Nowe
Subo al auto y dejo que mi ropa moje el asiento trasero, pero me percaté demasiado tarde que esa había sido una mala decisión cuando mi abrigo cayó sobre los documentos que le había pedido a Ivy aquella tarde, suelto una maldición e intento rescatar las hojas que no se dañaron con la lluvia. El año llegaba a su fin, no entiendo como era posible que aún siguiera lloviendo, este clima infernal me hacía recordar las fuertes lluvias en la Toscana. Miro las hojas arrugadas por el agua y suelto un bufido, este día no podía ser peor.
Enciendo el auto y emprendo camino hacia mi departamento. Un semáforo en rojo hace que me detenga y mientras el tráfico se acumula detrás de mí, miro las hojas en el asiento de copiloto. Inevitablemente la imagen de esa chica llega a mi memoria, quizás no había sido su error lo que tanto me molestó sino la cancelación de Donovan y desquité mi mal humor sobre ella aquella vez. Me había comportado como un maldito cretino y la había tratado de la misma forma en la que me trataron a mí en cuanto llegué a PeachP Advertising.
Mi inexperiencia y semblante de novato me habían convertido en el blanco perfecto de mi antiguo jefe, él hizo mi vida miserable hasta que gracias a mi talento para los negocios, me trajeron hasta donde estoy. Recuerdo perfectamente sus burlas y humillaciones, acciones que inconscientemente había repetido con Ivy. Sin embargo, a pesar de mis acciones, no puedo pasar por alto sus constantes incompetencias.
Todos tenemos deseos, algunos son más importantes que otros y es gracias a ella que mi puesto como vicepresidente de PeachP Advertising está en riesgo. Cuando Nick me mostró su currículum noté que sus deseos por ser publicista serían mi arma perfecta y es por eso que me atrevía a usar eso a mí favor. Me siento como un maldito cretino por usar su sueño como una ventaja; sin embargo, hay algo que me detiene.
El recuerdo atraviesa mi mente como un destello, pero a final de cuentas sigue siendo un recuerdo. Me veo en mi juventud, un chico de veinticinco años con ambiciones, sueños y esperanzas, un chico que se mira al espejo mientras arregla su corbata y es entonces, cuando la puerta se abre y ella aparece, sus labios se mueven dejando salir una sola frase.
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El sonido del claxon de los autos que esperan detrás de mí me regresan a la realidad, estaba absorto en mis pensamientos que por un momento olvidé que el semáforo se había puesto en verde, quito el freno y sigo conduciendo. Mientras atravieso las calles de Chicago, no dejo de divagar en lo que sucedió hace un momento, es entonces cuando recuerdo la verdadera razón por la que hago todo esto, la razón por que deseo que todo sea perfecto. Si quiero seguir con mis planes, no puedo ablandarme con nadie, mucho menos con esa chica atolondrada.
—No puedo arriesgarme a perder todo por una novata.
Me digo a mí mismo antes de seguir mi camino.
[...]
Sus manos se dirigen hacia mi torso desnudo con la única intención de dirigirme una de esas caricias carentes de vergüenza; sin embargo, cuando ella está dispuesta a tocarme, detengo sus manos y simplemente dejo un rápido beso en su dorso. Finalmente la música concluye y la niebla artificial que le da un efecto más dramático al show, comienza a dispersarse por todo el lugar dándome la señal de que mi turno finalmente ha concluido. Cuando las luces se apagan y me adentro en los camerinos, los gritos eufóricos de las clientas del club Zero's nos aclaman una vez más para un nuevo número o quizás algo más.
Mis planes de esa noche se habían visto frenados por la repentina llamada de Sally, ella solicitaba mi presencia esa noche y gracias a nuestro acuerdo, no pude negarme.
—Hola guapo —saluda una mujer de mediana edad cuando salgo al pasillo que conducen a los camerinos. —Estuviste increíble allá arriba.
—Gracias. —Respondo con falsa cordialidad. —Si me disculpa señorita, tengo que hacer. —Digo mientras intento abrirme paso y alejarme lo más rápido de ella.
—Espera —ella detiene mi brazo cuando se percata de mis intenciones de irme. —¿Qué tal unas horas extras? Solo tú y yo. —Sus manos acarician mis brazos de manera juguetona mientras muerde sus labios de manera sugerente.
La miro de reojo, puedo ver su desesperación y deseo de tenerme en su cama esta noche, así que, decido seguir su juego. Tomo un mechón rubio y lo coloco detrás de su oreja, dejo que mis labios rocen cuidadosamente el lóbulo de su oreja.
—¿Eso quieres? —Susurro con lentitud mientras escucho como ella suelta un suspiro ahogado.
—Sí.
—Ni en tus sueños. —Me aparto rápidamente dejándola completamente indignada.
Camino hacia al camerino y una vez que he cerrado la puerta, la sonrisa gatuna de Sally me recibe. No me molesto en disimular mi molestia cuando la veo, no es mi estilo ser hipócrita. Me coloco frente al espejo y comienzo a deshacerme de la ridícula corbata del disfraz de policía.
—¿Por qué la rechazaste? —Pregunta mientras lima sus uñas pintadas de rojo. —Pudiste haber ganado una excelente propina, esa mujer parecía tener bastante plata.
Dejo los accesorios sobre el tocador y me coloco mi camisa sin ni siquiera mirarla.
—No soy un estúpido juguete s****l —escupo. —La única razón por la que hago esto es por Will, así que, no tienes nada que reclamar y más cuando mi turno ya ha terminado.
Sally se encoge de hombros y se camina hacia mí, ella coloca una mano sobre mi hombro al mismo tiempo que acaricia mi espalda. Un escalofrío recorre mi columna, pero no de placer sino de asco.
—Solo decía —dice como si nada. —El dinero hubiese sido tuyo, ya sabes que los trabajos fuera de Zero's son problema suyo.
No me importó si fui grosero o mal educado con esa mujer, simplemente he respondido tal y como ella se lo merecía. Somos personas que hacemos nuestro trabajo, no es una invitación para esta clase de propuestas, que importa si son meseros o strippers, eso no da el derecho de hacer propuestas sugerentes que dañen nuestra integridad o nos falten al respeto.
—No me importa el dinero.
—¿No? Creí que esa fue la razón por la que nos dejaste —sus manos comienzan a juguetear con el cuello de mi camisa. —Dejar este lugar todo por pertenecer a ese mundo de apariencias. ¿Crees que es caro traje que usas podrá borrar lo que fuiste? —Uno de sus dedos comienza a delinear mi labio inferior; sin embargo, no tolero más y me aparto. —Siempre tan difícil Nowe, dime ¿por qué ninguna mujer ha podido atraparte?
—No es de tu incumbencia.
Tomo lo que restaba de mi ropa y me apresuro a salir de ahí.
—No olvides, cariño que la noche aún no termina —me detiene antes de que pudiera salir. —Debes cumplir nuestros trato si quieres que perdone la deuda de William.
Sin responderle, suelto un portazo detrás de mí. En tan solo unas horas más, me desharía de esa perra.