—¿Usted es Sofía Butler, verdad? —Preguntó demasiado cerca de mí, me escondí detrás de Alex, reprimiendo mis ganas de llorar frente al oficial—. No te preocupes, ya lo hemos llevado a la comisaría cercana. Pero, como eres su esposa, debes declarar y denunciarlo. Él observó, y mientras trataba de salir a la luz y mostrarme tal cual estoy, un escalofrío recorrió mi espalda. No me importó en ese entonces, debía ser libre. Debía. Rogaba a Dios, todas las noches, por ser libre de una vez por todas. Y allí estaba, queriendo serlo pero algo me impedía seguir. ¿Eso era estar atada a alguien? Javier es el nudo, difícil de desatar, desarmar. ¿Estoy lista para hacerlo? ¿Deshacer el nudo que me aferra a él? Sí, lo estoy. —Esta bien, lo haré —suelto. Sin dudas, sentí la sonrisa de Alex formarse en

