VI

1846 Words
Ivy Despierto sobresaltada cuando escucho el timbre de mi celular. Extiendo la mano hasta la mesita de noche intentando encontrar el endemoniado aparato para apagarlo y seguir durmiendo; sin embargo, no parece querer callarse. Con los ojos cerrados deslizo el icono de responder la llamada y llevo el teléfono hasta mi oreja para mandar al demonio a quien quiera que haya interrumpido mi preciado sueño. —Diga. —Respondo con la cara pegada a la almohada. —Veo que todavía no se ha levantado señorita West ¿acaso olvidó que su deber es llegar antes que yo para organizar mi agenda? —Me levanto de un salto al escuchar su fastidiosa voz. —Señor Moltoni. —Digo intentando disimular mi voz somnolienta. —Estaré en la oficina a las siete en punto y espero verla ahí antes de esa hora. Cuelga. Miro la hora y noto que son las cinco de la mañana. No puedo creer que el imbécil de Nowe se haya tomado en serio su papel de dictador, él es un maldito obsesionado con el trabajo que se ha empeñado en hacer mi vida miserable en menos de veinticuatro horas. Salgo rápidamente de la cama y tomo el primer conjunto que aparece frente a mí, una vez que estoy lista salgo de mi habitación dando pequeños saltitos mientras intento colocar uno de mis zapatos. —¿Qué haces despierta tan temprano? ¿Acaso es el fin del mundo? —Bromea Sara en cuanto me ve. —No, estoy para bromas —respondo mientras sigo luchando con el maldito zapato que se niega a cooperar. Cuando finalmente estoy lista, tomo mi bolso y mis llaves para salir rumbo a la oficina. —¡Te veo más tarde! —Grito mientras arrebato de las manos de Sara el café que acaba de preparar. —¡Oye! —Se queja, pero yo ya estoy afuera como para escuchar sus reclamos. Las calles de Chicago están repletas de autos a esta hora de la mañana y por si fuera poco, el clima no ha sido de ayuda dado que de acerca el invierno y las temperaturas son cada vez más bajas. No miento cuando digo que se me congela hasta la conciencia; me aferro a mi abrigo mientras espero el autobús, en estos momentos desearía no tener que ir a trabajar y ver al vampiro de mi jefe; sin embargo, hay algo que me detiene. Mi madre solía decirme una frase cada vez que no quería ir al trabajo. > Y tristemente era verdad. El autobús llega diez minutos más tarde; miro mi reloj y me percato de que estoy a tiempo, según el itinerario de Nowe, él suele llegar a las siete en punto así que tengo más de treinta minutos de sobra. Tomo asiento en un lugar cerca de la ventana e intento relajarme mientras me concentro en la vista y las calles de alrededor, cuando paso cerca de Grant Park noto que estoy más cerca de la oficina. No puedo creer que lograré llegar a tiempo. Me felicito mentalmente. Sonrío satisfecha de mis logros y le doy un sorbo al café que le he robado a Sara, hago una mueca cuando lo pruebo. Había olvidado que Sara tomaba café dietético además sin azúcar. Saco el celular de mi bolso cuando lo siento vibrar y mi cuerpo se tensa cuando leo el mensaje de mi teléfono. Jefe cretino. mi café, descafeinado y sin azúcar. No llegues tarde o de lo contrario estás despedida. N.M.>> —¡¿Qué?! —Digo en voz alta llamando la atención de los pasajeros. No puedo creer que me pida que vaya por su café cuando estoy a unos minutos de llegar. Examino la hora y calculo las probabilidades de conservar mi empleo o ser despedida, pero a como están las cosas lo más probable es que me eche de una patada. ¿Qué debo hacer? [...] —¡A un lado! —Grito mientras corro por los pasillos. Este día me he ganado una variedad de miradas que ni yo misma sabía que eran posibles de obtener en tan solo una mañana. Arrojo sobre mi escritorio mi abrigo y mi bolso; miro el reloj, tan solo faltan unos minutos para la llegada de Nowe, así que, inmediatamente me apresuro a alistar los documentos que necesitará el día de hoy. Cinco segundos. Puedo escuchar sus pasos resonar por los pasillos, mis manos se mueven con rapidez al mismo tiempo que extienden cada una de las carpetas por color sobre el escritorio. El tiempo se me acaba. —Buenos días señor Moltoni. —Saludo en cuanto él entra a la oficina. Él no me responde, tan solo camina hacia a mí y revisa el escritorio. Justo frente a él se encuentran cinco diferentes carpetas con diversos colores, cada uno preparado con los documentos para la reunión de hoy; Nowe examina cada carpeta intentando encontrar algún error, pero gracias a la suerte y a mis excelentes habilidades, él no dice nada. —¿Y mi café señorita West? —Cuestiona al no ver ningún vaso en mis manos. —Aquí está señor. —Le entrego el vaso que había dejado justo en el extremo izquierdo del escritorio. Lo acepta y le da el primer sorbo. —Parece que ha cumplido con su primera tarea señorita West. —Al escuchar sus palabras siento como si estuviera siendo elevada por los mismos ángeles. —Muchas gracias señor. —Por más que intento, no