Opacada.
Heather movió su pié de un lado a otro con estrés, respiraba profundamente para no obstinarse aún más. Su cara de culo no pasaba desapercibida esa mañana.
Su humor n***o le hizo pensar que esa era la manera más excelente de comenzar la semana.
Veía las gotas de lluvia rodar por su ventana, distrayéndose con la imaginación de que hacían una carrera para ver cuál moría primero. La tensión que tenía con Heither era muchísima, podía cortarse hasta con una hoja de papel. Si ella estaba seria y antipática, él tenía la cara de culo del año.
No se dirigían la palabra desde que ella había llegado de la presunta fiesta. Lo había hecho molestar tanto que ni siquiera era capaz de mirarla, claro que a ella le dolía que su hermano la ignorara porque lo amaba, era como su estúpido mejor amigo. Pero si él se la tiraría de importante al serle indiferente, ella estaría dispuesta a aparentar el doble de molestia.
Heither se estacionó en la entrada de la universidad, ella salió sin siquiera molestarse en pronunciar una despedida por educación. Al bajar, cayó sobre un enorme charco que le empapó los zapatos y parte del jean. Volteó a ver a su hermano con una expresión furibunda mientras él reprimía una risa. El muy imbécil lo había hecho a propósito.
Heather azotó la puerta de la camioneta con toda fuerza que le dieron los músculos y abrió el paraguas para evitar que su cabello que siguiera mojando. Saludó con un simple asentimiento de cabeza a algunos compañeros de curso y se adentró a la universidad mientras cerraba el paraguas. Notó de reojo que muchas miradas caían sobre ella, disimuladas y descaradas, pero casi todos la miraban de piés a cabeza mientras murmuraban cosas ininteligibles para sus oídos.
Estemmm... a lo mejor era porque se había colocado la blusa al revés. Resopló con hastío, lo había notado fue cuando ya se había subido a la camioneta, juró que nadie se iba a dar cuenta.
Abrió su casillero para sacar unos libros que necesitaría para su primera clase y, al hacerlo, un sobre de manila salió del interior y cayó al piso. Ella lo levantó con curiosidad, tenía una hoja en su interior. Le echó un vistazo.
Ve al campus, en las gradas.
—H.
No estaba de ánimo para estupideces, por un momento pensó que había sido su hermano, con intenciones de joderle más la mañana y hacerle perder el tiempo. Pero recordó que habían llegado al mismo tiempo, así que él no pudo haber sido.
Metió en la mochila los libros que necesitaba y se la colgó de mala gana.
Llegó al campus después de haber caminado como si le pesaran hasta las hebras del cabello, en la tercera grada había otro sobre, como el que estaba en su casillero. Lo abrió, colocando los ojos en blanco.
Ahora ve a la cafetería.
—H.
Como ella no era payasa de nadie, hizo una bola con la hoja y la desechó en un cesto de basura antes de entrar a su aula. Pocos alumnos habían entrado, saludó a Sabina con un movimiento de la cabeza y la rubia se situó a su lado.
—Veo que no fuiste a la cafetería —le comentó.
—¿Qué hay en la cafetería? —cuestionó Heather, sin mirarla.
—Anda a ver.
Heather negó con la cabeza, nadie la tomaría del pelo. Intentó relajarse mientras sacaba su libreta y un bolígrafo para la clase.
«La alumna Heather Monasterio del primer semestre de educación inicial, favor de presentarse en la cafetería»
Esa había sido nada más y nada menos que la directora del plantel, llamándola a través de los altavoces, como si su presencia significase algo especial para todo el alumnado.
Exhaló y se levantó del pupitre con una lentitud nata, implorando a la santísima trinidad que le otorgara un porcentaje más alto de paciencia. Llegó a la puerta de la dichosa cafetería con pasos perezosos. Arrugó el entrecejo al ver el interior repleto de ramos, ramos y más ramos de lirios blancos.
En el centro de todo el jardín artificial, su amigo Nicholas se encontraba delante de dos chicos que sostenían un papelógrafo.
Dios, no podía ser.
El pelirrojo les hizo una seña a los chicos, quienes abrieron la emorme cartulina para dejar las letras a la intemperie.
