Manuela
Su voz atraviesa mi alma y me estremece, Axel estaba llenándome de nuevas emociones, de lujuria y deseo de lo prohibido. Pero, tengo miedo, no quiero enamorarme y condenarlo a la muerte, si Gonzalo se entera, acabará con él y con todos aquellos que osen posar sus ojos en mí. Sin embargo, ya es tarde, mientras más lo miro, más se mete en mi alma. Cierro los ojos y camino a la salida.
Estoy por marcharme cuando Miranda aparece por la puerta principal.
—Señorita Manuela, que alegría tenerla por aquí — expresa emocionada.
—El lugar está repleto—Sonrío— ya me iba— tratando de justificarme para abandonar el local.
—Venga conmigo— Me tomo de la mano y atravesamos el gentío— le quiero presentar a un amigo de la familia, seguramente usted puede ayudarlo, está buscando trabajo extra. Usted sabe, la necesidad nos ahorca muchas veces, es muy trabajador, educado, responsable, guapo y cocina muy bien.
Sigue hablando maravillas de su nuevo amigo y no pude prestarle atención porque todos mis sentidos están enfocados en Axel y al salir del tumulto pude verlo, nuestras miradas se cruzaron por un segundo, ese escalofrío incontrolable me recorre entera haciéndome estremecer. Las sensaciones extrañas volvieron y esa mirada bendita parecía desnudarme, su voz dulce resuena en mi cabeza haciéndome soñar. Pasamos de largo y no pude observar a mis amigas, supongo que estaban por ahí perdidas entre los fans de Axel.
Al llegar a la cocina Miranda me lleva a una de las sillas que están cerca de una de la mesa donde se hace el emplatado de las preparaciones. Fermín y Carmen tarareaban la canción en tanto seguían en sus ocupaciones.
—Lo siento Miranda, no puedo estar ahí, incomodaré a tus padres.
—Por favor quédese, ya falta poco para que lo conozca.
En eso sus padres se acercaron a saludarme, ya no tenía escapatoria.
—Señora Manuela—Me saluda emocionado Fermín— ¡Dichosos los ojos que la contemplan! ¿No me diga que no hay lugar allá afuera?
—Está totalmente saturado Fermín— Por eso pensé en retirarme—la perfecta excusa— Aquí solo incomodo—sonrío.
—Para nada Manuelita, esta es tu casa, siempre serás bienvenida—Agrega Carmen poniendo una mano en el hombro de Fermín.
La canción dejó de escucharse y los aplausos ensordecedores envolvieron el lugar, luego Axel atravesó la puerta de la cocina cargando consigo una luz deslumbrante. Mi corazón se paralizó, tanto Miranda como Fermín y Carmen se acercaron para felicitarlo dejándome con la boca abierta. De pronto sus ojos se posan en mí y siento que floto en el aire, tengo que esquivar esa mirada de ángel para poder entrar en razón. Seguidamente Miranda se acerca a mí con Axel tomado de la mano.
—Señora Manuela, él es mi amigo Axel, está trabajando aquí, espero que pueda ayudarlo —Nos deja solos.
Axel me mira sonriendo un tanto nervioso.
—Cuando Miranda dijo que, conocía a una mujer importante que podría emplearme, no pensé que fueras tú.
—Cosas de la vida— expreso dibujando una ligera sonrisa, cuando lo que deseo es lanzarme a sus brazos y dejar que me haga el amor.
—parece que le destino quiere seguir juntándonos.
Nos miramos unos segundos sin expresar nada hasta que apareció Fermín.
—Disculpe señora Manuela—Un tanto apenado — Pero Axel necesita volver al trabajo
— ¡Oh lo siento! —Reaccionando— No pretendí quitarle el tiempo, solo le expresaba a Axel que puede llamarme—busco una tarjeta en mi cartera—llama cuando quieras —Mirándolo emocionada—veré que puedo conseguirte —extendiéndole la tarjeta.
—Muchas gracias—Recibiendo la tarjeta y guardando en su chaqueta.
Fermín se emociona al saber que estaba en mis planes ayudarlo, sin duda le habían tomado mucho aprecio en el poco tiempo que llevaba trabajando con ellos.
—Es un chico trabajador, responsable y honrado—menciona deslizando la mirada hacia la cocina, donde Axel colocándose el delantal se disponía a preparar arroz chaufa —Y tiene buena sazón, además dedica un poco de su tiempo a cantar, que es lo que más disfruta hacer—Suspirando— Es bueno para el negocio—Sonríe.
