Capítulo 3

825 Words
Dejo la comida sobre la mesa y Javier la mira como si algo estuviese mal. Dejo también el vaso con cerveza a su costado, quiero irme y salir de la cocina. Pero él me sujeta, antes que pueda escapar y me habla: —¿Qué mierda es esto, Sofía? —Pavo —respondo. Javier me lo tira en el rostro, la salsa se tiñe en mi camiseta, luego toma su tenedor y lentamente tira el arroz al suelo. —Esto es asqueroso. No puedo comer esta mierda. Haz otra cosa. —No hay más comida Javier, ¿no puedes darme dinero? —Murmuro, Javier me aprieta aún más, trato de aflojarme, pero él no decide tomar esa decisión. Me acerca aún más a él y me mira. Esos ojos llenos de ira y furia, que cada vez que me enfocan más miedo me da. —¿A caso crees qué soy un jodido idiota? Sé que quieres irte Sofía, pero eres mía y de aquí... Ni sueñes que te irás... No seas tan ilusa, no tienes adónde ir. —Yo no pensaba irme... —respondo. Él vuelve a acercarme cada vez más, mucho más pegado a su cuerpo. Siento como el calor invade mis mejillas. —¿Sabes lo qué harás? —Niego, Javier toma un lápiz y luego anota un número de teléfono. Reconozco ese número, es un instituto prestigioso y muy costoso. ¿Quiere que consiga empleo allí? Es demasiado difícil, y más yo, que nadie quiere maestras de música—. Tomarás un empleo en este instituto, y luego traerás tu trasero con el dinero, seremos felices. Fácil. —Javier, míranos. No somos de su clase, y además... Me interrumpe con una bofetada, siento que caigo lentamente, pero Javier me sujeta y me elevo silenciosamente. Todo el arroz esta tirado en el suelo, mi camiseta está sucia, y mis manos ya no pueden ocultar tanto dolor. Las marcas de mis brazos son visibles ante Javier y me suelta. —Lo siento, lo siento, lo siento... —repite una y otra vez. Caigo al suelo nuevamente, pero él se aproxima hacia a mí y se coloca a mi lado. Me acaricia el cabello, mis orejas. Luego mi mentón y ese deseo de besarme, es tan notorio en él. Pero me alejo, él nunca me ha forzado a besarlo, excepto en el acto s****l. Me rodea con sus brazos y siento como mi camiseta se humedece con rapidez. Siento a Javier llorar en mi hombro, nunca lo he visto de esta forma. No digo nada más, siempre me quedo tan callada cuando él me pone una mano encima. Pero algo recapacita en él, yo no sé si serán mis marcas, mis golpes o heridas. —Javier... —Sofía, por favor, ayúdame... —murmura. ¿Ayudarlo? ¿Qué es lo que puedo hacer yo con él? ¿En qué puedo ayudarlo? No tengo nada para darle, ni siquiera un hijo. Yo no podré soportar ver a un pequeño oír nuestras discusiones o llorar en los rincones de la casa, sólo porqué Javier me abofeteó. —¿En qué puedo ayudarte? —He perdido todo nuestro dinero, necesito que consigas trabajo, me despidieron de mi empleo hace más de un mes y sólo vivo bebiendo en el bar del centro... —murmura. Se sostiene de mis piernas, las acaricia y ese asco vuelve a meterse en mi estómago. ¿Perdió su empleo? ¿Y cómo diablos lo hizo? Javier siempre fue un hombre inteligente, muy decidido. —¿Cómo lo has perdido? —Javier no me responde, trato de insistir, pero los miedos vuelven cuando él comienza a mirarme fijamente. Se levanta, toma nuevamente sus llaves y sale de la casa. ¿Qué le ocurre a este hombre? ¿Cómo ha perdido su empleo? Y... ¿por qué? ¿Por qué me pide ayuda a mí? Ni siquiera me deja salir de la casa, y sé cómo terminará todo. Mi mirada se nubla, quiero mantenerme de pie y fuertemente me sujeto de una silla. Es sólo un mareo... un simple mareo. Veo mi teléfono y no hay ningún chat de mensaje excepto el suyo. Me ha obligado bloquear todos los contactos, todo lo que él quisiese. Y también, ser su prisionera según él tiene «sus lujos». Pero Javier ya no tiene trabajo, ni dinero. Voy hacía la sala y saco mi violín del estuche. Me he olvidado de las notas, ¡hasta eso hizo que olvidara! —Tú puedes, Sofi, tengo fe en ti —me aliento a seguir de nuevo. Recuerdo cuando fue mi primer concierto y mis padres estaban allí. Cuando tenía dieciséis, y cuando Javier también estaba allí. Estaba enamorada, demasiado enamorada. Pero Javier odiaba mucho a Alexander, mi viejo amigo de la preparatoria. Éramos mejores amigos, y Javier ha hecho de todo para alejarnos. Pienso en Alexander, ¿qué será de su vida? ¿Será que el destino nos unirá de nuevo?  
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