—¿Hacia dónde te llevo? —le preguntó Lorena a Eiron. Manejaba sin saber bien hacia dónde ir. No conocía esa isla, y le daba temor perderse y llegar aun lugar inseguro —Déjame aquí —le dijo tosco—. Bájate y verte sola, qué se yo si eres complice de la maldita mujer esa. —¿Cómo se te ocurre decirme eso? y ¿cómo crees? ¿cómplice de qué? ni Altair ni yo sabíamos quién eras, yo menos, apenas los conozco a ti y a ella —intentó explicarle. —Dime en qué dirección agarro para llevarte hasta tu casa, no estás bien para andar por ahí solo —le dijo Lorena preocupada. —Puedo perfectamente manejar, no soy un inútil —le dijo bruscamente. Detente —le ordenó. —Me tendrás que matar, pero aquí no me voy a quedar sola, no conozco a nadie aquí, arriesgué mi vida para defenderte y así era como pretendes

