POV. BENJAMÍN.
― ¡MALDICIÓN!
― ¡Vaya!, te presentas con una palabrota cabeza dura… eres un imbécil de cabo a rabo.
Protestó el abuelo mientras yo empujaba su silla de ruedas en dirección a su estudio. Tal como había iniciado nuestra ultima discusión, solo que sin la silla de ruedas.
“Abuelo ahora no” pensé con creciente furia, pero callé. Yo tenia motivos para protestar de esa manera luego de qué el abuelo se obstinara en retomar el asunto de aquella muchacha. Ya le había hecho saber con suficiencia que no la encontraba especialmente agradable, si embargo él pesadamente volvía a traerla a memoria a pesar de que ya no importaba mas.
Era cierto que aquellos ojos café lo dejaban a uno sin aliento inspirando una atracción instantánea y seductora, pero su desaliñada presencia dejaba en claro su posicion y ponía en evidencia que no se trataba de otra cosa mas que de una mugrienta caza fortunas interesada en ganarse el favor del abuelo con subterfugios obsoletos como todas las mujeres de su baja condición. La suya era una desagradable belleza.
De una mujer asi yo no queria ni siqueira saber el nombre.
Benjamín Blackwell jamas iba a coincidir con esos parias de la sociedad.
―Lo siento abuelo ―le dije para tratar de calmarlo.
Lo que realmente yo queria era estallar y salir de ahí, pero debía mantener la compostura si de verdad pretendía cumplir mi cometido tranquilizando a quien era para mi, el patriarca de mi familia. De esa misión dependían demasiadas cosas como para arriesgarme a un resultado negativo por culpa de mi impulsividad.
Por esa misma razón había corrido a socorrerle con tan buen animo cuando me informaron de su ingreso en esa pocilga que mal tildan de centro medico. Necesitaba con urgencia recuperar la buena voluntad de mi abuelo y por ello había mantenido una disposición afable desde entonces obligándome incluso a reprimir mi furia.
―Abuelo por favor, ya fue suficiente con el susto de ese nuevo ataque. Entiende que los medicos no se han visto muy animados con el diagnostico esta vez.
―¡bahhh! ―bufó con desgano. Igor, mi abuelo, era un hombre honorable y recto, pero no terminaba de asimilar que su mejores años habían quedado en el pasado―, ahora lo único importante es que estoy de vuelta en casa…
―Y que todo vuelve a la normalidad ―me aventuré a decir como una tentativa exploración a su animo, pero irremediablemente mi abuelo reaccionó sin inmutarse, para recordarme el motivo que le había impulsado a dejar la casa como acto de rebeldía tras nuestra ultima discusión esta mañana.
―No hay nada de normal en lo que ha estado ocurriendo Benjamín… ya es tiempo que reacciones de tu imbécil comportamiento y escuches a tu abuelo.
―No volveré a tocar ese tema ―le corté sin llegar a ser grosero, pero lo suficientemente firme como para dejar en claro que de mi parte no había nada mas que decir respecto a ese tema.
Le había dado la espalda para abrir la puerta de roble nacarado de su despacho, pero al girarme me encontré con el rictus de seriedad en el rostro del abuelo.
―Ya me cansé Ben… ese tipo de escándalos…
―¡Que son calumnias! ¡Joder! ―repetí lo que había dicho desde la primera vez, sin embargó me encogí de hombros instintivamente. No había manera de estar seguro de nada y yo solo queria defenderme.
Los recuerdos eran nublados y borrosos.
En un momento estaba comiéndome la boca de una princesa que agarró mi polla como toda una diosa en la oscuridad del baño en el club de Tom y al siguiente instante estaba con la respiración entrecortada por las tetas de la chica que el imbécil de mi amigo me lanzó.
Los rumores hablaban de “Orgia salvaje y bestial”, pero yo estaba mas que seguro de que solo se trataba de titulares sensacionalista y que buscaban vender por el morbo que mi nombre despertaba.
Obvio que yo había participado en orgias, pero esa noche bebí tanto que no tuve la pertinencia de mantenerme en un bajo perfil por lo que los rumores se expandieron como polvora y el abuelo estalló como una reacción en cadena. Su paciencia esperando mi ansiado matrimonio parece haber llegado a su limite.
―Ya no voy a tolerarlo mas ―sentenció el abuelo Igor clavándome la pesada mirada de sus ojos grises que eran la mayor herencia del apellido Blackwell.
Con un gesto cansado solté el aire de mis pulmones y me acerqué hasta quedar justo delante de él. Al abuelo yo lo amaba como a nadie en el mundo. El había sido mi ancla en el momento mas difícil de mi vida, cuando yo sentia que no podría vivir un dia mas tras la muerte de mis padres. El se había hecho cargo de mi y se convirtió en mi faro de luz; gracias al abuelo y a los tios Jade y Bruce, yo era el hombre que era.
