Entré al consultorio y allí el doctor me esperaba con un oficial. El mismo que me había escoltado en la casilla de la comisaría. —¿Desde hace cuánto tiempo viene ocurriendo? —pregunta el doctor. —Más de tres años, justo después de comenzar a vivir juntos —confieso. El oficial se toma un momento y revisa las hojas. —Entonces, ¿no eras su esposa legitima? —hojea la planilla—. Pensé que... —Sí, eso decíamos. Pero no, no me atreví a casarme con él. Escape de casa con él, y su propuesta de sueño americano. Que íbamos a ser felices, tener hijos; me engañó. Pensé que todo iba a ser diferente... Pensé que... No aguanto. Lloro como nunca antes me había visto. Tengo que cubrirme los ojos, el maquillaje se corrió y la herida del pómulo se nota demasiado. El doctor se acerca a mí y me observa

