Daniel Mackenzie:
La noche se me hizo eterna, una tortura que parecía diseñada para recordarme el control que Valeria tenía sobre mí, incluso sin intentarlo. Tenerla en la habitación contigua, tan cerca y a la vez tan lejana, era una prueba constante de mi autocontrol. Al cerrar los ojos, los recuerdos de aquella noche que compartimos se infiltraban en mi mente como un veneno dulce y ardiente. Pude sentir de nuevo su cuerpo junto al mío, el calor de su piel, su respiración entrecortada. Mi cuerpo reaccionaba de una forma que me avergonzaba y no había agua fría suficiente para calmar el deseo que despertaba en mí.
A las seis de la mañana decidí rendirme ante el insomnio y me levanté. Me di una ducha larga, tratando de enfocar mi mente en lo que venía. Hoy sería el primer enfrentamiento con Olivia, necesitaba estar en mi mejor forma. Elegí uno de mis mejores trajes, un azul oscuro perfectamente cortado que resaltaba mi porte. Mirándome en el espejo, ajusté el nudo de la corbata y respiré hondo. “Concéntrate, Daniel”, me dije. “Esto no es solo por ti, es por James”.
Salí de mi suite a las ocho, listo para desayunar junto a Valeria antes de ir al juzgado. Pero nada me preparó para el impacto de verla allí, esperándome en el pasillo. Llevaba un vestido rojo hasta la rodilla, elegante y sofisticado, con ese aire de autoridad que parecía emanar de cada movimiento suyo. Su cabello caía en ondas perfectas sobre sus hombros, con su típica mirada fría, profesional, era un recordatorio de la distancia que ella misma había impuesto entre nosotros.
—Buenos días, señor Mackenzie —saludó, su tono seco y controlado, como si aquella noche nunca hubiera ocurrido, obedeciendo a mi petición de olvidarlo todo.
—Valeria —respondí, intentando mantener la compostura.
Mientras bajábamos juntos al restaurante, pude sentir el muro invisible que había colocado entre nosotros. Era casi tangible, una barrera de profesionalismo que yo mismo había causado con mi estupidez aquella mañana después de nuestra noche juntos. No podía culparla, pero eso no hacía que fuera más fácil de soportar.
Nos sentamos en una mesa cerca de la ventana, el desayuno transcurrió en un silencio tenso, roto únicamente por la suave música de fondo y el ocasional sonido de las tazas de café al posarse en los platillos. Fue Valeria quien finalmente rompió el hielo, aunque lo hizo con la misma precisión calculada que usaba en los tribunales.
—¿Y ya conociste a tu hijo? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y frialdad en su tono.
Negué con la cabeza, dejando mi taza de café a un lado.
—Todavía no. Bruce y yo acordamos que primero debía ganar esta pelea legal antes de presentarme ante James. No quiero que sufra una confusión emocional hasta que todo esté claro.
Ella asintió levemente, solo por un instante creí ver un destello de humanidad en su mirada, aunque desapareció tan rápido como llegó.
—¿Lo has visto, aunque sea en fotos?
—Sí —respondí, sintiendo una leve sonrisa curvar mis labios. —Es hermoso. Tiene mis ojos, ¿sabes? Me recuerda a mí cuando era un niño. Pero él ha tenido algo que yo no tuve: un padre que se preocupó por él. Bruce, a pesar de todo, ha sido un buen hombre para James, eso es algo que siempre le agradeceré.
Por un momento, Valeria dejó su profesionalismo a un lado y simplemente me escuchó. Aproveché la oportunidad para abrirme un poco más.
—¿Sabes lo difícil que ha sido mi vida? Perder a Karla… fue como si me arrancaran una parte de mí mismo. Me quedé completamente solo, sin nadie. Pero ahora… un hijo, Valeria. Un hijo es una esperanza, una luz. Siento que ya lo amo, incluso sin haberlo abrazado.
Ella permaneció en silencio, pero pude ver que mis palabras habían dejado una huella en ella. Asintió, con una leve suavidad en sus ojos que no había visto en mucho tiempo.
A las diez en punto llegamos al juzgado, ambos impecables y seguros. Al entrar, las miradas se posaron sobre nosotros. Valeria, en su impecable vestido rojo, caminaba como una diosa de la justicia, a su lado estaba yo, me aseguré de que mi porte fuera tan imponente como el suyo. Pero entonces, la vi, vi a Olivia.
Hacía años que no la veía, pero ahí estaba, de pie junto a su abogado. Su melena rubia que ahora era corta a la altura de sus hombros, su porte era exactamente como la recordaba, sus ojos, aquellos ojos que me cautivaron la primera noche que la conocí, se cruzaron con los míos. Pude ver la sorpresa en su rostro, la forma en que su mirada me recorrió, evaluando los cambios que el tiempo había hecho en mí. Se acercó poco a poco, colocándose frente a mí.
