Viktor se siente irresistiblemente atraído por Moira mientras ambos están sentados sobre el capó del auto, disfrutando de la belleza del cielo estrellado. Sus ojos se posan en ella, admirando su apariencia frágil pero atractiva y notando lo atractiva que luce que aquel vestido rosa, color que nunca antes le había visto lucir, siempre vestía de n***o o gris. Con cada detalle que observa, su fascinación crece aún más.
La corta melena oscura de Moira enmarca su rostro, destacando su delicadeza y misterio. Su piel blanca y suave parece irradiar una belleza etérea, mientras que sus ojos verdes brillan con una intensidad cautivadora. Es como si Moira fuera una obra de arte, imposible de ignorar.
A pesar de estar en una relación comprometida, Viktor no puede evitar sentir una conexión magnética hacia Moira. Él se ve atraído hacia ella de una manera que no puede explicar, como si fueran dos polos opuestos de un imán, inexorablemente unidos. Aunque lucha con estos sentimientos prohibidos, la hermosura de Moira sigue ejerciendo un poderoso influjo sobre él, haciéndolo cuestionar sus propias emociones y lealtades.
Cuando Moira está junto a Viktor, su corazón comienza a latir con una fuerza desbordante. Puede sentir cada latido resonando en su pecho, como si estuviera tocando una melodía de emociones vibrantes. Sus extremidades tiemblan ligeramente por los nervios y la ansiedad que despierta su presencia. Esta completamente perdida y lo sabe...
Cada momento que pasa junto a Viktor, la ilusión en Moira crece de manera exponencial. Cada mirada, cada sonrisa compartida, cada palabra intercambiada alimenta su esperanza y su entusiasmo. Cada segundo a su lado se convierte en un tesoro valioso que atesora en su memoria. Cada segundo a su lado calma las heridas de su maltrecho corazón y sabe que no debe ilusionarse, saldrá lastimada, algo en su interior se lo dice. Pero en ese momento apaga todas las alarmas de su mente y se entrega al grato momento.
Moira ama profundamente a Viktor, lo ama tanto que duele, su corazón se desborda de sentimientos intensos por él. Sueña despierta con la posibilidad de una oportunidad real para estar a su lado. Anhela construir una historia de amor compartida con él, llena de complicidad, pasión y felicidad, dejando de lado el echo de que él es un hombre lobo, un poderoso alfa que pronto liderará toda una manada y ella, una simple humana a la que todos los miembros de la manada odian.
El ambiente romántico y la magia del momento envuelven a Viktor y Moira en una burbuja de intimidad. Viktor posa sus grandes manos sobre las suaves mejillas de Moira, acariciándolas con ternura mientras se miran el uno al otro, ella se estremece ante el suave tacto. Moira, sin apartarse, permite que sus manos la acunen suavemente, dejando claro que también está entregada a ese instante, exhalando un suave suspiro a través de sus labios temblorosos.
Movido por esa señal positiva, Viktor se acercó lentamente a los labios de Moira. La tensión y la emoción se hacen palpables en el aire. Con una ternura absoluta, sus labios se encuentran en un beso cargado de deseo y cariño compartido. En ese momento, el mundo exterior desaparece y solo existe la conexión íntima entre Viktor y Moira, uniendo sus corazones en un delicado y apasionado instante.
En ese beso, se materializa la chispa que ha estado creciendo entre ellos, alimentada por la atracción, la ilusión y el amor que han experimentado. Es un momento mágico y trascendental, donde se funden en una unión absoluta y todo es magia a su alrededor.
Viktor y Moira se separan lentamente, respirando todavía el aliento del otro. En un gesto cargado de devoción y ternura, Viktor acaricia suavemente el rostro de Moira. Ella se sumerge en su mirada ámbar, perdiéndose en el profundo vínculo que los une, ese vínculo invisible que la diosa de la luna estableció sin que ellos lo sepan, mientras que a lo lejos, un triste Cristopher Koch siente un intenso dolor en el centro de su pecho. En ese momento, entiende que su amada está generando un lazo con alguien más, su corazón ya no late, aunque es tal la desolación que lo azota que por un instante que lo cree oír latir. Aunque el universo esté en su contra buscará a su amada Moreira y la amara aunque tenga otra cara y otro nombre, después de todo la esencia es la misma.
