de Erika.
—Muy bien, entonces las alcanzaré en un momento.
—¿A dónde vas?
Le muestro mi brillo labial mientras le dirijo una pícara sonrisa.
—Necesito que mi labios se vean irresistibles —digo con cierto tono de coquetería. —Ya sabes, por si necesito usarlos.
—Te veo en la sala VIP, nena.
Me dirijo hacia los pasillos del club, no fue tan difícil encontrar los baños, si no quería perderme la diversión con mis amigas debía darme prisa, así que, me apresuré a darle un poco de brillo a mis labios para después salir de ahí. Al salir del baño, uno de los strippers me esperaba.
—Tú debes ser la novia.
—¿Qué? Yo no soy...—cierro los ojos, había olvidado que Erika me había colocado su velo mientras bailábamos.
—Ven conmigo —él me interrumpe y me conduce hasta una habitación privada lleno de pequeños sillones de cuero n***o.
—Espera esto es una confusión —digo. —Yo no soy la...
—Vamos, no seas tímida —dice con un dulce sonrisa. —Solo disfrútalo —el chico hace una seña y las luces se encienden. —Cuando quieras hermano —dice antes de salir.
Las puertas se han cerrado y una nueva canción comienza a sonar. De uno de los muros, un chico sale de entre las sombras y camina hacia mí. Se trataba del mismo chico disfrazado de capitán, solo que esta vez solo vestía un pantalón militar porque su dorso estaba completo desnudo. Trago en seco, ese bombón si que se veía mejor en persona hasta podía apostar que sus marcados abdominales se veían en 3D.
Era una lástima que no pudiera ver su rostro dado que estaba cubierto con una máscara.
Él toma una de mis manos y la conduce para tocar ese fabuloso cuerpo que parecía tallado por los mismos dioses. ¡Dios! Seguramente Erika me mataría por estar disfrutando su regalo, pero no me arrepiento de nada. Ella está comprometida y lo mejor sería que dejara comer a los pobres.
El sexy capitán se acerca y se sienta en mi regazo para después colocar mis manos alrededor de mi cuello, disfruto cada uno de sus movimientos, pero cuando nuestros ojos se enfocan siento como si me hubiesen dejado caer un balde de agua fría. Esos ojos oscuros los conocía muy bien, después de todo los miraba cada día en la oficina.
—¡Nowe! —su nombre sale de repente de mis labios. —Quiero decir ¿señor Moltoni?
¡No puede ser!
Mi propio jefe me estaba haciendo un striptease.