—Tú… un don nadie —dijo finalmente, con una risa amarga. —¿Te atreves a querer la custodia de un hijo? ¿Qué piensas, que James es tuyo solo por una prueba de ADN?
La ira hervía en mi interior, pero me obligué a mantener la calma. La miré con frialdad, dejando que mi voz reflejara la seguridad que sentía.
—Claro que es mi hijo. Y sí, Olivia, ya hice las pruebas de ADN. Quiero a James y lo quiero lejos de ti. Todavía no olvido el desprecio con el que me trataste, pero ahora tengo algo que tú nunca imaginaste que tendría: dinero, poder, tiempo y todas las armas necesarias para ganarte esta batalla.
Olivia se rió de nuevo, pero esta vez su risa temblaba ligeramente, se podía ver la batalla interna que lidiaba, esa en la que no podía creer cada palabra que mencioné.
—¿De dónde sacaste todo eso? —preguntó, intentando mantener su compostura.
Fue entonces cuando Valeria intervino, su voz cortante tan afilada como un bisturí.
—Señora Fraser, mi cliente, el señor Daniel Mackenzie, es uno de los magnates petroleros más importantes de Texas. Tal vez debería haberse informado antes de subestimarlo.
El rostro de Olivia perdió color, puedo jurar que por un momento, el silencio en la sala fue casi absoluto.
El juez comenzó la audiencia, escuchando los argumentos iniciales. Valeria presentó las pruebas de ADN y testimonios que cuestionaban la capacidad de Olivia como madre. Aunque el juez parecía receptivo, dejó claro que también necesitaba pruebas de que yo podía ofrecerle a James un entorno estable.
—El señor Mackenzie ha pasado años lidiando con la pérdida de su esposa y reconstruyendo su vida —dijo Valeria, con una firmeza que llenó la sala. —Aunque es viudo, tiene los recursos, la estabilidad emocional y el deseo genuino de criar a su hijo por sí mismo. La ausencia de una pareja no lo hace menos capaz, sino más fuerte.— expresó con tanto profesionalismo que me hizo sentir orgullo por la mujer que es.
El juez asintió, aunque solicitó tres días más para reunir pruebas adicionales, pude ver que la balanza comenzaba a inclinarse a mi favor.
Al salir de la sala, Olivia se me acercó con una sonrisa coqueta.
—¿Sabes, Daniel? Siempre me gustaste más de lo que admití. Quizás… podríamos hablar de esto en privado.
Me reí, pero no fue una risa amable. Fue una risa llena de incredulidad.
—Olivia, alguna vez fui ingenuo y caí en tus juegos, pero eso quedó en el pasado. Ahora lo único que quiero de ti es a James. Y créeme, lo conseguiré.— dije firmes en mi decisión.
La expresión de Olivia se endureció, pero antes de que pudiera responder, Valeria apareció a mi lado, su presencia tan imponente como siempre. Juntos dejamos a Olivia atrás, sabiendo que la verdadera batalla apenas comenzaba.
Salir del juzgado con Valeria al lado era como caminar con una armadura impenetrable. Ella no solo era brillante en su profesión, sino que también sabía exactamente cómo manejar cada situación con una confianza que me dejaba asombrado.
—Para ser el primer enfrentamiento, nos fue bastante bien, Daniel —dijo, mientras se ajustaba el maletín en el hombro y sus ojos me estudiaban con esa mezcla de autoridad y seguridad. —Esto terminará en tres días, pero necesitamos un testimonio sólido. Tenemos que pedirle al señor Lancaster que confirme, ante el juez, lo ineficiente que Olivia ha sido como madre.
Asentí, sus palabras eran lógicas y directas, pero lo que más me sorprendía era su compromiso.
—Valeria, no sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí. —Mi voz sonaba más sincera de lo que había planeado, pero no podía evitarlo. Ella estaba luchando por mí de una forma que nadie más había hecho antes.
Sus labios se curvaron en una sonrisa leve, pero su mirada seguía siendo profesional, como siempre.
—Es mi trabajo, Daniel. Y me gusta ganar.— nuevamente su fría actitud caló en lo más profundo de mi corazón.
Cuando salimos del edificio, el sol estaba en su punto más alto, ya era más de mediodía. Me detuve un momento, observándola. El viento movía suavemente su cabello, su presencia era tan imponente como siempre.
—¿Qué te parece si vamos a almorzar? —pregunté, intentando aliviar un poco la tensión que nos había acompañado toda la mañana.