—Viktor... —Moira susurró bajito mientras su mejillas adquirían un fuerte carmín.
Viktor y Moira, consumidos por una ardiente pasión, se entregan a un beso profundamente apasionado, donde la intensidad del deseo se hace palpable. Sus labios se unen en un torbellino de emociones, explorando cada rincón de sus bocas con fervor y anhelo.
En medio de aquel beso embriagador, Viktor siente la necesidad de intensificar aún más la conexión con Moira. Con manos firmes pero delicadas, desliza sus dedos por el rostro de ella, acariciando con devoción cada uno de sus rasgos. El suave contacto de sus caricias transmite ternura y hace que Moira se sienta amada y deseada en igual medida.
El roce de los labios se vuelve más apasionado y frenético, mientras Viktor, dejándose llevar por la excitación del momento, guía suavemente a Moira para recostarla sobre el capó del automóvil. La superficie fría contrasta con el fuego interior que arde entre ellos, creando una sensación de profunda conexión y entrega.
En esta posición, sus cuerpos entrelazados y sus corazones latiendo al unísono, Viktor y Moira se permiten perderse en el éxtasis del deseo, deleitándose en cada respiración entrecortada y cada gemido de placer. Aquel instante en el capó del auto se convierte en un punto de convergencia de emociones y sensaciones que les hacen sentir que el mundo se detiene, dejando únicamente espacio para su amor y pasión desenfrenada.
—Dime cuando debo parar, Moira... —Susurró sobre sus labios mientras una de sus manos recorría el suave muslo de la joven.
—Creo que el momento de parar es ahora... —Jadea bajito separando ligeramente sus piernas, deseando sentir el tacto de Viktor mucho más allá.
—¿Estás segura? —Su mano presiona suavemente el muslo de la chica.
—Lo estoy, no es el lugar ni el momento... Yo soy virgen, nunca he estado con ningún hombre de este modo y no deseo perder mi virginidad con alguien que tiene pareja... —Lo último sale en un débil susurro.
—Tienes razón, Moira... Lamento el dejarme llevar de esta manera. —Apartó rápidamente su mano del suave y tibio muslo de la chica para luego incorporarse y bajar del capó del automóvil. —te llevaré a casa, vamos, te ayudo a bajar.
Moira, con la bruma del deseo aún en sus labios, toma la mano extendida de Viktor. Él, sintiendo la necesidad de cuidarla y protegerla, la ayuda a bajar del capó del automóvil con gentileza. Juntos emprenden el camino de regreso a casa, sin saber que el peso del pasado y los remordimientos acechan en las mentes de ambos.
Mientras caminan, Viktor no puede evitar que los pensamientos de su novia, Viveka, lo invadan. Un sentimiento de culpa lo embarga por la traición cometida, sintiéndose dividido entre el amor que una vez tuvo por ella y la pasión arrebatadora que ha despertado Moira en él. Las dudas y las incertidumbres se entrelazan en su mente, generando un torbellino de emociones confusas.
Por otro lado, Moira se encuentra en un estado de ensueño, flotando en una nube de éxtasis provocado por los besos compartidos con Viktor. La intensidad y la conexión que han experimentado parecen envolverla en una burbuja de felicidad momentánea, haciendo que la realidad quede momentáneamente en suspenso.
Sin embargo, al igual que Viktor, Moira también carga consigo sus propios pensamientos y cuestionamientos. Aunque se siente atraída y fascinada por la pasión desatada entre ellos, el remordimiento por haberse involucrado en una situación que podría tener consecuencias devastadoras también se hace presente en su mente.
En ese camino hacia casa, ambos transitan por un terreno lleno de emociones encontradas, sin saber cómo enfrentar las decisiones que los esperan más adelante. El amor, la culpa y la incertidumbre se mezclan en una danza intrincada, y solo el tiempo revelará las direcciones que tomarán sus corazones.
