Axel —recuerdo
No era una de las mejores épocas en esos años, la violencia estaba en todas partes y la escasez de alimentos era lo peor. La falta de trabajo y el poco salario nos obligaron a mi hermana y a mí a abandonar la escuela para buscar de algún modo el sustento diario. Tenía doce años y María Luisa dieciséis años, una hermosa jovencita que se volvió la delicia de los malvivientes y hombres adinerados de sociedad para los que trabajaba. Sin embargo, por ser la mayor se vio en la obligación de ponerse sobre los hombros a la familia, nunca debió hacerlo. Mis padres y yo trabajábamos en diferentes turnos, así que el ingreso aumento y pudimos pasar los años más difíciles con decencia como decía papá. Con el paso del tiempo ahorramos algo de dinero y mi hermana y yo volvimos a la escuela, pero a la nocturna y de esta manera rápidamente emparejamos los años perdimos fuera de las aulas escolares.
Debí sospechar algo, pero no lo hice, estaba entusiasmado con la idea de estudiar medicina y me centré en estudiar y trabajar de noche. María Luisa siguió trabajando y aportando a la casa no solo ingresos para los alimentos, también la implementó y hasta le hizo arreglos. Estudiaba Administración hotelera y de turismo por la tarde, por cuatro años no pude notar la diferencia, hasta que el punto de quiebra llegó. Volví a casa de improvisto una tarde y la encontré llorando con desesperación en su habitación. Estaba embarazada de un niño rico, hijo de un millonario donde trabajaba como cocinera. El tipo era mayor que ella y la llenaba de regalos a cambio de favores sexuales, eso le dije yo, pero mi hermana estaba enamorada, no podía juzgarla, era una chica hermosa, inocente, de buenos sentimientos que solo estaba pagando muy caro el precio de su amor.
Cuando supo que estaba embarazada fue el día más feliz del mundo, me confesó, “¿Qué mujer no sueña con tener un hijo de su verdadero amor?”
Pero él no lo veía así, no solo la corrió de la casa como un perro sarnoso, el hombre que la llenó de promesas de amor, en esos momentos no solo pisoteando su alma, también estuvo de acuerdo con acabar con la vida de un inocente a cambio de mantener intacto su apellido. Él y su padre se atrevieron a amenazarla con matarla si continuaba con el embarazo, la llevaron a una clínica y pagaron por el aborto, además le entregó mucho dinero para que se vaya lejos luego de su crimen.
El dinero lo curaría todo, incluso el dolor más grande que le estaba causando. Más, mi hermana no estaba dispuesta a perder lo único que ella consideraba bueno en su vida. Escapó en cuanto pudo y sabía que cometía el segundo peor error en su vida. Se encontraba desesperada y ahora la mujer fuerte independiente, se quebraba entre mis brazos.
Lo difícil seria hablar con nuestros padres, inventamos una gran mentira antes de estar frente a ellos. Mis padres conocían a su enamorado, un chico de la universidad del que nunca supimos más que su nombre, para conveniencia nuestra, había dejado la universidad para mudarse a otra ciudad.
—Él encaja perfecto, sé que no es correcto, pero Dios sabe que es una buena causa —le dije, convenciéndola de decir esa mentira.
Inventamos una creíble historia y nuestros padres le dieron todo su apoyo, hasta estuvieron de acuerdo en mantener en secreto el embarazo, lo suficiente hasta poder abandonar la ciudad y buscar un nuevo destino, donde criar y cuidar de un bebé. María Luisa era delgada y no fue hasta los 7 meses que el bebé empezó a notarse. Para entonces mis padres ya habían hablado con sus compadres en la sierra y viajamos allá por una temporada.
Planeamos el nacimiento y el cómo volver a Lima después de un tiempo, con un bebe en brazos para que María Luisa retomara su vida como si nunca haya estado embarazada. Todo marchaba genial, pero como no hay crimen perfecto; ellos nos encontraron.
De algún modo supieron que mi hermana continuó con el embarazo, la rastrearon y al fin estuvimos frente a frente por primera vez. María Luisa ya estaba en los nueve meses de gestación cuando la tiraron de la colina. Traté de evitarlo y él me golpeó, me defendí y con una piedra que atrapé en mi mano le hice un corte profundo en el pómulo derecho.
—Lo que acabas de hacer maldito chiquillo, lo pagaras con tu vida. —Expreso con enojo el viejo, pateándome la cara.
No supe sus nombres, sin embargo sus rostros, los guardé bien guardados en mi cabeza.
