Capítulo 4

1050 Words
Javier. ¿Qué hago? ¿Qué más le digo? No puedo evitar algo que yo hice, cometí un grave error y ahora lo estoy pagando. Estoy muerto, jodido. Revolcarme con una secretaria nueva, no fue buena idea. Ella me acusó de violador y abusador, por esta misma razón el despido. Trato de mantenerme calmado, subirme al auto y largarme a un bar. Pero recuerdo, siempre recuerdo, que no debo lastimar más a Sofía. Sus marcas, los golpes que le he provocado. Este no es el Javier que creció a su lado, y que también la vio crecer. Ella esta débil y yo sigo sólo lastimando su corazón aún más. ¿Cómo le digo que la he engañado y además de eso me he aprovechado de su confianza? No, debo terminar con esto. Pero soy tentador, y el juego cae sobre mis ojos. Quizás un tiempo en casino no me haga tan mal. Doy media vuelta con el coche, y me dirijo hacia el casino de Londres. ¿Qué haces Javier? Recuerda que estás en banca rota. —¡No! ¡No estoy mal! —Grito para mí mismo dentro del auto. Observo como varios al pasar me ven como un desquiciado. Sí, loco estoy, pero no tanto como creen. ¿Cuántas veces he visto sufrir a Sofía por mis golpes? Millones, pero de todas..., yo también he llorado. Detengo el auto, me observo. Éste no soy yo, ¿otra vez Javier? ¿Por qué te escondes? ¿Por qué la escondes? ¿A caso no la amabas? ¿A caso no le prometiste amor? —¡Cállate! —Respondo a mi mente, quiero salir, golpear paredes. Quiero golpear a todo el mundo, pero no puedo, no puedo seguir lastimando más a nadie. ¡¿Qué debo hacer?! Salgo del auto, voy directamente caminando hacia un bar. Dudo en entrar. ¿Entro? ¿Sigo lastimando a Sofía? ¿Qué hago? Ya no quiero seguir callado, pero tampoco quiero rendirme, un trago no me vendría nada mal. Entro al bar, me acomodo en la barra y veo al barman llegar. Veo todos los tragos nuevos que preparan aquí, cada uno de ellos tiene un sabor único e inolvidable. Veo a alguien sentarse a mí lado, una chica de cabello rojizo que está mirándome. Jodidamente atractiva, alguien que se podría ver muy bien entre sábanas blancas. Pero no hay nadie como Sofía, aunque la tentación siempre es mayor. —¿Qué van a pedir? —Murmura el barman. Ella sonríe. —Lo que él pida —le responde y espera mi respuesta.  Se cruza de piernas, unas piernas largas y trabajadas. El vestido realza sus pechos, tiene bonitas curvas y una sonrisa encantadora. Y las ganas de tirármela en algún hotel son muchas. —Un Hennessy. —Que buen gusto... —murmura ella a mi lado, corre a un costado su cabello y deja que sus pechos se aproximen sobre mí—, por cierto... Soy Denyse. —Javier —respondo. —¿Eres de por aquí? —Pregunta ella. —Sí, de Redbridge. Ella sonríe, tiene la sonrisa más hermosa que he visto. Los tragos se vuelven a repetir, ya no tengo el control de antes, y creo que quiero saborearla, hace mucho no pruebo carne fresca. Mi mano acaricia su pierna desnuda, y ella no lo quita. Sofía no dejaría que la tocara, ella ya no quiere acostarse en la misma cama conmigo, o tan sólo dejar que bese su cuello. Antes lo hacía, ahora ya no. Qué se pudra Sofía. —Tengo deseos de probarte —suelto. Murmurando en su oído. —No eres el único... —responde Denyse, quién me invita a salir. Ella paga los tragos, cuando creí que no lo haría. Ambos nos dirigimos a su auto, y sin precaución ella me abre la puerta del copiloto. Una vez que me subo, ella no deja de sonreír y se dirige a un hotel. Mis recuerdos se nublan, es el primer hotel al cuál me escape junto a Sofía después de la graduación. ¡Imbécil! Su coche se introduce en el estacionamiento, ambos bajamos y ella toma de mi mano. ¿A qué le temes Javier? ¿A tirarte a una señorita? ¿Dónde esta tu macho interior? Me bajo, y ella igual. No me doy cuenta del tiempo hasta que llegamos a una habitación. Al parecer es una zona VIP. —¿Quieres algún trago más? —Ofrece ella, introduciendo la llave en el picaporte. —No, estoy bien. Ella me besa apasionadamente, sigo su ritmo, aunque no puedo concentrarme. Trato de alejarla, pero comienza a tocarme por encima de toda la ropa, encima de mis pantalones. Sentirme tan relajado al estar con una chica tan atractiva, éste no es el Javier que conozco. Ella me besa por última vez y luego limpia mi comisura. Debe ser que su labial se mezcló en mis labios. —Espérame, ya vuelvo... Volveré sexy para ti —asiento, y ella se introduce en un baño. Vete Javier, no sabes en el lío que estás metiéndote. Vete. Tomo sus llaves, un último trago que había sobre la mesa y me voy. Abro la puerta y me detengo cuando escucho sus murmullos del otro lado. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué? ¿Qué ganaré seguir engañando a Sofía? —¿A dónde crees que vas? —Murmuró Denyse, me di media vuelta y ella sólo traía su ropa interior. Lencería erótica fina. —Sólo iba a buscar algo a mi coche. —¿Escapándote? —Murmuró, tomando entre sus manos un vaso lleno de licor francés—. No eres un chico bueno, creí que querías estar conmigo. —Sí, pero..., creo que ya no. —¿Es broma? Me has hecho pagar este hotel, me has hecho servirte este trago francés y... ¿acaso eres casado? Justo en el blanco. ¿Cómo concentrarme, si cada vez que quiero estar con otra mujer, Sofía aparece de la nada en mi mente? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal? ¿Será el alcohol? ¿El casino? ¿Seré yo? —No... No estoy casado. Denyse se acerca y cierra la puerta. —Entonces juguemos, pequeño, tengo mucho que mostrarte ahora. Trago saliva. Está bien, Javier, será la última vez.
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