La puerta se cerró tras ella con un golpe sordo. Yia dejó caer las llaves sobre la pequeña mesa de la entrada y se deslizó por la pared hasta el suelo, llevándose las manos al rostro mientras su respiración temblorosa llenaba el silencio del apartamento. Había huido. De Jared. De James. De todos. Cuando la verdad salió a la luz y Lisa pronunció esas palabras que cambiaban todo… su cuerpo simplemente reaccionó. No escuchó nada más. No quiso ver más. Sintió cómo Jared le gritaba su nombre, cómo su voz se quebraba al llamarla, pero no miró atrás. Y ahora… estaba sola. O casi. Su loba estaba despierta. Había pasado meses sin hacer el menor intento de manifestarse, de reclamar, de mostrarse. Pero ahora… su presencia era tan intensa que casi la ahogaba. “Ve con él”, le decía esa voz ro