—Me imagino. Es la primera vez que siento el local a punto de explotar, estaba por retirarme, pero Miranda me trajo aquí y…
—Siempre habrá un lugar en esta humilde casa para ti, eres parte de nuestra familia — me declara.
Y sin proponérmelo me cuenta algunas cosas de Axel que no presté mucha a tención por estar perdida en sus gestos bonitos que hacía mientras mezclaba los ingredientes en esa gran sartén.
Instantes después aparecieron mis locas amigas.
—Hola, hola, familia—Grito Ankly—Esto parece una fiesta.
—Buenas noches, familia ¿no saben? Afuera esta de locos—manifiesta Catalina.
—No hay mejor noticia, el local está en una de sus mejores noches— Habla emocionada Carmen antes de abrazar a las chicas.
Nos quedamos un rato en la cocina, sin embargo las chicas se la pasaron suspirando y coqueteando con Axel. ¡Qué vergüenza! Y que rabia, yo tengo que contenerme.
—Se nota que están solteras y por falta de macho en la cama— me susurra Carmen.
—Tres Chaufas más aquí, papacito — grito Ankly.
Poco después, él mismo nos trajo a la mesa las tres porciones de arroz.
Luego de probar su sazón, estoy completamente derretida de amor.
—Si así de rico cocina, no quiero imaginármelo en la cama— Susurra catalina.
—Ya se me aflojo el calzón— Suspira Ankly — tengo que contratarlo de chef personal.
Axel volvió a cantar a las ocho y media y salimos a buscar un lugar en la cafetería, para nuestra buena suerte una mesa estaba a punto de desocuparse y tomamos a prisa. Las horas pasaron rapidito sin darme cuenta pasaban de las nueve. Axel haría una última presentación para el deleite de las chicas presentes, antes de retirarse es anoche.
—Se nota que te trae de un ala—Dice Ankly codeándome
— No digas locuras— sonrío delatándome.
— ¡Vamos amiga! Estás más perdida en su mirada que cualquiera de las chicas aquí presentes, parece que estás viendo al mejor cantante del universo— se burló Catalina.
Luego de oír cantar a Axel por última vez, abandonamos el sitio, no sin antes despedirnos de la familia y de él.
—Hasta pronto, señora Manuela— declara acercándose para dejar un beso en mi mejilla, esa mirada penetrante me roba el aliento.
—Ha-hasta pronto— susurro con esfuerzo deseando besarlo otra vez, pero, ahogando un suspiro doy media vuelta para escapar de esa tentación, cuando siento que toma mi mano y me arrastra de vuelta a su cuerpo.
Me envuelve entre sus brazos y acera sus labios a mi boca sin dejar de mirarme con dulzura. No hizo falta las palabras, ambos buscábamos alimentar el alma con el fuego de esa pasión prohibida. Los segundos pasaban y me perdía más en ese cielo del placer.
—Axel, solo quería… — se escucha la voz de Fermín a su espalda. Lo buscaba y no esperaba encontrar esa escena —Lo siento— expresa retirándose de inmediato.
Ni siquiera el ser descubiertos hizo que nos separamos abruptamente.
—Lo siento— susurra Axel aun manteniéndome sujeta por la cintura —. Es que no podía dejarte ir sin volver a besarte.
Nada más suspiro y me pierdo en su mirad a unos segundos, hasta que Ankly aparece.
—ya estuvo bueno de matar de hambre a los pobres necesitados de amor. Debemos irnos. Adiós Axel— dice tomándome por el brazo mientras se despide con una sonrisa del chico lindo.
Luego de salir del local, subimos al auto donde escucho todos sus reclamos por ser mala amiga y robarle a su amor platónico. Y también sus consejos para esta nueva etapa riesgosa en mi vida.
—Aunque no quieras contarnos los detalles de tu vida matrimonial, sabemos que no amas a Gonzalo. Cuentas conmigo para esta canita al aire. — fórmula Ankly.
—También cuentas con mi apoyo, pero, no me parece correcto que vivas así. Primero termina con ese viejo y luego puedes disfrutar de ese amor bonito que crece entre ustedes. Axel es un buen chico y no se me hace que pague las consecuencias de los celos de Gonzalo. Sin contar que tú también te pondrías en peligro, esa familia es de temer —manifiesta Catalina.
Tienen razón, estoy poniendo peligro la vida de ambos, quizás más la de él. Por el momento no puedo mandar al diablo a Gonzalo, ni mostrar mi afecto en público por Axel, desde ahora tengo que actuar con cautela. Minutos después estoy llegando a mi casa, luego de dejarlas a ellas es el camino.
