Chloe’s POV
—Mete más la boca, perra, llévame al límite con esa garganta —gruñó presionándome la cabeza hacia abajo, obligándome a tragarme más de su v***a.
Al principio solo me había metido la cabeza, esa copa gorda que me estiraba los labios a más no poder, pero ahora me empujaba más al fondo. Me dieron arcadas mientras mi garganta luchaba por abrirse, y los ojos se me llenaron de lágrimas.
—¡Mierda! Chúpamela... eso es, ¡ahí! ¡Hazlo como si te fuera la vida en ello!
Sus palabrotas me encendían el cuerpo entero. Le pasé la lengua por las venas marcadas de la v***a y solté un gemido ahogado contra ella, sorprendida de mi propia reacción.
—Mete las manos y agárrame los huevos, perra. No te quedes ahí nada más. Manoséalos —ordenó.
Dios, ¿por qué sus órdenes me mojaban aún más? Obedecí sin pensarlo; le acuné los huevos pesados con una palma mientras con la otra mano le sobaba la base.
—¡Carajo! ¡Eso es! —se quejó de placer.
Le rodeé el glande con la lengua, bañándoselo en saliva, y me obligué a metérmelo más hondo. Me dolía la mandíbula, pero la forma en que él gemía sobre mí hacía que la v****a me palpitara con más fuerza.
De repente me jaló del pelo y solté un quejido. En lugar de darme coraje, me puse más caliente.
—Quiero reventarte ese coño —dijo poniéndose de pie, dejando que su enorme v***a rebotara contra sus abdominales marcados.
Gemí sin un ápice de vergüenza:
—Por favor, fóllate mi coño empapado. Quiero que mi papi me lo meta todo.
Me miró con una sonrisa burlona, sobándose la v***a gruesa en la mano mientras me clavaba la mirada. Me empujó de espaldas sobre la cama y me abrió las piernas de golpe. Mi vestido ya estaba empapado de mis propios jugos y la tanga se me pegaba a la piel; podía sentir cómo se me escurría la excitación.
Me agarró la tanga y me la arrancó de un jalón. El corazón se me disparó. Esto era todo. Estaba a punto de dejar que un desconocido —no, no cualquier desconocido, sino un hombre mayor y poderoso— me llevara a la cama.
Se hincó entre mis piernas, con la v***a pesada apuntando directo a mi entrada. Todo el cuerpo me temblaba entre el deseo y el miedo.
Y en ese preciso instante...
¡Riiiiing! ¡Riiiiing!
El sonido estruendoso del teléfono rompió de golpe la tensión s****l.
Maldijo a todos los cielos, agarró el celular de la mesa de noche y le echó una mirada de pocos amigos a la pantalla. Se le embraveció el rostro.
—¡Mierda! —escupió poniéndose de pie—. Tengo que contestar esto.
Respondió la llamada y su tono cambió de inmediato a uno tajante y dominante. Su voz irradiaba un poder que me encogió el pecho.
Me quedé ahí pasmada, con las piernas abiertas, rogando por dentro por lo que estuvimos a punto de hacer. Mi respiración era errática y tenía el corazón roto de la pura frustración.
Me dio la espalda y empezó a caminar por la habitación hablando en voz baja. No alcanzaba a entender lo que decía, pero sabía que era algo grave; su postura lo decía todo.
Me bajé el vestido a toda prisa y me limpié la boca con el dorso de la mano. La vergüenza me cayó encima como un balde de agua fría. ¿Qué carajos estaba haciendo? ¿En qué diablos me iba a meter?
El hombre seguía al teléfono, ignorándome por completo, con una voz dura y controlada.
Me levanté en silencio y salí hecha la mocha de la habitación sin decir una sola palabra.
Las piernas me temblaban mientras recorría el pasillo del hotel. Tenía ganas de ponerme a llorar otra vez. ¿Qué mierda me pasaba? Mi novio me acaba de traicionar y ahí estaba yo, lista para abrirle las piernas a un completo desconocido.
Las lágrimas me quemaban los ojos mientras salía del edificio hacia la noche fría.