Viktor, afligido por las emociones encontradas que lo agobian, finalmente llega con Moira a su casa y la despide con un gesto cargado de ambigüedad. Sin embargo, en su mente, el pensamiento de su novia Viveka sigue siendo eclipsado por las sensaciones que compartió con Moira momentos antes.
Sumido en una confusión abrumadora, Viktor sube a su automóvil y parte hacia su hogar, sin percatarse de que ha olvidado completamente a Viveka, quien todavía espera ansiosa en la discoteca. Sus pensamientos turbios y enredados no le permiten recordar sus responsabilidades y compromisos previos.
Mientras el motor del auto ruge, Viktor se adentra en sus pensamientos, atrapado en el dilema moral de su situación. El peso de su traición a Viveka se hace latente, pero la pasión desenfrenada que ha descubierto con Moira lo tienta a explorar nuevos territorios emocionales. Las dudas y la culpa se entrelazan en su ser, y la confusión consume cada fibra de su ser.
Sin darse cuenta de las consecuencias de sus acciones, Viktor sigue su camino, sin saber que el olvido de Viveka generará heridas profundas en su relación. A medida que los kilómetros se desvanecen bajo sus ruedas, las decisiones que ha tomado y su incapacidad para enfrentar las consecuencias se convierten en una nube oscura que lo acompaña en su solitario viaje a casa.
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Cristopher Koch, condenado a una eternidad como vampiro debido a la maldición de la diosa de la luna, deambula por las calles desoladas desesperadamente buscando la reencarnación de Moreira, su amor perdido. A pesar de saber que está condenado a estar separado de ella, no puede evitar seguir su instinto y persistir en su búsqueda a través de los siglos.
Un sombrío rincón de la ciudad se convierte en su enclave de observación. Desde allí, Cristopher presencia cómo la figura que una vez fue Moreira se despide de un joven. Sin embargo, su agudo sentido vampírico percibe de inmediato que aquel hombre es un licántropo, lo que despierta una profunda repulsión en su interior. La vieja enemistad entre vampiros y licántropos se despierta en su mente y su corazón.
Espera en la sombra a que el hombre lobo se aleje en su automóvil antes de acercarse a Moreira. A través de la distancia, Cristopher la observa con intensidad, esperando el momento preciso para hacer acto de presencia y revelarse ante ella. Existe una mezcla de anhelo, tristeza y desesperación en su ser, sabiendo que nunca podrán estar juntos debido a su condición de vampiro.
El eterno conflicto entre el amor y la maldición encarnado en Cristopher lo lleva a dudar sobre si realmente debe revelarse y enfrentar las consecuencias de su encuentro con Moreira. Pero la llamada de su corazón es demasiado fuerte y la necesidad de verla, aunque sea desde lejos, lo impulsa a continuar persiguiendo su destino en la sombra de la noche.
Moira, perturbada por la sensación inquietante de ser observada, siente cómo su corazón late aceleradamente en su pecho, sin entender completamente la causa. Incapaz de ver con claridad lo que se oculta en la oscuridad, solo alcanza a distinguir una sombra negra que desaparece precipitadamente ante sus ojos.
Con las manos temblorosas, Moira decide no quedarse ahí y abre rápidamente la puerta, adentrándose apresuradamente en la casa. Corriendo por las escaleras, busca refugio en el pequeño ático que le han asignado como habitación. La calma se vuelve ilusoria, pues el asedio de la incertidumbre sigue latente en su mente.
En el ático, rodeada de recuerdos y sombras, Moira se siente segura por un momento. Trata de calmar su respiración agitada y recupera la compostura, intentando comprender lo que acaba de suceder. La duda se cierne sobre ella mientras reflexiona sobre quién o qué podría haberla estado observando, y por qué provocó ese escalofrío en su ser.
A medida que los segundos pasan, la inquietud persiste en su interior, dejándola con una sensación de vulnerabilidad. La incógnita de la sombra fugaz y la incertidumbre sobre su propia seguridad la instan a permanecer alerta, sin saber qué le deparará el futuro y si deberá enfrentar la verdad oculta que se oculta en las sombras de su vida.