Ella dudó un momento, pero finalmente asintió.
—Está bien. Pero nada extravagante. Tenemos mucho que discutir.
Elegí un restaurante elegante, pero discreto, un lugar donde pudiéramos hablar sin interrupciones. Al sentarnos frente a frente, Valeria continuó con su actitud profesional, concentrada en los detalles del caso.
—Necesitamos que Bruce se presente como testigo clave. Sus declaraciones pueden ser decisivas para mostrarle al juez el verdadero carácter de Olivia. —Hablaba mientras revisaba algunas notas en su tablet, ignorando por completo la tensión que yo sentía en el aire.
—Bruce ya me confirmó que estará aquí en poco tiempo—respondí, tratando de mantenerme al mismo nivel de concentración que ella. —Incluso mencionó que su abogado también vendría.
Justo cuando terminaba de hablar, Bruce apareció. Me levanté para saludarlo, junto a él estaba un hombre joven, elegante, de cabello oscuro y porte seguro.
—Daniel, es un placer verte de nuevo —dijo Bruce, estrechándome la mano. —Te presento a mi abogado, Alistair Kingsley.
—Mucho gusto, señor Mackenzie —saludó Alistair, con una sonrisa que parecía calculada.
Giré hacia Valeria, quien se puso de pie con la misma elegancia que siempre la caracterizaba.
—Valeria Smith —se presentó, extendiendo su mano.
—Un placer conocerla, señorita Smith —respondió Alistair, manteniendo su mano un poco más de lo necesario y mirándola con un interés que me hizo apretar la mandíbula.
Nos sentamos nuevamente, aunque la conversación giró en torno al caso, no podía evitar notar cómo Alistair aprovechaba cada oportunidad para dirigir comentarios hacia Valeria. Ella, por supuesto, respondía con su acostumbrada frialdad, pero no podía negar que había algo en la forma en que él la miraba que me molestaba profundamente.
—El divorcio de Bruce se firmará esta tarde —dijo Alistair, con una sonrisa ligera. —Olivia ha caído en su propia trampa. Encontramos pruebas suficientes de su infidelidad.
—No me sorprende —intervine, cruzando los brazos
.— Esa mujer siempre fue experta en manipular y jugar con los demás.
Bruce asintió, con una expresión amarga.
—Lo importante es que esto nos dará una ventaja en el juicio. Con estas pruebas, Olivia quedará completamente desacreditada.
A pesar de lo importante que era esa conversación, mi mente seguía enfocada en la interacción entre Alistair y Valeria. Sus risas discretas, las miradas casuales. Una ola de celos me envolvía, tan intensa que apenas podía concentrarme.
Cuando terminamos de almorzar,Bruce y Alistair se despidieron, Valeria y yo nos quedamos solos por un momento. No pude evitarlo. Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas.
—¿Te gustó ese abogado? —pregunté, con un tono que intenté hacer parecer casual, pero que estaba cargado de celos.
Ella arqueó una ceja, sorprendida, pero no dejó de sonreír.
—¿Disculpa? —preguntó, como si no hubiera escuchado bien.
—Ya sabes, Alistair. Es joven, exitoso, parece tu tipo. —Las palabras me quemaban en la garganta, pero no podía detenerme.
Valeria se echó a reír, una risa suave pero cargada de ironía.
—Oh, Daniel, ¿celoso? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia mí, como si quisiera asegurarse de que sintiera el impacto de sus palabras. —No tengo tiempo para hombres que solo valoran algo después de perderlo.
Su comentario fue como un golpe directo a mi orgullo. No supe qué responder. Me quedé en silencio, sintiendo cómo una mezcla de frustración y arrepentimiento se acumulaba en mi pecho.
Ella se levantó, recogiendo su maletín con elegancia.
—Nos vemos en el hotel, señor Mackenzie. Tengo trabajo que hacer.
La observé alejarse, su figura desapareciendo entre las mesas del restaurante. Me quedé allí, solo, con mis pensamientos. ¿Cómo había llegado a este punto? ¿Por qué me era tan difícil simplemente decirle lo que sentía?
Caminé por las calles por un rato, tratando de despejar mi mente. Pero la verdad era ineludible: Valeria me volvía loco. Y lo peor de todo es que sabía que ella tenía razón. Otros hombres valorarían lo que yo había dejado ir. Y eso era algo que no podía soportar.
¿Cómo podría recuperarla? ¿Cómo podría encontrar el valor para enfrentar a su padre, a mi amigo y decirle la verdad? Me estaba enamorando de Valeria. O quizá ya lo estaba desde hacía tiempo y era yo quien simplemente me había negado a aceptarlo.