¿Quieres ser mi novia? ❤
—Heather —Nicholas agarró un lirio y se acercó a la susodicha—. Me atraíste desde la primera vez que te vi, lo cual fue muy cliché porque nos tropezamos, ¿eh? —soltó una pequeña risa —Sin embargo, la noche de la fiesta...
—¿De qué hablas? —ella retrocedió un paso, anonadada. Todavía no procesaba lo que estaba presenciando.
Nicholas la contempló, ceñudo, su sonrisa disminuyó un poco.
—¿Cómo que de qué hablo? ¿Es que acaso no significó nada para ti?
¿De qué coño estaba hablando? ¿Qué tanto pasó exactamente esa noche? Primer Mike la llevó a su casa porque supuestamente intentaron violarla, ahora Nicholas aseguraba que había pasado algo entre ellos y se sentía airoso, ¿qué seguía? ¿Acaso el maldito Scooby Doo de la estampilla aparecería para decirle que resolvieran juntos el misterio de lo que susedió?
¡Tenía que estar jodiendo!
Heather se pasó una mano por el rostro, exasperada.
—A ver, Nicholas —hizo un ademán de manos para que le bajara una a la locura, su voz salió más seria de lo habitual—. No recuerdo ni mierda de lo que pasó el sábado. No estoy teniendo un buen día, lo último que quiero es salirte con imprudencias—se llevó los dedos a la sien—. Si de algo estoy segura, es de que solo te veo como un amigo. Vamos, Nicholas ¡tenemos hasta un puto team! Lamento decirte que no me acuerdo de nada, debo admitir que hasta me da vergüenza haber sido tan irresponsable y forzarte a hacer algo que no querías. Siento mucho que hayas gastado dinero en todo esto, pero mi respuesta a tu propuesta es negativa.
Nicholas apartó el rostro, rompiendo de inmediato el contacto visual, pero Heather pudo ver a través de los lentes que sus ojos habían comenzado a cristalizarse. Intentó darle un abrazo, pero entonces Nicholas murmuró un "hablamos después" y salió de la cafetería a paso apresurado, bajo las miradas lastímeras de media universidad.
Heather suspiró, apenada. No era la primera vez que rechazaba a alguien en público, muchos admiradores de su antigua academia, compañeros y vecinos les habían pedido formar una relación, pero ella no sentía el más mínimo interés por ellos. Cerró sus ojos y le echó un último vistazo la decoración antes de irse a su clase.
Jamás se acostumbraría a tener que rechazar a un chico embobado. Y mucho menos si se trataba de un amigo.
***
—Parece que no eres la única friendzoneada —un chico le comentó a Sabina sin ningún tipo de disimulo, Heather estaba sentada a su lado. Se limitó a apretar los labios con molestia.
—¿Quien se cree que es? ¿Una maldita Barbie? —reprochó una voz femenina a unos metros.
Los estúpidos de sus compañeros la habían empezado a odiar desde esa mañana, pues todos estaban esperando que ella aceptara ante una propuesta tan romántica. Habían estado dedicándole miradas asesinas toda la mañana porque supuestamente fue cruel lo que hizo.
Era algo absurdo, ella no estaba obligada a aceptar sólo porque él gastó dinero en toda la decoración.
En ese momento, la profesora había salido a hacer no sé qué, por lo que todos aprovecharon para lanzar indirectas bastantes directas.
—A lo mejor no le gustan las relaciones serias —opinó un chico—. ¡Hey! ¿Por qué no me la chupas mientras te halo del cabello? No nos besaremos, si es que eso te parece muy cursi.
—¡Hagamos un trío! O si quieres una orgía con todo el salón, no volveremos a llamarte. Eres bonita, al menos vamos a tratarte como la zorra que te crees —le dijo otro.
La campana finalmente sonó, ella recostó la cabeza en el espaldar del pupitre mientras todos se dedicaban a abandonar el salón. Tenía muchísimo sueño, estaba estresada, quería dormir un poco, aún le faltaba una clase para huír de todos esos imbéciles decerebrados, de todas esas ridículas envidiosas que querían hacerla sentir mal sólo porque querían estar en su lugar.
