Por un instante, solo por ese instante, dejé de ser Layla. Borré mis recuerdos, mis movimientos y todo lo que conocía, tomando el poder que consideraba no tenía y convirtiéndome en Christian Grey femenino.
Mi mirada se mantuvo fija ante la de él, traté de no verme vulnerable, mucho menos inexperta. Si quería meterme en el mundo de Hassam y obtener respuestas, tenía que saber hacer mis movimientos.
Mi pecho subía y bajaba, mi mirada bajó hasta su pecho, al igual que el mío, subía y bajaba. Sentía que lo hacía bien, sentía que tomaba el control.
—De rodillas.—Dije firme sin quitar mi mirada de él.
Me sentía un poco tonta o fuera de lugar. Dando órdenes como alguien extraño, dando órdenes a un hombre que doblaba mi tamaño, me sentía pequeña, me sentía vulnerable. Pero simplemente, debía fingir que no.
Me miró una vez más fijamente y otra vez, volví a ordenar.—De rodillas, Hassam. No me hagas decirlo una tercera vez.—El sonrió de lado y poco a poco bajó hasta quedar de rodillas ante mi.
Una vez abajo, me miró siempre, quizás esperando una segunda orden.
Bajé hasta mis zapatos, soltando el cordón y sacándolo de allí, mirándole fijamente pidiendo sus manos para ser atadas con cuidado.
Me miró una vez más y obedeció, extendiendo sus brazos frente a mi y uniendo sus muñecas. Yo pasé el cordón una y otra vez, haciendo un nudo que le dejó completamente inmóvil.
Así él de rodillas ante mi, de manos atadas, tomé la valentía de dar dos pasos atrás.
Jamás despegó su mirada fija ante mi, poco a poco quité mi chaqueta, dejándola caer por completo. solté mi cinturón y desabroché mi pantalón.
Su pecho comenzó a subir y bajar ahora con más fuerza. Era una señal de que estaba haciendo justo lo que él quería, y eso, me encantaba.
Allí me olvidé de complejos y miedo. Me olvidé de ser la víctima y la invisible. Por primera vez tenía el control de algo y de alguien, y debía confesar que sus palabras eran verdaderas, se volvía una obsesión.
Poco a poco quité mi camiseta, quedando en ropa interior ante él. Dejando caer mis pantalones y quitando mis zapatos.
Ahora aún en silencio, me miró de arriba abajo manteniendo su respiración fuerte.
Fue entonces que comencé a hacer lo único que sabía.
Quedé de rodillas ante él, finalmente dejé caer mi brasier y poco a poco, saqué mi ropa interior.
Ahora estaba ante él, completamente desnuda, completamente vulnerable. Y sin importar nada, se sentía increíble tomar el control de mi vida y mis decisiones, al menos por una vez.
Allí frente a él, poco a poco abrí mis piernas, llenando mis dedos de saliva poco a poco, bajando desde mi pecho hasta mi vientre y finalmente humedeciendo mi zona íntima.
Lo miré una vez más, sus manos se apretaban con fuerza y su mandíbula se marcaba sin cuidado. Sentía el poder, sentía el deseo, sentía el control.
Introduje mis dedos dentro de mi, adentro y afuera, de lado a lado, buscando el placer, el deseo y la comodidad que mi cuerpo imploraba.
Gemidos ahogados, deseo y pasión. No estuve ni un instante, y solo me acerqué aún más a él, prohibiendo por completo que llegase a tocarme.
Allí seguí, hasta que finalmente, un gemido que no pudo ser contenido, una arqueada en mi espalda y un cuerpo en orgasmo.
Saqué mis dedos, reí y quedé allí sobre el suelo. Mirando fijamente el techo y olvidando por completo que él estaba allí.
Fue entonces hasta que sentí como forcejeaba hasta quitar aquel cordón. Cayendo sobre mi cuerpo desnudo rápidamente y mirándome sin cuidado.
Su pecho subía y bajaba con fuerza.—Layla, Layla.—Susurró ahora tomando mi cuello con fuerza.
Le miré fijamente y reí.—¿Entonces? ¿Pasé la prueba?—Pregunté con mi pecho subiendo y bajando, tratando de ocultar todo lo nerviosa que estaba, pero lo increíble que se sentía.
Él rió y pasó su lengua desde mi cuello hasta mis cachetes.—¿Tu qué crees? ¿quieres saberlo?—Preguntó tomando una de mis manos y llevándola desde su pecho, abdominales y cinturón del pantalón.—¿Segura que quieres saber que tan bien lo hiciste?—Preguntó una vez más.
Yo asentí poco a poco, y finalmente él introdujo mi mano dentro de su pantalón. Grande, gruesa y erecta. Él y todo su cuerpo, daban finalmente el visto correcto.
Yo reí.—¿Pasé la prueba?—Pregunté una vez más.
—Te graduaste con honores, Layla. Vaya sorpresa que me has dado, la chica virgen tiene mucho bajo la manga.—Susurró ahora sacando mi mano de él y poniéndose otra vez de pie, observando mi cuerpo de arriba abajo una y otra vez.
—¿Te gusta lo que ves?—Pregunté llevando mis manos tras mi cabeza.
—Nos encanta.—Susurró mirando su entrepierna.—Tienes razón, Layla, quizás no seas tan mala para ésto. Hay mucho más de lo que debes saber, pero también estoy dispuesto a enseñarte. Ahora, la siguiente pregunta, ¿tu estás lista para aprender?—Preguntó una vez más.
Yo sonreí y le miré fijamente poniéndome de pie ante él.—Mi cuerpo y yo, te agradeceríamos agradecer.—Susurré cerca de él.
Sus manos rápidamente se fueron a mi cuello, pegando mi cuerpo contra la pared con firmeza. Ahora bajando sus manos desde mi garganta, pasando por mi pecho, jugando allí y bajando poco a poco por mi abdomen.
—Ésto es más que un juego, Layla. Quiero que entiendas y aceptes todas la condiciones antes de seguir. Y para eso, debemos hacerlo estando los dos vestidos, tener así simplemente es una distracción.—Susurró finalmente alejándose.
Yo asentí y poco a poco fui vistiendo mi cuerpo ante él. Prenda tras prenda, evitando de momentos tener su mirada fija ante la mía.
—¿Entonces soy una distracción, Hassam Vali?—Pregunté acercándome finalmente a él estando ya vestida.
Él rió y negó.—Un cuerpo desnudo claro que es una distracción, Layla Hernández. No te creas más de ahí. Primero lo primero, hablemos con cartas sobre la mesa.—Insistió.—Sígueme.