El día siguiente llegó, Hassam había rondado por mi mente todo el día y toda la noche. Al instante que ví a Sheyla, no hice más que hablar de él hasta el cansancio.
Era todo un misterio por resolver, y de solo estar en presencia de él hacía que tu pulso se acelerara y respiración se cortara.
Ella pasó por mi como lo solía hacer todas las mañanas, al verle se le miraba cansada y un tanto enferma.—¿Estás segura que estás lista para regresar a clases?—Pregunté al ver su semblante.
Ella me miró, sonrió de lado y tomó una vez más el volante.—No me siento bien, pero ya sabes cómo son mis padres, ni siquiera estar así me impedirá adquirir conocimiento.—Continuó.
Cerré la puerta del automóvil y ella encendió el automóvil hasta acelerar y marcharnos de ahí.
—No vas a creer lo que te voy a contar.—Susurré apagando la radio y guardando todos mis cuadernos dentro de la mochila.
—¿Qué hiciste ahora, Layla?—Preguntó mirándome con una sonrisa.
—Hassam me trajo a casa.—Solté sin más. Y un golpe en seco haría que pusiese los ojos en blanco. Sheyla detuvo el automóvil inmediatamente y me miró.
—¿¡Hassam que hizo qué!?—Preguntó una vez más.
Yo la miré confundida, no esperaba una reacción tan abrupta.—Era tarde, venía caminando y pasó por mi. Estuvimos hablando un poco, pero la verdad dejó más preguntas que respuestas.—Balbuceé rápidamente.
Sheyla respiró hondo y pegó suavemente sobre el volante.—Layla, Layla.—Susurró.—Hassam es muy extraño, puede ser peligroso, ahora sabe dónde vives.—Continuó.
—No lo hice, ya lo sabía.—Respondí rápidamente.—Llegó directo a casa, en serio estaba más confundida que tú ahora.—Balbuceé en defensa.
Ella respiró hondo y aceleró una vez más.—Ten cuidado, Layla. Hassam no parece ser una buena persona, no solo tiene dinero, poder y fama, también tiene muchos secretos y una extraña personalidad. No caigas en sus juegos.—Advirtió.
—No caí en su juego, solo acepté que me llevara a casa, era tarde y estaba lloviendo. No contaba con que por alguna extraña razón, sabía dónde vivía, sabía mi nombre y sabía que eres mi mejor amiga.—Continué.
Ella guardó silencio y respiró hondo, no despegó nunca más la mirada de la feria carretera. Yo tampoco tuve el valor de hacerlo. Por alguna razón, Sheyla sabía algo que no era capaz de decirme, no estaba ni cerca de la reacción que esperaba de su parte al contarle sobre mi gran encuentro con Hassam.
Una vez detuvo el automóvil, ambas bajamos y nadie dijo nada. El automóvil de Hassam pasó ante nosotras, bajando su velocidad y luego acelerando hasta encontrar un lugar.
—Extraño y peligroso, no es buena
combinación, Layla.—Advirtió una vez más al ver lo que sucedía.
Me hice de oídos sordos y negué, aquel encuentro sería probablemente el único que tendría con Hassam, no había porqué preocuparse.
Una vez dentro, la mirada de todos se fijó en nosotras, habían murmullos y palabras sin sentido.—¿Qué sucede?—Pregunté en un tono bajo cerca de Sheyla.
—No lo sé, deberías decírmelo. ¿Ocurrió algo más con Hassam que no quieras decirme?—Preguntó preocupada.
—No, te lo prometo que no. Nunca te guardo secretos, mucho menos si de Hassam se tratase.—Dije rápidamente.
—¿Sobre mi?—Dijo su voz tras nosotros.
Y entendimos que las miradas no iban hacia nosotras, iban tras nosotras dónde caminaba Hassam.
Mi pulso se aceleró una vez más y me detuve en seco. No podía ser cierto, me había oído.
—No hablaba de ti...—Intenté excusarme.
—Hablaba de un primo.—Continuó rápidamente Sheyla.
—Conozco a toda tu familia, Sheyla. Todos son venezolanos y asiáticos, no hay árabes contigo.—Defendió.—Pero Layla,—Dijo tomando mi brazo.—Recuerda sobre lo que te hablé, «Privacidad».
Y se marchó.
Solté el aire que llevaba en mis pulmones de manera inconsciente y miré fijamente a Sheyla.—¿Pero qué demonios?—Pregunté confundida.
—Te dije que habías caído en su juego.—Dijo rápidamente.—No dejes que te envuelva, Layla. Son solo palabras, juegos y su extraña forma de ser.—Dijo sin más.—Vamos, es tarde para ir a clases.
Sin más palabras, ambas caminamos hasta el aula, pero una vez allí, mis ganas de ir al baño llegaron.
—Paso al baño rápido y regreso, guarda un asiento para mí.—Dije rápidamente.
Ella bufó, entró y corrí al baño. Una vez dentro, hice pipí, lavé mis manos y peiné una vez más mi cabello.
Tomé mis cosas y salí. Él estaba allí, recostado de la pared, mirándome fijamente.
No hice nada, tampoco me acerqué, inclusive caminé lejos de él. Pero él siguió mis pasos de manera inmediata y habló a mi oído.
—Layla.—Susurró haciendo que mi cuerpo tuviese un escalofríos repentino.
—Aléjate, no quiero que los rumores sobre nosotros comiencen.—Me excusé rápidamente.
Él rió con sarcasmo y tomó mi brazo.—¿Nosotros? No hay un nosotros.—Respondió rápidamente.
—Déjame ir, se me hará tarde para ir a clases.—Me defendí una vez más.
—¿Qué quieres? ¿Respuestas?—Preguntó sin cuidado.—Puedo darte respuestas, pero debes verlas por ti misma.—Continuó.—Pero siempre recordando que lo que ocurre entre dos, queda entre dos.
Yo solo reí y salí de sus brazos.—No entiendo éste juego raro que tienes, Hassam.—Dije sin más.—Pero no quiero ser parte.
Una vez más rió.—Deja de mentirte a ti misma, sé que quieres respuestas y te las daré. Te espero a la salida, excúsate con Sheyla y demos un paseo. Prometo portarme bien.—Susurró en mi oido antes de desaparecer por el largo pasillo.