Sasha estaba furiosa. La traición de Moira había sido demasiado para ella, y la ira se había apoderado de su ser. No podía soportar la presencia de esa joven en su casa un minuto más. Sin pensarlo dos veces, decidió que era hora de poner fin a esa relación tan tóxica e insana para su hija, Moira solo era una piedra de tropiezo en el camino de su hermosa hija Viveka. Ya no podía hacerse cargo por más tiempo de ella, era hora de que la estúpida humana velara por si mismo.
Moira, sorprendida por la reacción de Sasha, intentó disculparse y explicar sus acciones, pero sus palabras cayeron en oídos sordos. La mujer estaba tan enfurecida que no quería escuchar ninguna excusa. Sin darle tiempo para reaccionar, Sasha le gritó que se fuera de su casa, con solo lo puesto.
—¡Lárgate de mi casa, zorra inmunda y mal agradecida! —Grita furiosa Sasha quién le dió una brusca bofetada a la joven, dándole vuelta la cara y haciéndola caer por el impacto. —¡Si te vuelvo a ver una vez más por acá te mataré a golpes!
Moira, asustada y confundida, no se atrevió a desafiar a Sasha en ese momento. Sabía que había cruzado una línea y que no había vuelta atrás. Sin rechistar, recogió sus pertenencias más básicas y salió de la casa, con lágrimas en los ojos y el corazón roto. Sasha, por su parte, se sentía liberada y al mismo tiempo furiosa, ella solo había sido buena persona y esa mocosa solo se aprovechó. Había amado a los padres de Moira y los respetó, por eso decidió cuidarla, pero la traición había sido demasiado dolorosa. A pesar de su ira, no pudo evitar sentir un deje de tristeza por el destino que le deparaba a aquella muchacha.
La mujer cerró la puerta tras Moira y se dejó caer en el sofá, abrumada por la mezcla de emociones que la embargaban. Se preguntaba cómo había llegado a ese punto, cómo había permitido que alguien lastimara a su hija de esa manera. Viveka se acercó a su madre y ambas se abrazaron con fuerza. Viveka se sintió feliz, finalmente se había sacado a esa maldita humana de encima.
Moira caminaba sin rumbo por las calles, sintiéndose perdida y desamparada. La pérdida de sus padres la había dejado sin un lugar al que llamar hogar. No sabía qué hacer ni a dónde ir. La desesperación se apoderaba de su corazón. Finalmente, decidió sentarse en un parque cercano para intentar encontrar alguna alternativa. Se dejó caer en un banco, con la mirada perdida en el horizonte. Sus pensamientos eran un torbellino de confusión y tristeza.
De repente, un hombre de aspecto misterioso se sentó a su lado. Moira lo miró de reojo y quedó cautivada por su presencia. Tenía unos treinta y dos años, una piel pálida, ojos rojizos y cabello oscuro y revuelto. Vestía elegantemente, lo que contrastaba con el ambiente del parque.
El hombre la miró fijamente, como si pudiera leer sus pensamientos más profundos. Moira sintió un extraño magnetismo hacia él, como si estuviera conectada de alguna manera inexplicable. Aunque su apariencia era intrigante, no podía evitar sentir una extraña sensación de familiaridad. El hombre sonrió, revelando unos dientes perfectamente blancos. Moira se sintió atraída por esa sonrisa, pero también sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía quién era ese hombre ni qué quería de ella, pero algo en su interior le decía que debía tener cuidado.
—¿Estás perdida, joven? —Preguntó el hombre con una voz suave pero llena de misterio.
Moira asintió, sin saber que decir realmente o si debía confiar en él o no. —Sí, estoy pasando por un momento difícil. Mis padres murieron y no tengo a dónde ir. —Respondió con voz temblorosa y agachó la mirada. Sabía que no debía confiar en un extraño, sin embargo necesitaba hablar con alguien y desahogarse.
Cristopher asintió sorpresivamente, sintiendo una intensa angustia al ver el dolor por el cual su amada estaba atravesando. —Lamento escuchar eso, señorita. Pero no se preocupe, sé que no me conoce, pero estoy aquí para ayudarle, por cierto ¿cuál es su nombre? —dijo con una sonrisa Enigmática.
Moira se sintió intrigada por sus palabras, pero también cautelosa. No sabía quién era este hombre ni cómo podía ayudarla. Sin embargo, algo en su interior le decía que debía escucharlo.
—Me llamo Moira, Moira Crimson...¿Quién eres? ¿Por qué deseas ayudarme sin conocerme? —Preguntó la chica con curiosidad y cierta aprehensión.