Mi hermana tuvo un parto complicado y murió en sala de operaciones, felizmente la bebé nació sana. María Luisa se había ido, sin embargo, sus perseguidores no se descansarían hasta vernos bajo tierra. Regresábamos del hospital, cuando de la nada, una camioneta nos cierra el paso sacándonos de la carretera nuestro vehículo, caímos al abismo. En las primeras 3 vueltas el auto se atoró en una piedra grande, se balanceaba y pude salir por la ventana rota. Mi padre estaba inconsciente al lado el piloto, mi madre se quejaba y la beba estaba llorando. Al salir traté de mantener la camioneta estable, me dolían los brazos, pero traté de que mamá saliera, apenas podía moverse, pero tenía aferrada a su pecho a Fernanda.
—Tómala hijo, la bebé está bien, ¡Tómala! —Haciendo un gran esfuerzo para acercarme a la ventana— mi madre estaba ensangrentada y luego de despegarse de la bebé pude observar un gran trozo de vidrio atravesado en su costado. Cuando tomé a Fernanda en entre mis brazos, el carro cayó al mar y explotó.
Una amenaza que se había convertido en una pesadilla. Los matones creyeron que el trabajo había terminado y no contaron que un chico lleno de sed de venganza y una pequeña bebé aún seguían con vida. Desde ese día mi vida ha sido muy difícil, no obstante el encontrarlos me ha motivado para levantarme tras cada nueva caída.
Durante algunos años estuve en malos pasos, me rodeé de gente peligrosa, no voy a negar que eso me ayudó mucho para llevar un pan a la mesa, también me costó unos años de libertad. Sin embargo, no estuvo del todo mal, gracias a eso, hoy estoy más cerca de conseguir la información que necesito para encontrar a esos desgraciados y destruir a toda su familia como ellos lo hicieron conmigo.
En ese mundo oscuro, conocí a TJ, un hombre peligroso, un pandillero de gran nivel y podría decirse un asesino profesional, con el paso de los años ha ido subiendo de nivel y ahora figura entre los grandes señores de los barrios más peligrosos. Cuando lo conocí era un chico como yo, ya era respetado y formaba parte de un bando en el ala norte de la ciudad. Un día tuve la suerte de ser invitado a su grupo, pasé la prueba y en unos meses me volví su mano derecha, llegado el momento la prueba final llegó.
—Después de esto Axel, serás uno de los mejores, el amo de este puto barrio, te recomendé con el jefe, no me hagas quedar mal. ¡Esfuérzate! Demuéstrales a todos de que cojones estás hecho —Me motivó aquella mañana.
Un atraco a un banco a mano armada, llevábamos meses vigilando el lugar. Nada podría salir mal, a menos que uno entre nosotros guiado por los celos nos delatara. Bryan o Simplemente “El Pichón” antes de que yo llegara fue el principal candidato para ser la mano derecha de TJ, al verse desplazado intentó sabotear la operación con la intención de quedar como el héroe ante los ojos de jefe, pero no contó con que todo se saldría de control.
— ¡Ahí Viene la poli! ¡Corran! ¡Maldita sea! ¡Corran!
Fue la voz de aleta de uno de los chicos, casi todos éramos menos de edad portando armas de fuego. El jefe y TJ huyeron delante y se perdieron entre la multitud ¿Quién sospecharía de unos señores bien vestidos en autos de lujo? En cambio, nosotros, solo éramos unos muchachitos desaliñados, con pinta de pandilleros.
La policía rodea todo el lugar antes de que podamos huir, llevaban varios años tras las pistas de TJ y el jefe y no pensaban dejarlo escapar. Nos acorralaron y solo nos quedó dejar caer las amas y levantar las manos.
— ¿Dónde está TJ?—grito uno de los oficiales.
Bryan estaba mirando en dirección al auto, el jefe estaba tranquilo mirándonos al igual que muchos curiosos.
—Muérdete ese pico Pichón —Lo obligué a mirarme con ello—Piensa bien las cosas, cada uno de nosotros sabe el precio que tenemos que pagar por la traición ¡Cobarde! —terminé gritando.
El oficial que hizo la pregunta volteo a mirar a los alrededores y lanzó el primer aviso “Sé que estás aquí TJ, entrégate o ellos pagarán las consecuencias. Tienen hasta la cuenta de 5… 1…2…3…”
Pichón se desesperó y gritó “Sal de ese auto, maldito cobarde” intento correr y le disparé, el tiro atravesó su corazón.
Vi sonreír a TJ desde el interior del auto, mientras un policía me derribaba. Los chicos y yo fuimos a un reformatorio, por 2 años. En tanto yo esperaba el juicio por la muerte de Pichón.
