Bricio había seguido la energía de la elegida hasta un hospital, mil cosas le pasaron por la mente y le invadió la preocupación de que pudiera haberla encontrado tarde, que el llamado ocurriera cuando se encontraba con problemas de salud o hubiese tenido un accidente , tenía que descubrir qué ocurría así que entró en el lugar y de inmediato fue abordado por el personal de emergencia.
—Dígame ¿Cuál es su emergencia?—, le dijo la enfermera.
Sin saber como justificar su llegada dijo lo que primero le vino a la mente, —Me duele la cabeza y siento el ritmo del corazón acelerado.
—Bien acompáñeme para atenderle mientras llamo a uno de los médicos de emergencia—, lo hizo pasar a un pequeño cubículo y le hizo recostarse, la enfermera comenzó a realizar un chequeo de rutina, lo primero fue la temperatura y según el resultado el paciente tenía fiebre, pero cuando tomó su brazo para medir su presión arterial Bricio logro leer su mente y allí la encontró dentro de un recuerdo, se llamaba Ann y era doctora en el hospital, le ordenó que le llevará con ella y como si se tratara de un robot detuvo lo que en ese momento hacía y camino hacia la puerta que separaba el lugar del pasillo principal.
—Sígame, le llevaré con la doctora.
Ann Olsen era una mujer que se había hecho a sí misma desde muy joven tuvo clara cuál era su profesión de su vida, le venía de sangre pues sus padres eran médicos también, fallecieron cuando ella comenzaba la universidad y le dejaron una herencia que le permitió prepararse profesionalmente, viajar y aprender varios idiomas, dedicó su vida a estudiar pero no a los personal, en el transcurso de su vida tuvo tres novios con los cuales duró algunos años pero cuando la relación comenzaba a ponerse seria siempre puso en primer lugar su trabajo.
Era una de las mejores neonatólogos en la región y eso la mantenía constantemente ocupada, sus compañeros constantemente la invitaban a reuniones y ella siempre se excusaba, la mayoría de las veces efectivamente era debido a su trabajo pero el trasfondo es que ya había sufrido grandes pérdidas en su vida tanto familiares como en su trabajo y trataba de mantenerse lo más alejada de crear lazos permanentes, salvar la vida de sus pequeños pacientes lo era todo para ella.
Estaba como siempre en la UCI del hospital vigilando a dos bebés que se encontraban en condición crítica y que solo quedaba esperar su evolución a través de las horas, cuando observo a la enfermera Berta asomarse por la pequeña ventanilla de la puerta pensó lo peor, en que quizá había llegado algún caso urgente, así que dio instrucciones al personal que estaba realizando guardia con ella y mientras se acercaba a la salida se retiró la ropa quirúrgica y la depositó en un contenedor especial.
—Hola buenas noches, ¿Qué ocurre Berta?—, dijo un poco inquieta al observar a aquel hombre que se encontraba con ella, alto, de barbilla esculpida, labios gruesos, nariz aguileña y unos increíbles ojos grises que se asemejaban al hielo, no podía quitarle los ojos de encima como si algo le atrajera de manera incontenible.
Bricio al fin pudo ver en persona la mujer de sus sueños y no podía creer la exactitud de cada detalle que coincidía, su piel lechosa, las pecas que bañaban sus mejillas, el cabello rojo que se moría por sentir su textura suave, se excito de inmediato, su reacción fue totalmente instintiva como un choque total a sus sentidos, si pudiera la tomaría allí mismo, pero debía ser paciente, con ella no podía usar sus dones de hecho había intentado entrar en su mente apenas salió por la puerta y no lo logro, le ordenó a la enfermera mentalmente que se fuera y olvidara todo el evento.
De manera inexplicable vio a Berta retirarse sin decir una palabra, así que se dirigió al desconocido, —¿usted necesitaba algo?, vi que llegó con Berta, ¿tiene un hijo en esta área?
—En realidad Ann, estoy aquí porque eres mi destino, te estoy siendo totalmente honesto, llevo toda la vida esperando por ti y necesito que me aceptes, que seas mi reina y me ayudes a gobernar mi mundo.
—Jajaja, es una forma muy creativa de ligar o usted consumió algún alucinógeno, estoy muy ocupada para estas bromas, así que mucho gusto señor…
—Bricio, mi nombre es Bricio—, y la tomó del brazo, ella de inmediato sintió como si un rayo le atravesara el cuerpo y se le erizo la piel, para él fue mucho más devastador como si se reconociera en su cuerpo, en su sangre, su ADN.
—No puedes…—, fue lo último que pronunció antes que él le impregnara con la posición haciéndola desmayar cosa que no pasó desapercibida ante el personal de vigilancia, el la cargo sobre sus hombros y caminó rápidamente así la salida interfiriendo en las mentes de quienes se encontraban a su paso para que le dejaran escapar y borrar tal recuerdo, sin embargo, no podía manejar las de todos los que se encontraban en el hospital por ello se vio perseguido por algunos vigilantes y posteriormente la policía, cuando llegó a la camioneta de Thomas la persecución estaba en su apogeo.
—Por favor Thomas arranca de inmediato—, se pusieron en marcha y las sirenas alertaban de que algo ocurría lo que sumaba más personas que veían lo que pasaba con atención así que Bricio grito alterado, —Mantén el curso, voy a crear una ilusión de un derrumbe para que no continúen tras nosotros.
Y en poco minutos se encontraban solos por el camino oscuro que les llevaba aquel paraje inhóspito lleno de mística, su punto de partida era la cabaña pero les esperaba un largo camino a la gruta donde se escondía el pasaje mágico, hasta ese momento su misión era sumamente delicada y estaba en riesgo así que debían ser rápidos y sin dejar el menor rastro que les pudiera llevar a ellos, Thomas en silencio esperaba le dieran la oportunidad de volver aquella diosa que le había impactado, no sabía nada de ella pero a la vez sentía que lo sabía todo, estaba prohibido para él por ser el guardián pero se conformaba por al menos verla a distancia.