Pues, como no brillan, entonces humillan.
Cerró los ojos con la intención de descansar unos minutos, estuvo a punto de insultar a quien había tomado asiento junto a su pupitre, hasta que se percató de que se trataba de Nicholas y simplemente esbozó una leve sonrisa que se asemejó más a una mueca.
—Hey, lo siento. No sabes cuán avergonzada estoy en este momento —formó una delgada línea con los labios y se llevó ambas manos a la cabeza—. Me agradas demasiado, Nicholas, muchísimo. No quisiera arruinar nuestra amistad, yo...
—No venía para hablar de eso —la interrumpió con un tono afable—. Sí me gustas mucho, pero supongo que puedo vivir con que me quieras y ya. Cualquier cosa es buena mientras pueda seguir a tu lado —le dio una sonrisa, aparentando haberlo superado—. Admito que también me pasé, no me puse a pensar en tu reacción. Me precipité y actué de manera incorrecta.
—Lo siento —reiteró ella, de igual forma.
Él le ofreció un lirio y Heather lo aceptó con una sonrisa.
—Tranquila —relamió sus labios, repiqueteando los dedos sobre la mesa—. Vine porque te tengo una noticia que te va a gustar.
—He tenido una mañana fatal —suspiró—. Hazme un favor y dame ya esa buena noticia.
—Es más bien como una propuesta —hizo un pequeño mohín de duda, ella lo miró, esperando a que le contara—. Bien, ¿quieres trabajar para un comercial de bloqueador solar? Me habías dicho que estabas desanimada por haber dejado lo del modelaje un tiempo y, bueno, me hablaron de la vacante y de inmediato pensé en ti.
—De verdad que eres increíble —ella le acarició el cabello con ternura—. Nada más dime qué tengo que hacer y voy hasta ese sitio.
—Bueno... —él acomodó sus anteojos sobre el puente de su naríz—. Te paso la información más tarde, o...
Dejó la frase al aire.
—¿O...? —Heather lo invitó a continuar.
Él exhaló, dudoso.
—O podrías aceptarme una invitación a tomar un café mañana, después de clase, así te cuento mejor —ella le dio una mirada fulminante y a la vez divertida—. En plan de amigos —aclaró Nicholas.
—Claro, bobo. Me interesa mucho la oportunidad de volver a modelar para algo —aceptó y colocó la cabeza en su hombro para descansar al menos un poco.
***
Había pasado un rato desde que Heather había llegado de la universidad. Alguien dio unos toques a la puerta de su habitación, pero ella no les prestó atención por estar revisando i********: en su celular.
—¿Se puede? —la cabeza de Heither se asomó por la puerta.
—Ya pasaste —respondió ella, a secas.
Acostumbraba a verlo por los pasillos a la hora de la salida, pero esa tarde no lo encontró por ninguna parte, asumió que se había enterado de lo de Nicholas y que se había molestado aún más. Entonces el pelirrojo la había acercado hasta la casa en su auto, desde entonces, no había salido de su habitación.
Heither entró y se sentó en la orilla de la cama, entrelazó las manos sobre su regazo y escaneó el entorno con curiosidad, él no conocía mucho esa parte de la casa.
—Hermana... —dejó la oración en el aire.
Lo conocía perfectamente. En momentos así, Heither siempre hacía eso para que ella le preguntara algo o lo invitara a terminar de hablar. Pudo detallar que iba en plan de paz, porque él la llamaba por su nombre para cualquier cosa, y no lo hizo en ese momento.
Se sintió decepcionado cuando ella hizo notar su mal humor con su silencio e ignorancia.
—Vine a pedirte una disculpa —él buscó sus ojos, pero Heather mantuvo la mirada en su celular. Sin embargo, sabía que lo estaba escuchando—. Sabes lo delicado que soy con que salgas tan tarde con alguien que yo no conozco. Y más cuando todavía somos nuevos aquí. Eres demasiado confiada, sólo me preocupo por...