Para cuando llegué a la casa, me sentía echa trapo. Mi hermana Hilda estaba en la sala viendo la televisión, pero en cuanto me vio, se levantó de golpe.
—¿Chloe? ¿Qué te pasó? Traes los ojos hinchados, estuviste llorando —dijo acercándose.
Me solté a llorar deshecha.
—Hilda... caché a Jack... con Sylvia.
Se le cayó la mandíbula.
—¡¿Qué?! ¿Con Sylvia? ¿Tu mejor amiga Sylvia?
—Sí —solté entre hipos, mientras me brotaban lágrimas frescas—. Los agarré con las manos en la masa... se estaban... se estaban acostando.
A Hilda se le desencajó el rostro de pura rabia.
—¡Maldito infeliz! ¡Hija de perra! ¡Ahorita mismo voy para allá! —agarró su celular y las llaves.
Me abalancé a agarrarle el brazo.
—¡No! Hilda, por favor no. No empeores las cosas, no valen la pena.
—¿Me estás jodiendo? ¡Te puso los cuernos con tu mejor amiga! ¡Te humilló! ¿Y quieres que me quede cruzada de brazos? —gritó encendida.
Negué con la cabeza, hecha un mar de lágrimas.
—Por favor... no quiero pleitos. Que se pudran juntos, yo solo... solo necesito sanar este dolor.
Hilda suspiró y me abrazó con fuerza.
—Tú no te mereces esto, Chloe. Le diste todo a ese infeliz. Es una basura. Y Sylvia... esa es peor que la basura.
Sorbí por la nariz, sintiendo cómo me sangraba el corazón.
—Escúchame bien —me dijo suavemente, haciéndose a un lado—. Olvídate de él y de ella. Yo te voy a presentar a alguien de verdad. Un hombre hecho y derecho. Guapo, con lana y responsable; no como esa porquería.
Forcé una sonrisa débil.
—Tú y tus ganas de jugarle al cupido...
—Te lo digo muy en serio, Chloe. Eres hermosa, inteligente y de buen corazón. Cualquier hombre se daría con una piedra en el pecho por estar contigo. Jack no te merecía. Yo te voy a poner con alguien que sí te valore —dijo tajante.
La volví a abrazar, infinitamente agradecida con ella.
Pero muy dentro de mí, sabía que el hombre que acababa de conocer en esa habitación de hotel no se me salía de la cabeza. La forma en que me dominó, la manera en que mi propio cuerpo me traicionó por él... No podía dejar de pensar en él.
Poco sabía yo... que el destino estaba a punto de darme otro golpe directo a la cara.
Al día siguiente salí a dar una vuelta para despejar la mente. Mis pies me llevaron a la plaza del centro, donde suele juntarse la gente. No estaba lista, pero la vida tenía otros planes.
Me quedé helada en cuanto lo vi.
Jack.
Parado ahí, riéndose con unos amigos. Se me apretó el pecho. Pero entonces vi quién estaba a su lado.
Se me heló la sangre en las venas.
Era él.
El hombre de la habitación del hotel.
El hombre al que le había mamado la v***a apenas la noche anterior.
Y al lado de Jack, riéndose con ellos, estaba otro tipo al que conocía de vista, un amigo cercano de Jack.
Casi se me para el corazón.
El amigo de Jack fue el primero en notarme.
—¡Chloe! Vaya, qué gusto verte. Tenía rato que no te dejabas ver. Te ves increíble.
Forcé una sonrisa tiesa, mientras mis ojos iban y venían entre Jack... y el hombre imponente que estaba parado a su lado. Se veía como una versión mayor de mi idiota exnovio, Jack.
Estaba en lo correcto, ¿verdad?
El parecido era sencillamente desquiciante. ¿Por qué carajos no me di cuenta anoche? ¿Acaso es su papá? ¡Dios mío!
El tipo poderoso y dominante al que estuve a punto de entregarme por completo.
Y por la mirada con la que me sostuvo los ojos, supe que él también me había reconocido.