- ¡Así es! Siempre estaba rodeada de hombres. Tengo dos hijos mas además de Luke, se llaman Ben y Jack, pero ellos ya están casados y viven con sus familias.
Liz hablaba y hablaba.
No me molestaba en lo absoluto.
Al igual que ella, siempre había vivido rodeada de hombres, ya que mamá murió tiempo después de que Nelson naciera.
Una mujer metida dentro de esta casa podría llegar a ser mi salvación.
-Mamá murió hace más de diez años y ninguna mujer ocupó ese lugar. Así que siempre estaba sola en momentos donde necesitaba de una figura materna. Pero papá se las arreglo muy bien en todo este tiempo. No sé qué haría sin él. - sonreí débilmente.
Papá era asombroso, no desearía cambiarlo por nada en el mundo.
Soy muy afortunada de tenerlo en mi vida.
-Lenny es un excelente hombre. - acarició la palma de mi mano mientras le daba un sorbo a su té de hierbas.
-Lo es. - tomé de mi café.
-Y... ¿Te gustaría que tu padre volviera a casarse?
- ¿Acaso está interesada en desposar a mi padre señora Henderson? - ella abrió los ojos y casi escupe todo su té, lo que hizo que riera. - Solo me importa que él sea feliz... No me importa si es estando solo o estando con alguien. - sonreí.
-Es muy lindo de su parte. - dijo todavía sonrojada.
-Bien... Tengo que ir a estudiar así que me voy a mi cuarto. - me levante de la mesa mientras robaba algunas galletas. - Excelente charla Sra. Liz.
-Sólo Liz.- asentí con la cabeza y me di vuelta, caminando hacía las escaleras.
Pero la puerta se abrió y cerró rápidamente.
Sentí como mi corazón estaba siendo dañado desde el interior.
El estómago comenzaba a darme vueltas.
Era él.
Luke Henderson.
Pero esta vez no estaba solo.
Una chica de cabellos castaños y ojos café entró pegada a su lado.
Por un microsegundo sentí como Luke me observaba directamente a los ojos.
Pero fue más rápido el momento en el que ellos dos pasaron frente a mi nariz subiendo las escaleras.
Y así de rápido, entraron a la habitación frente a la mía.
La habitación de Luke.
Mordí mi labio y bufé.
Y a pasos lentos, comencé a subir las escaleras.
Me detuve unos segundos frente a mi puerta, apoyando la cabeza en esta.
Por más que intentará apagar mis sentimientos a él... No me podía engañar.
No sabía concretamente que era lo que me había hecho enamorarme de una persona tan manipuladora, insensible y estúpida como Luke Henderson.
Ojalá las cosas hubiesen sido diferentes.
Mis pensamientos sobre cómo acabar con todo esto fueron interrumpidos por una fuerte música.
¿De qué cuarto provenía?
Oh, por supuesto, del cuarto de Luke Henderson.
Iba a entrar a mi habitación, cuando la señora Liz apareció en el último escalón de la escalera.
-Bella, disculpa a Luke. Sé que tienes exámenes. Tengo que irme a comprar cosas para la cena, pero dile que yo le digo que apague la música. - abrí mis ojos. - Dile que yo soy la que lo obliga y lo hará, no te asustes. - me sonrió dulcemente y bajo las escaleras nuevamente.
¿Que yo tenía que decirle eso?
Sacudí mi cabeza.
Para poder olvidar a Luke era necesario que me armará de valor y que lo enfrentará como era debido.
Así que tomé una bocada de aire y me di vuelta, dirigiéndome al cuarto de Luke.
Pero ninguna de las veces en las que toque la puerta fue escuchada.
O quizás, solamente me estaban ignorando.
-¡Henderson!- grité mientras tocaba nuevamente.
Después de mi último grito, cuando estaba a punto de rendirme e irme a mi habitación, él abrió su puerta.
- ¿Qué? - dijo seco.
Tomé aire y hablé.
-Baja la música. No vives solo.
Me sorprendí cuando mi voz salió perfectamente sin quebrarse.
Él me observó unos segundos.
- ¿O si no que? - se atrevió a preguntar.
-Tu madre lo ordena. - todavía lo miraba directamente a los ojos.
¿Quién sabe?
Quizás de veras estaba cambiando.
- ¿Cuántos años crees que tengo? - elevó una ceja.
-Solo apaga la maldita música Luke. - bufé.