—Basta, Heither —ella dejó su celular a un lado y se levantó de la cama mientras movía la cabeza de un lado a otro con desaprobación—. Soy mayor de edad, puedo salir con quien yo quiera y llegar a la hora que quiera ¡Y llegar con ropa de hombre si me da la gana! Me dolió, ¿sabes? Me dolió que no me hayas preguntado las cosas con calma. Sólo supusiste que me metí a la cama de un tipo y me trataste como una maldita sucia.
»Sí te entiendo, hermano. Entiendo que te preocupes por mí, y te adoro por eso. ¡Pero deberías confiar en mí! Ya dejé una vida, deja de sofocarme en esta también. Lo que pasó no fue por mi culpa, simplemente fue un descuido de todos.
»No sé, Heither, busca una novia, follen todos los días. Busca una distracción y deja de estar encima de mí todo el tiempo como un maldito perro guardían —se cruzó de brazos.
El rostro de Heither se contrajo por un poco de pena, sabía perfectamente que su hermana tenía razón en cada una de sus palabras, incluso sus ojos picaron porque le había dolido. Heather apartó la cara para no verlo, porque sino lloraría ella también.
A pesar de que era adoptada, ambos tuvieron cierta conexión desde que se conocieron, como si fuesen hermanos de sangre. Si uno sufre, el otro también.
Heather pensó en eso mientras le daba la espalda. Recordó un suceso de cuando tenía catorce años, ella se había quemado con aceite caliente mientras le hacía una cena especial a sus padres, el dedo le ardía muchísimo. Bueno, Heither también metió un dedo en la sartén porque no quería ver tan mal a su hermana. Le dijo que si a ella le dolía algo, a él le afectaba el doble.
Y siempre había sido así, por eso los dos estaban mal cuando discutían hasta por la cosa más absurda.
—Hermana, perdón —fue lo único que pudo pronunciar, tenía un nudo en la garganta—. Te amo.
—Ajá, Heither. Ya déjalo —relamió sus labios—. Sal de mi habitación, por favor.
Él la obedeció y se fue sin volver a emitir palabra alguna.
***
Un grito femenino hizo que Heather despertara de su siesta, se sobresaltó horrible. Se colocó unas pantuflas y salió al pasillo para bajar a la sala y ver qué ocurría.
Pero se detuvo en el segundo peldaño, su cuerpo no pudo reaccionar ante la escena. Ahogó un grito en lo que las lágrimas empezaron a descender a chorros por sus mejillas, los dedos le temblaban, sintió cómo lentamente sus músculos se contraían, cómo su corazón desapareció para dejar nada más que un abismo, sintió que sus latidos se congelaban lentamente...
Su madre le ordenó que fuese a su habitación, pero Heather ni siquiera fue capaz de moverse.
Heither llegó a su lado y bajó las escaleras rápidamente, colocó los dedos en el cuello de su padre y apretó los labios con disguto, volteando a ver fijamente a su hermano.
—No tiene signos vitales —pronunció.
De repente, Heather bajó con lentitud un tramo y luego otro, así hizo hasta que llegó a la primera planta para quebrarse por completo en los débiles brazos de su madre
Heither levantó la camisa de su padre para ver qué tan profunda había sido la herida que ocasionó su muerte, pero frunció el ceño al detallar algo más.
—¿Q-qué? —tartamudeó Heather entre hipidos y llanto.
—Ven —él le hizo una seña con la mano. Heather se acercó hasta él entre tropiezos.
Ella también frunció el ceño. El cadáver de su padre tenía una H en el abdomen, parecía haber sido dibujada con una navaja. Alzó la vista para detallar el resto de su torzo, era la única herida que tenía, era imposible que lo hubiese matado.
Sin embargo, tuvo algunas respuestas cuando observó el espeso charco carmesí bajo la cabeza, eso sí fue lo que ocasionó su muerte súbita...
Pero... No pudo haber muerto sólo por eso, alguien tuvo que haber hecho que se cayera, o tuvieron que haberlo golpeado en el cráneo antes de dejarlo en el piso.
Alguien había asesinado a su padre, y ese alguien llevaba una H en su nombre.
El mundo empezó a dar vueltas para Heather, su visión se nubló y sintió que su cuerpo fue golpeado por un frío repentino. Todos sus sentidos se desconectaron antes de desmayarse en los brazos de su hermano.