disimulo mi felicidad. —No es un cumplido —él deja el vaso a un lado y se dirige a su silla detrás del escritorio. —Tan solo es suerte de principiante, así que, le aconsejo que no celebre tan pronto señorita West. El día a penas comienza. Las puertas se cierran detrás de mi espalda y miro por el rabillo del ojo como el cretino de mi jefe bebe un nuevo sorbo de café mientras teclea algo en su computadora. Una sonrisa malévola se forma en mi rostro. ¿Seguirá siendo tan cretino cuando se entere que el café que está bebiendo en este preciso momento es el que bebí en el autobús y el vaso desechable lo tomé del bote de basura de la cafetería? Me dirijo a mi escritorio dispuesta a comenzar mis tareas del día cuando una figura femenina espera justo en frente; inmediatamente la reconozco, se trata de la mujer que vi el otro día en el ascensor. Ella se alisa su largo cabello rubio y para después mirar su maquillaje en un espejo compacto. —¿Puedo ayudarla? —Pregunto cuando me acerco. —¡Ya era hora! —Exclama con fastidio. —¿Sabes cuanto tiempo llevo esperando aquí? —¿Perdón? —Ella me examina de arriba a bajo. —Ah. Veo que eres la nueva secretaria de Nowe, eso lo explica todo. —Así es, soy la nueva secretaria del señor Moltoni —finjo una sonrisa ante su pedante arrogancia mientras leo el nombre que aparece en su gafete. Rosamund Kelly. —Pero aún no me ha dicho en que puedo ayudarle. —Asegúrate de entregarle esto a Nowe —ella muestra una carpeta de un color azul brillante, extiendo una mano para tomarla; sin embargo, ella arroja la carpeta sobre mi escritorio provocando que todas mis cosas caigan por todos lados. —Dile que se trata de la nueva propuesta para el cliente de la aerolínea. —Entendido. No puedo creer que todas las personas de este lugar sean tan prepotentes. Regreso a mi lugar y comienzo a ordenar lo que esa mujer con rostro de roca, acaba de desordenar. Puede que sea atractiva, pero puedo asegurar que su rostro ha pasado por más cirugías que Michael Jackson. Sigo ordenando mi escritorio hasta que veo que Nowe sale de su oficina totalmente apresurado. —Señorita West necesito que reorganice mi agenda. —Pide. —Mi antigua secretaria hizo un desastre, así que, necesito que todos mis compromisos estén reordenados ¿entendido? —Entendido señor. —Termino de escribir su petición en una libreta que acabo de tomar. —También quiero que muevas mi cita de las cuatro para mañana a primera hora ¿podrás hacerlo? —Asiento. —Bien —Nowe mira su reloj y inevitablemente también hago lo mismo. Jamás había visto un reloj igual a ese. —Tengo que reunirme con los directores de mercado, la reunión tardará por los menos dos horas así que estaré ausente, asegúrate de pasarme todos los recados y posponer cualquier llamada. Asiento, sin embargo, la carpeta color azul junto a mí me hace recordar a la mujer cara de roca. —Señor Moltoni —llamo. —La señorita Kelly ha dejado esto para usted. —Él toma la carpeta entre sus manos y comienza a leer su contenido. —Dijo que se trataba de una propuesta para el cliente de la aerolínea. Lo escucho maldecir. —Lo había olvidado por completo —Nowe cierra de golpe la carpeta y me la entrega. —Necesito que te encargues de enviarle un correo electrónico a nuestro cliente especificando que me reuniré con él la próxima semana. Después yo mismo me encargaré de llamarle. —Anotado. —Anuncio. —Usa mi cuenta. —Nowe me entrega el correo electrónico que supongo que se se trata del director ejecutivo y una vez dicho eso, se marcha. Abro mi computadora y comienzo a redactar un borrador del correo que enviaré al cliente, necesito revisar con cuidado cada letra y cada palabra, tal y como si el correo fuese escrito por Nowe Moltoni, una vez finalizado el borrador decido pasarme a la reorganización de la agenda. Esto va a ser más fácil de lo que creí. —Aquí estás Ivy. —Dice Nick cuando aparece frente a mí. —¿Qué sucede? —Te necesitamos —alzo una ceja sin entender a lo que se refiere y él parece notar mi confusión. —El departamento de desarrollo y diseño está ocupado con el pedido de uno de nuestros clientes más potenciales y no pueden cubrir todo el trabajo ellos solos. —¿Quieres decir que debo ir yo? —¿Quién más podría hacerlo? Tú eres el comodín —dice con obviedad. —Ese es tu trabajo. —Pero ahora no puedo —me excuso. —El señor Moltoni está en una reunión y debo atender el trabajo que me ha pedido. —Por favor Ivy —los ojos de Nick me miran suplicantes, no había notado lo bonitos que son estando tan cerca. —Mira esto como una oportunidad. Dijiste que querías trabajar en el departamento de desarrollo y diseño ¿no? —Sí, pero... —¿Qué dices? —Está bien, lo haré —Nick sonríe complacido. —¿Qué podría salir mal? Y ese fue mi primer error. Pensar que podría dejar para después el trabajo que me había impuesto el dictador de Nowe Moltoni.
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