POV Bibiana La noche era sofocante, como si el aire dentro de la casa se hubiera vuelto más denso. Prácticamente había pasado todo el día encerrada en esta habitación, con las empleadas vigilándome como si fuera un objeto frágil que pudiera romperse en cualquier momento. Entre las vitaminas, los alimentos insípidos y la prohibición de salir al patio, comenzaba a sentir que ya no era la esposa del dueño, sino una prisionera en su propia casa. —No puedes comer eso, señora. —No puede salir, señora. —Debe descansar, señora. ¡Horrible! ¡Absolutamente horrible! Pero lo peor de todo era que Camilo aún no había regresado. ¿Dónde demonios estaba? ¿Acaso no le importaba su esposa embarazada? Suspiré, sentada en la cama, con la mirada perdida en la pared. Mi mente no dejaba de repetirse lo mis