El hombre se inclinó ligeramente hacia ella y respondió en un tono suave pero lleno de emoción. —Soy alguien que ha estado esperando encontrarte, Moira. Eres la reencarnación de alguien muy especial para mí... —Sus labios se curvaron en una leve mueca de sonrisa.
Moira quedó atónita. No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo podía ser ella la reencarnación de alguien? La confusión y la intriga se mezclaban en su mente. El hombre continuó mirándola fijamente a los ojos y ella se sintió extraña en su presencia, necesitaba alejarse de él lo antes posible, de seguro se trataba de algún demente, o en el peor de los casos, un degenerado.
—Será mejor que me vaya, fue un placer conocerlo Cristopher... —Se puso rápidamente se pie y agachó la cabeza, no deseaba mirar esos ojos, ojos que le transmitían una mezcla letal de emociones.
—Lamento si te asusté... Solo bromeaba Moira, buscaba alegrar un poco tu mañana. —De su bolsillo extrajo una tarjeta de presentación y se la entregó a la chica. —Soy neurocirujano y profesor de universidad, si necesitas ayuda en algo no dudes en llamar. —Le guiña un ojo para luego alejarse a pasos apresurados del parque. En ese momento él se sintió abatido por no poder ayudar a su amada, los dioses como castigo le obligaron a no interferir en absolutamente nada, solo le permitirían estar juntos si ella volvía a él pese a todo. Debería de tener paciencia.
Moira se quedó paralizada en medio del parque, sosteniendo la tarjeta de presentación que el extraño hombre le había entregado minutos antes. Observó el papel con detenimiento, sintiendo que había algo más detrás de ese encuentro. Tomó la tarjeta como una señal divina, una oportunidad que no podía dejar pasar.
Decidió seguir su instinto y visitar al señor Sergei Smirnov, líder de la manada "Luz de Luna". Sabía que era un paso arriesgado, pero sentía que su vida estaba tomando un rumbo inesperado y que debía confiar en las señales que el universo le estaba enviando. Llegó a la sede de la manada con el corazón latiendo rápidamente. La secretaria del señor Smirnov la recibió con frialdad y desdén, prácticamente sacándola a patadas. Moira se sintió desanimada y humillada, pero no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Necesitaba un lugar donde pasar la noche, afuera comenzaba a helar y ella andaba en pijama.
—El señor Smirnov no atiende a humanos, solo está para solucionar los problemas de su manada. —Dijo la mujer con frialdad.
—Señorita, solo será un momento. Le ruego me dé una oportunidad. —La voz se le quebró y sus ojos verdes se empañaron con las lágrimas que amenazaban con salir.
—¡Te dije que no, zorra estúpida! Ahora lárgate o de lo contrario te arrojare mi café caliente en la cara. —La mujer le dedicó una sonrisa perversa.
Justo en ese momento, Viktor Smirnov, hijo del líder y sucesor del puesto, apareció en escena. Al ver cómo trataban a Moira, su rostro se llenó de indignación. No podía ser indiferente a la chica, no después de que la noche anterior se habían besado sobre el capó de su auto y él había sentido una conexión tan intensa.
—¿Qué está pasando aquí? —Preguntó Viktor con voz firme, mirando a la secretaria con una mirada desafiante.
La secretaria se puso nerviosa ante la presencia de Viktor y balbuceó una disculpa. Moira, sorprendida por la intervención de Viktor, lo miró con gratitud y asombro. No esperaba que él se involucrara en su situación, pero estaba agradecida de que lo hiciera.
Viktor se acercó a Moira con una sonrisa cálida y le tendió la mano. —Lamento mucho cómo te han tratado, Moira. No corresponde que nadie, absolutamente nadie te falte el respectos. Eres m*****o de nuestra manada por que vives dentro de ella desde hace años. Por favor, acompáñame, —dijo con amabilidad.
Moira tomó su mano, sintiendo una corriente eléctrica recorrer su cuerpo. La conexión que habían sentido la noche anterior se intensificaba en ese momento. No podía evitar sentirse atraída hacia él, hacia su fuerza y determinación. Viktor la condujo a través de los pasillos de la sede de la manada, ignorando las miradas curiosas de los demás. Moira se sentía abrumada por la situación, pero también emocionada por lo que estaba por venir.
