—Yia… —su voz fue apenas un susurro, pero ella lo sintió como un golpe directo al pecho. El aroma de Jared la envolvió en cuanto estuvo lo bastante cerca, y su loba aulló en su interior, reclamando a su Alfa. Todo su cuerpo tembló, como si esos meses de ausencia hubiesen sido una condena, y ahora, de pronto, todo lo que había mantenido a raya amenazaba con derrumbarla. Yia intentó girarse, pero él fue más rápido y le tomó la muñeca. —Por favor —susurró—. Solo quiero hablar. Ella tragó saliva, su respiración errática. —No hay nada que hablar, Jared. Pero él no la soltó. —¿Nada? —sus ojos, oscuros y profundos, la sujetaban tanto como sus manos—. Porque a mi lobo le basta con tenerte a medio metro para volverse maldito loco. Porque a mí me basta con olerte para querer tomarte en brazos