TJ me contrató a un abogado y solo pasé dos años en el reformatorio y un año en la cárcel cuando fui mayor de edad.
—TJ está agradecido por lo que hiciste, tienes agallas muchacho. Cuando salgas puedes volver. Te manda a decir que las puertas están abiertas para recibir a un amigo —Dijo el hombre de ley entregándome una tarjeta.
—Gracias Licenciado. Pero por ahora quiero volver a casa y empezar de nuevo. Tengo una hermanita por quien velar.
—Si necesitas trabajo, llámame —me da su tarjeta — TJ me pidió que te facilite todo lo que pidas.
—Se lo agradecería muchísimo.
No es tan malo ser un chico rudo después de todo. Sin embargo esa época quedó atrás.
Presente
Lo que me trae de vuelta a este bar de mala muerte, es mi reunión con TJ, Cuatro años seguidamente de que prometiera ayudarme a encontrarlos.
—Miren lo que trajo la marea al bar del puerto—se acercó riendo TJ sacándome de mis pensamientos— ¡A los tiempos amigo mío!
Luego del saludo cálido de la pandilla de aquellos años, nos sentamos.
—Creí que no llegaría este momento. ¿Ya tienes algo para mí?
—Por eso esas aquí Axel… lo prometido es deuda y te debía una desde hace años. No fue fácil, sin embargo, el pez gordo cayó. —Levantando un sobre en su mano
—¿Lo conseguiste?
—Siempre consigo lo que quiero. Lo que me lleva a la pregunta de ¿Por qué no me lo pediste antes?
—Por dinero TJ —Recibiendo el sobre —No haces trabajos gratis, ni siquiera si fuese tu madre.
—Tienes razón, pendejo. Nada es gratis. No podía cubrirlo todo.
Abro el sobre y me detuve en sacar los documentos, había esperado tanto por saber de él, que no sabía cómo reaccionar al conocer el nombre del hombre que destruyó mi vida.
— ¿Qué te detiene ahora hermano? —interroga Tj un tanto curioso.
—el miedo
¡A la mierda! Respiro hondo y saco todos los papeles colocándolos sobre la mesa. La rabia y el dolor se apoderaron de mí al ver la fotografía de ese maldito viejo, la cicatriz estaba ahí, remontándome a esos años tristes. Tomo uno de los documentos y leo nombres y direcciones, lugares frecuentes y tanta cosa que me mareaba, que ganas de tomar el auto, buscarlos y matarlos a todos de una vez.
—Si piensas en matarlos. No será suficiente castigo. —Dice mi amigo.
—Tienen que sufrir lentamente antes de morir —menciono arrugando el papel.
—A eso se llama Venganza, hermano. Los Rivera adoran su imperio. Destruyámoslo lentamente, que lo vean caer, que pierdan poco a poco lo que más aman —Dijo buscando algo entre los papeles—Tengo algo que quizá sea la razón de vivir de uno de ellos. El jefe mencionaba que siempre hay que empezar de abajo, quitemos un eslabón de los cimientos y observaremos cómo se desvanece todo alrededor —Mirando una fotografía.
— ¿De qué hablas exactamente?
—De Gonzalo Rivera, el primogénito heredero de la fortuna Rivera, el único capaz de destruir a su padre por amor —Puso frente a mí la fotografía.
No podía creerlo, la mujer de la foto era Manuela, mi Manuela.
—E-Es Manuela —Levantando la fotografía con mis manos temblorosas —Es Manuela.
—¿La conoces?
—Es la mujer de la que te hablé.
—Uy Hermano, te enamoraste de la mujer equivocada. Eso ya se convierte en un problema.
— ¿Qué sabes de ella?
—Se casó con Gonzalo Rivera al cumplir la mayoría de edad y desde entonces ha sido la favorita de la familia. Paso a manejar la empresa unos años después que terminara la universidad, estuvo derecho, pero esta sentada en la gerencia de la empresa más grande del país, ahora vive como una reina. Si quieres empezar a destruirlos, debes empezar por ella. —aparta la fotografía de mis manos—Es una chica hermosa en verdad, no obstante, las apariencias engañan, lo sabes de sobra. Ella debe ser igual que todos, soberbia, vanidosa, ambiciosa, explotadora de empleados y…
—No es como ellos.
—Quítate la venda de los ojos, que el estar enamorado no te ciegue.
—Averigua a fondo todo de ella — lo miro serio — Quiero saberlo todo.
—No creo que te guste leer el resultado.
—No lo sabremos hasta que lo vea.
—Bajo tu propio riesgo haré esto —me advierte—Después no me culpes por la ruptura de tu corazón.