Finalmente, llegaron a la oficina de Sergei Smirnov. El líder de la manada los recibió con una mirada seria pero curiosa. ¿Qué hacía su hijo con aquella humana? Arqueó una de sus cejas y los observó a ambos con fiereza. —¿Qué haces aquí, niña? —Su tono de voz gélido le heló la sangre a la joven.
—La señora Sasha me corrió de su casa con lo puesto, no tengo ahorros ni familia, no se a dónde ir... —Agachó la cabeza completamente avergonzada. —Quería pedirle ayuda, necesito un empleo con urgencia y un sitio donde pasar la noche. Soy muy inteligente y puedo adaptarme a cualquier empleo...
—Comprendo... ¿Pero por qué te corrió Sasha de su casa? —El hombre inclinó su torso hacia adelante mostrándose amenazante.
Antes de que Moira respondiera alguna palabra Viktor intervino. —Es mi culpa padre, anoche cuando fuimos al baile Luka se comportó muy grosero con Moira, la mando sola a casa, me preocupe, como futuro líder debo velar por la seguridad de la manada, así que dejé a Viveka con mi hermano y lleve a Moira a casa. Estaba tan cansado que me vine a casa y no fui por Viveka, está enojada por eso y conociéndola como lo hago tiene que haber culpado a Moira de que yo no regresará. —Mientras habló, miró fijamente su padre a los ojos.
—Esta bien Moira, tengo el trabajo adecuado para ti. —Suavizó su expresión y le dedicó una calidad sonrisa a la más joven. —Lorena ya es una loba vieja y le daré descanso indefinido con todo pago, mientras tanto tú te encargarás de ayudar con los quehaceres de la mansión Smirnov y a cambio tendrás un sueldo fijo todo los meses, además de prestaciones médicas. ¿Qué opinas?
—¡Claro que sí, señor Smirnov! Se cómo cuidar de una casa y prometo no desilusionarlo. —Le tiende su delicadamente con la finalidad de que ambos estrechen sus manos.
El hombre la dejó con la mano estirada, él no estrecharía la mano de una humana. Su manada tenía creencias muy arraigadas y una de ellas era no mezclarse con humanos, ellos eran una r**a superior y no podían contaminarse con seres tan débiles. Sergei le hizo una seña a Viktor para que se llevara a la chica, señal que el alfa inmediatamente acató.
—Vamos Moira, te llevaré a casa. —Dice con amabilidad. Ella simplemente se despide del líder con una breve reverencia y abandona la oficina en compañía del otro alfa.
Viktor condujo a Moira en su Jeep hasta su imponente mansión. El viaje fue silencioso, ambos sumidos en sus propios pensamientos. Moira se sentía abrumada por la situación, pero también intrigada por lo que le esperaba en ese lugar. Mientras que Viktor trataba de entender a su padre, ¿qué planeaba al darle trabajo a la chica dentro de la mansión?
Al llegar, Moira quedó impresionada por la majestuosidad de la mansión. Era imponente y lujosa, pero también emanaba una sensación de misterio y poder. Sin embargo, a medida que se adentraba en la mansión, una sensación de incomodidad comenzó a apoderarse de ella. Pronto se dio cuenta de que ella sería la única humana en medio de un personal compuesto por licántropos. La idea de ser una sirvienta en esa mansión, rodeada de seres sobrenaturales, le resultaba denigrante y preocupante. No quería ser vista como una simple empleada, sino como alguien valioso y respetado, pero sabía perfectamente que los días dentro de la mansión Smirnov no serían nada de fáciles para ella.
Viktor, al notar la preocupación en el rostro de Moira, se detuvo y la miró con ternura. —Moira, entiendo tus preocupaciones. Pero debes saber que aquí serás tratada con respeto y dignidad. Eres especial, y quiero que te sientas parte de esta familia, —dijo con sinceridad y el corazón de Moira se disparó hasta las nubes. Sentía que a cada instante que pasaba lo amaba un poco más si es que era posible.
Moira asintió, agradecida por las palabras reconfortantes de Viktor. Aunque aún tenía dudas, decidió confiar en él y darle una oportunidad a esta nueva etapa de su vida. A medida que Moira comenzó a conocer al personal de la mansión, se dio cuenta de que eran licántropos con habilidades y características únicas. Eran fuertes, leales y trabajaban en armonía para mantener la mansión en perfecto orden. Aunque al principio se sintió intimidada, pronto se dio cuenta de que eran una familia unida y aunque no la aceptarían como parte de ella, al menos, fueron cordiales. Aunque lo que la joven desconocía, era que solo fueron cordiales en presencia de su futuro líder, a solas, la situación sería totalmente diferente.