5. ¿QUIÉN ES ESE CHICO?

1062 Words
Sus pálidos ojos, ausentes de toda emoción miran a través de la ventanilla del coche. Es una acción espontánea, no es consciente que alguien le observa desde afuera, en realidad, en ese momento su mente está en otro lado, pero cuando llega a sentir el peso de una fuerte mirada sobre él, espabila y busca el origen. —¿Quién es el que mira? Y se encuentra con esa mirada llena de furia y de vida, oculta entre las sombras de aquella apartada calle. En ese mismo instante, un estremecimiento comienza a recorrerle por todo su blanco y perfecto cuerpo. —Eres… Baja del coche que le protege de posibles atentados. Es alto y sobresale a simple vista. Inicia el Prv que trae, como es habitual, incorporado en las sienes. El mapa detallado del lugar le es revelado ante sus ojos y entonces se va tras él. Le sigue a una distancia aceptable. Lo hace para no espantarlo y que salga huyendo. Es curioso que en la silueta de ese chico, no se encuentre ninguna identificación posible. —Interesante... —se dibuja una sonrisa de satisfacción y curiosidad en su rostro. Lo deja ir. … La puerta del último piso se abre de par en par. El hombre rubio, de ojos claros y de mirada afable, ingresa. Es Heller Roth. Todos los presentes se concentran en él. A diferencia de ellos que ostentan sus riquezas en extravagantes ropas, el suyo es sencillo. Conforme Heller avanza, va detectando varios errores de seguridad en el sistema. Jennel Liesse, detrás del escritorio de orbe, sonríe al verle. —Vaya sorpresa —sus ojos se derriten al verle llegar. Es la primera visita en persona que le hace en las últimas dos semanas, en otras palabras, desde que se hizo cargo del sistema de control en Délamir. Pero Jennel sabe que si su amigo se ha tomado el trabajo de ir hasta allá, en persona, no es por el mero hecho de hacerle una visita amistosa. A Heller le conoce de toda la vida, de hecho, nadie le conoce tanto como él y sabe que Heller se trae algo entre las manos. Siempre que se trata de asuntos oficiales, Heller prefiere hablar por teléfono y así evitar el control, pero cuando es de asuntos personales, siempre lo hace en persona. Como en ese momento.. —Pueden retirarse —ordena Jennel a su personal. Una vez solos, Heller da una mirada general a la oficina de su amigo. Por un momento se detiene en el cuadro con la figura altiva de Daltos, el primer Eniyan. Jennel, se da cuenta que algo le inquieta a su amigo pero deja que sea él, quien inicie la conversación. —Este lugar no me inspira confianza. Deberías considerar cambiar de personal. —Heller se acomoda en el sillón. —Lo estoy considerando... tal vez lo haga —siempre que se trata de Heller, su tono es cálido, amable… él es su debilidad. Heller, sonríe y va directamente al grano. —Necesito, en principio que me hagas dos favores. Jennel reconoce tan bien ese brillo en los ojos de Heller, que puede adivinar que algo se le viene encima. —Mientras no rompas ningún protocolo... —le advierte, Jennel. —Es precisamente eso, querido Jennel. Una hora más tarde, con expresión de aburrimiento Jennel mira de pasada las imágenes en la pantalla de gran tamaño que tiene en frente a él. —Esto no da para más… —se lamenta. Heller lo ignora y prosigue, con aire analítico posa sus dedos en el mentón. —Siguiente —ordena y la imagen se cambia. Cuando está a punto de sucumbir, Jennel ve repentinamente un rayo de obsesión reflejados en su mirada. —Es ese —señala Heller. Intrigado, Jennel mira la pantalla. La imagen en sí, no muestra nada interesante, solo a un simple y corriente chico que deambula por lo que parece ser uno de los tantos barrios sureños. Heller, tiene la mirada fija en la imagen. —Lo quiero a ese —dice. Jennel percibe una pálida sonrisa dibujándose en su rostro. No, de nuevo… esto debe ser una broma, se dice por dentro. En ese momento la sonrisa de Heller se vuelve amplia y encantadora y le confirma que es lo tanto teme. Comienza a revisar entre los archivos, busca toda clase de información sobre el chico del que Heller dice interesarle. —No encuentro nada, tendré que entrar al banco de información— y cuando lo hace no encuentra un solo dato sobre el misterioso chico—. Este individuo no tiene id. Habrá que dar parte a A. I. Puede que se lo hayan sustraído sí estuvo en prisión... —Jennel cruza los brazos como siempre que le preocupa algo. Heller, en cambio mantiene su calma. —Es poco probable, hasta donde sé, a los ex convictos se los implantan doble Id. Al oírle, Jennel comienza a sospechar que en realidad, Heller está al tanto de todo, con respecto al chico ese. —Si es así, solo hay una respuesta lógica ¿no? —dice Jennel, y mientras le escucha, Heller se acomoda con holgura en el sillón, frente a él. —Si salió de Gardh como parece, ya puedes quedarte tranquilo. Me haré cargo de él — Aunque su tono es casual, Jennel presiente que le oculta algo. —Eso sería como llenarse innecesariamente de problemas con la A.I. —señala Jennel. Pero Heller hace de oídos sordos y se estira los brazos, despreocupado —No, si cuento con tu apoyo, querido Jennel —contesta expectante, sonriente. Jennel ahoga un suspiro. —Mi apoyo lo tendrás siempre y eso lo sabes, pero... —se detiene porque no pretende abrir las viejas heridas en su amigo, sin embargo Heller ya ha entendido de qué iba el mensaje. —No será como la vez pasada, te doy mi palabra. Jennel aprecia el rostro de Heller, lleno de una vitalidad que hace mucho no veía en él. Verle así de emocionado por ese chico, es como una puñalada en su corazón y quiere decirle: Ahí andas de vuelta en lo mismo, mira que cavas tú propia tumba. Pero sabe que de nada sirve, quizás a lo  mejor lo empeora todo, conociendo su carácter obsesivo cuando se le mete algo en la cabeza no conoce de límites.
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