Al abrir la puerta y una extraña sensación de miedo me paraliza “¿Por qué será?” pienso, quizá mi conciencia me jugaba una mala pasada. Al entrar veo una sombra sentada en el sofá, doy por hecho que es Julia quien se estaba desvelando. Cierro la puerta y la voz de Gonzalo me hiela la sangre.
—Gon- Gonzalo ¿Qué sorpresa? —Intento disimular con una sonrisa nerviosa.
—Hola, amor, parece que no te da gusto verme—Se acerca y me deja un beso en los labios.
—Es que me asustaste—Sonreí ligeramente— No te esperaba.
— ¿De dónde vienes tan tarde? — interroga molesto.
—Fui al cine con las chicas—Dije alejándome de la puerta, no quería mirarlo de frente y mentir.
— ¿Al cine? —me sigue.
—Disculpa, no sabía de tu regreso, sino que les decía que no podía ir. —Subo rápidamente las escaleras hacia mi habitación.
—¿Siempre haces esto?
— ¿Qué cosas? —Me detengo.
—Llegar tarde a casa, salir con tus amigas, dejar sola la empresa…
— ¿Qué? —Giro para mirarlo — ¡claro que no! — me molesto— ¡Discúlpame! Pero Frank lo sabe, salí 5 minutos antes, pregúntale si quieres, es la primera vez que salgo a un lugar diferente que no es la casa, si eso te molesta tanto, ponme un rastreador. —sigo mi camino a la habitación — Creí que cuando mencionabas que hiciera algo diferente era en serio, sin embargo ya veo que solo lo dices por compromiso.
—No te molestes amor, — me toma del brazo para detener mis pasos acelerados — solo que…
— ¿Solo qué?, ¿No tengo derecho a salir aunque sea una vez de la rutina?, solo una vez, ni siquiera es todos los días, es la primera vez que voy al cine sin ti, ¿Quieres que enumere las veces que me has llevado?, solo una vez.
— ¿Estás reclamándome?
— ¡Claro que no! Solo expreso que haces un escándalo por una simple salida
Entro a la recámara y dejo el bolso sobre la cómoda, me saco los tacones y Gonzalo sigue en su plan de esposo dulce tratando de reparar el daño cometido.
—Amor—me abrazo por detrás —No te pongas así, te amo, solo tengo miedo de…
— ¿De qué? —me aparto lo aparto—decláralo, crees que soy como tus amigas, que cambian de hombre como cambian de ropa interior, parece que no me conocieras.
¡j***r! Me escucho como una actriz profesional en mi mejor interpretación.
—No expreses eso mi cielo —Me gira para abrazarme —Sabes que te amo, solo tengo miedo de perderte, es todo.
Luego de esa mentira iniciada, la conversación se prolonga un poco más. Gonzalo se muestra apenado o al menos aparenta muy bien, supone que no sé, qué tras esa fachada de hombre dulce, se esconde una verdadera bestia que temo tanto despertar.
Poco después ya estábamos en cama, cuando vuelve a preguntar lo que pasó el viernes en mi cumpleaños, es como si quisiera que cayera en contradicciones y poder indagar más y más hasta descubrir la verdad. Gracias a Dios mantengo la calma y cuento de memoria la mentira que le había manifestado.
—Nada interesante—Acomodo la almohada— En casa, viendo una película de estreno con Julia y las chicas
— ¿Así?
— ¡Sí! Y ya lo sabes ¿Por qué tengo que repetirlo otra vez? Piensas que salí a una fiesta pintoresca y bulliciosa rodeada de hombres.
—No te molestes, creo en ti, amor— se apega a mi espalda y me abraza — Tienes derecho a una vida sin mí, pero lo que no soportaría es que me mientas, lo sabes ¿verdad?.
—Lo sé, sin embargo también deberías confiar en tu esposa.
Entre la charla, que más pareció un interrogatorio, empezó a ponerse caliente, sus besos sobre mis hombros y el cuello, sus manos acariciando mis pechos.
—No tengo ganas —murmuro.
—La cláusula de tu contrato dice que puedo hacerte mía en tu cumpleaños a partir de los veinticinco años ¿lo olvidaste?
Cierro los ojos y dejo que pase el momento, que se inició con un beso asqueroso y vacío, mientras mi cabeza pienso en Axel.
¿Hasta cuándo tengo que entregarme a un hombre solo por obligación? Sintiéndome tan vacía y sucia al mismo tiempo, fingiendo un orgasmo y las sensaciones placenteras de un beso o una caricia.