Chloe’s POV
Por poco se me sale el corazón del pecho. Me di la vuelta de golpe y me quedé paralizada. Tenía los abdominales supermarcados, y esos bíceps y tríceps... ¡dios, me hicieron vibrar por dentro de la pura emoción!
Su piel bronceada se veía tan tersa, tan bien cuidada. Mi mirada fue subiendo despacio hasta su rostro. Al levantar la cabeza, sus ojos azules se clavaron en los míos, haciendo que me diera un vuelco el corazón.
¡Qué sensación tan rara! Jamás me había palpitado el corazón así ni con mi ahora exnovio.
—¿Qué sigues haciendo ahí parada? —habló. Al ver cómo se movían sus labios, mis muslos empapados se juntaron instintivamente y sentí un pálpito allá abajo. ¡La v****a me palpitó de la pura excitación! Solo con oír su voz.
—Ubícate, Chloe. ¿En qué carajos estás pensando? ¿Por qué diablos reaccionas así con la voz de un hombre? —murmuré para mis adentros.
—¡Acércate de una vez, perra! ¡Odio que me hagan esperar! —Su voz era profunda y, en todos los sentidos, jodidamente caliente.
Estaba sudando a mares. ¿Quién era este hombre que lograba mojarme con el simple hecho de hablar? Su voz retumbaba con tanta autoridad que dejé de pensar; solo me acerqué a él, sintiendo el roce de mis muslos húmedos.
—¿Qué no eres una profesional? ¿Por qué actúas como si fueras una novata? Ponte de rodillas de una vez y empieza tu trabajo. Ya. —ordenó.
Ni me importó la forma en que me mandó; simplemente... hice lo que me pidió, sintiendo el fuego ardiéndome en la entrepierna.
Se quitó la toalla, dejándola caer y revelando una v***a gruesa y totalmente erecta.
—¡Dios mío! —solté un suspiro ahogado—. Es enorme.
—Toma mi v***a y haz exactamente lo que sabes hacer —dijo de inmediato.
Tragué saliva en chinga, parpadeé como tres veces —o más, ya ni sé—.
Podía sentir el palpitar en mi v****a. ¡¿Pero qué carajos me pasaba?!
No tenía idea de qué demonios me ocurría, ni por qué estaba hincada, ni qué era exactamente lo que estaba a punto de hacer. Pero la verdad es que me encantaba esta sensación y me fascinaba lo que tenía enfrente.
Estiré las manos para tocar su enorme v***a, tragando grueso al darme cuenta de que deseaba desesperadamente meter me esa v***a en la boca.
Mis pezones se pusieron duros en medio de esta situación tan bizarra, marcándose a través de la tela de mi vestido mojado. Envolví ambas manos alrededor de su v***a como si me fuera la vida en ello.
—Mierda... ¡así, carajo! —maldijo, disfrutando al máximo.
Le sobé la v***a una y otra vez.
—¡Pónle uso a la saliva que tienes en la boca, dale un buen uso, perra! —soltó otra grosería, pero ni yo sabía qué me provocaban sus palabras.
¿Por qué demonios sus palabrotas y sus insultos me ponían tan loca? ¿Por qué diablos me encendían tanto? Sus palabras me mojaban aún más. Lo juro, de verdad lo hacían.
Le escupí un buen chorro de saliva sobre la v***a gruesa y dura, y me puse a acariciársela.
Él gritó: —¡Eso es, perra!
Jamás en la vida pensé que haría algo así, y mírame aquí, haciéndolo. ¡Y lo más absurdo! Lo estoy haciendo con un DESCONOCIDO. ¡Qué carajos! Sonreí. Pero igual me fascina. Me encanta que todo en él me encienda, que todo en él me ponga más y más mojada.
Jamás había sentido algo así en toda mi vida. Pero aquí estoy...
Definitivamente creo que la bebida que me dio el barman esta noche traía algo. Pero es que todo en este hombre era indiscutiblemente sexy.
Escupí todavía más sobre la v***a de este desconocido mayor que yo, y volví a mover las manos.
—Usa la puta boca, perra —maldijo, me agarró del pelo y me jaló hacia su v***a.
Ablí los labios de par en par, dejando que su enorme v***a dura me entrara en la boca. Me dolían los labios, pero el dolor me importaba un carajo. Aún así me sentía increíble.
Sentía una excitación incontrolable en la v****a. Me puse cachondísima en el preciso instante en que su v***a me tocó la garganta.
Mi cuerpo definitivamente tenía otros planes.