-No te di la confianza para llamarme por mi nombre. No te equivoques, idiota. - fruncí el ceño.
-Entonces, hay confianza para que me digas idiota pero no para que te llame Luke. - mordí mi labio interior.
¿Cómo estaba aguantando esto?
-Te llamo idiota, porque eres idiota. No porque quiera ser amigable.
Y ya me había dejado sin palabras.
Ya no sabía que hacer o que decirle.
Pero tomé aire y volví a hablar.
-No te equivoques. - amenace. - Eres tú- lo apunte. - el que está viviendo en mi casa.- Él frunció el ceño, desconcentrado.- Hazme el favor y apaga esa horrorosa música.
Y muy orgullosa de lo que había dicho, me di vuelta y caminé hacía la puerta de mi habitación.
-Entonces...- su voz ronca hizo que frenará. - ¿Prefieres escuchar nuestros ruidos? - tragué en seco.
Maldito idiota sin corazón.
Ahora si me había dejado perpleja.
De solo pensarlo, imágenes desapropiadas inundaban mi cerebro y hacían que mi corazón doliera.
Abrí la puerta, pero antes de cerrarle la puerta en la cara y lanzarme a mi cama a quizás llorar por horas, él volvió a dirigirse a mí.
- Le estoy dando clases particulares a Dina.- supuse que Dina era la castaña.- Te daría también a ti, pero es que eres tan idiota.- le mostré mi dedo corazón y cerré de un golpe la puerta.
-Pero quien se cree ese idiota para tratarme de estúpida. - balbucee. - Se cree mucho con ese cabello rubio y esos hermosos ojos. - tomé una hoja y la estrujé entre mis manos, lanzándola al suelo.
Estaba llena de ira y podría golpear a alguien en este momento.
Pero esa ira se convirtió en sueño y ese "golpear a alguien” se convirtió en "mejor duermo un rato".
(...)
Abrí los ojos poco a poco cuando el estómago me empezó a doler, tenía hambre.
Bajé las escaleras poco a poco y me di cuenta que no había nadie en casa.
Me acerqué a la cocina y tomé una porción de pizza que había todavía dentro de una caja, arriba de esta había una nota que decía: "Bella, se acabó la comida de Liz, pero compré esto para ti. Papáxx"
-Gracias Papá. - susurré y mordí la porción.
Y así estaba terminando mi día.
Sentada en una de las banquetas del desayunador, sola y con una pizza tamaño familiar.
Pero claro, la vida de Bella Cooper no podía ser tan sencilla.
Luke Henderson, si exacto, ese chico que trae locas a muchas chicas, incluyéndome, estaba andando por la cocina con solo una toalla alrededor de su cintura.
Si, como digo.
Solo tenía una toalla cubriendo su cuerpo.
Algunas gotas todavía caían por su bello rostro y pareció a propósito cuando se acercó a mí.
- ¿Pudiste estudiar Isabella? - preguntó robándome una porción de pizza.
Sentía como mi garganta se secaba lentamente y mis ojos no podían dejar de admirarlo.
-Am, es-eso a ti, eso a ti no te importa. - la lengua se me trababa y estaba segura que mis mejillas estaban coloradas.
-No actúes como si fueras yo. - meneo su cabeza. - No te sale. - se burló.
-Solamente trato de tratarte como te lo mereces. - me levanté de la silla, algo me decía que mi velada había sido arruinada y me dispuse a marcharme.
Pase por su lado, pero él tomó mi brazo e hizo que girara sobre mis pies.
No me pegó a su cuerpo, y eso lo agradecí, pero me mantuvo a una distancia algo escasa.
-Oh Bella. - me llamó por mi sobrenombre. - No me digas que ya no me amas más. - fingió que estaba herido.
Tarado.
Fruncí mi ceño y al ver que no retiro lo dicho, contraataque.
-Ojalá me hubiera dado cuenta antes del tipo de persona que eres, Luke. - También lo llame por su nombre.
Hice dos intentos de librarme, pero recién al tercero salí de su agarre.
-Pobre Bella. - dijo cuando yo ya estaba a mitad de las escaleras. - Te enamoraste de la Bestia. - sonrió de lado y me dio la espalda, yendo a quien sabe dónde.
Solté un grito frustrado y continúe mi camino.
Era como si él hubiera escuchado mi conversación con Curtis.
¿Quién carajo se creía?
Pero tenía razón.
Me había enamorado de la Bestia.
De la Bestia que me rechazó.