Si yo podía inclinarme delante de alguien era de él.
Doblé mi rodilla y me quedé a su altura. Le miré fijamente y con un nudo en la garganta acepté mi derrota.
―Abuelo, después de verte en esa cama del hospital he sentido miedo… sé que el tiempo es algo que no nos pertenece y que por sobre todas las cosas yo quiero que tu seas feliz, por eso necesito que sepas que he decidido aceptar tus términos abuelo: Voy a casarme.
Al dejar ir esas palabras que salieron de mi boca, sentí como me faltaba la respiración. Semejante atrocidad pronunciada por Benjamín Blackwell era la mas aberrante de las herejías. Yo no podia sucumbir de esa manera, me habría dicho Tom, pero era el legado de mi familia lo que estaba en juego, no podia arriesgarme a perder la herencia de mi familia.
Levanté la mirada y esperaba encontrar la aprobación de una mirada feliz, sin embargo, sus fríos ojos grises seguían manteniendo la dureza que solo Igor Blackwell podia esgrimrir.
―Lo siento Benjamín, las reglas han cambiado… ahora no solo se trata de casarse.
―¿Qué… que estas tratando de decir…?
―Debes casarte, si, pero no con cualquiera… Vas a casarte con Brisa Soriano.
―¡¿Con la indigente?! ―grité con tanta sorpresa como el desagrado que me invadió apenas escuchar esas palabras, pero los dados ya estaban jugados, el abuelo terminó cualquier oportunidad de discusión dejándome en claro que el juego acababa de comenzar.
―Mas te vale que encuentres la manera de contactarla y convencerla. El nuevo testamento esta listo para firmarse a finales de este mes… eres tu o es la fundación de apoyo a los niños con cáncer… está en tus manos.
Con una rodilla hincada en la alfombra del pasillo me quedé viendo como el abuelo por sus propios medios se levantaba de la silla con el apoyo de su baston para alejarse en el interior de su despacho.
Cuando la puerta se cerró supe que no había manera de volver atrás.
*******
Cuando la encontré estaba sentada en la sala de espera de una agencia de empleos. Ahora iba vestida con un blusa que en algún punto del pasado debió ser de un blanco elegante. Por lo menos ahora estaba bien peinada y arreglada. No podia evitar esa sensación de haberla conocido antes.
Me llené de valor para autoinmolarme en ese sacrificio que el abuelo me había impuesto como condición para poder ser su principal heredero, sin embargo nadie me advirtió que la caza recompensas resultara una obstinada y testaruda chiquilla.
―No tengo nada que hablar con usted señor ―Me cortó en el acto con un gesto de soberbia acompañado del movimiento circular de sus ojos sin siquiera esperar a lo que yo le tenía que decirle.
Me quedé helado y a punto estuve de ponerla en su lugar como ella se lo merecía después de haberme humillado de esa manera delante de las demas personas que estaban en esa pequeña sala de estar.
Antes de eso tenía aa en mi cabeza la idea de invitarle a tomar un café o algo por el estilo y tal vez acordar un matrimonio de conveniencia para ambos, pero obviamente, después de semejante desplante ni de broma iba a decirle: “Hola, soy Benjamin Blackwell ¿Quieres charlar conmigo?,” arriesgándome a una segunda humillación, por lo que cambié de estrategia.
―Usted tampoco me agrada señorita bri… Brisa, pero el abuelo…
―¿Cómo se encuentra el señor Igor? ―Me preguntó con interés, interés que di por fingido en el acto.
―Ese es el asunto señorita: los médicos le han dado un pronóstico poco prometedor y actualmente requiere de cuidados especiales, por eso creo que le convendría escuchar lo que tengo que decirle.
―No quiero escucharlo ―me escupió en la cara cruzando nuestras miradas con una intensidad que me erizó los vellos de la nuca.
―Le conviene ―espeté mientras sacaba de mi bolsillo una tarjeta con mi numero de teléfono―… usted esta buscando un empleo ―le dije señalando la oficina del gestor de empleos de la agencia―. Olvídese de eso, llámeme si de verdad quiere vivir como una persona decente.
La testarudez de Brisa quedó latente en el tiempo que me dejó con la mano estirada esperando. Estuve a punto de retirar mi oferta y retirarme de ahí arriesgando a perderlo todo con el abuelo, pero por suerte al último segundo, la niñata estiró una delicada mano y tomó la tarjeta de mis dedos.
Por un infimo segundo nuestra piel interactuó de una manera insoportablemente deliciosa.
Su desagradable belleza estaba amenazando con detonar de maneras que no queria ni podia permitir.
―Llámame ―Fue lo último que le dije.
Me gire y salí de ahí.
No era eso justamente lo que el abuelo me había pedido, pero por lo menos ya había lanzado la carnada.
Ahora solo debía esperar que mi plan funcione. La ambición la iba a traer hacía mí, de eso estaba seguro.