Silvana la entretuvo hasta muy entrada la noche, así que cuando Adriana llegó a casa de los Santana, estaba sumida en la oscuridad y el silencio.
Subió pesadamente hasta la segunda planta y resistió la tentación de ir a ver a los niños. Ellos no eran culpables de lo que sucedía, pero en ese momento, no le haría bien verlos.
Se fue directo a la cama y tuvo un sueño pesado y poco reparador.
Para su sorpresa, cuando bajó a preparar el desayuno, Javier estaba allí, bebiendo café y en ropa de casa.
- Buenos días – saludó ella con algo de cautela - ¿Irás hoy a la oficina? -
- No. La nueva niñera vendrá a las 9 – respondió el hombre antes de llevarse la taza a los labios
- ¡Oh! Está bien – respondió tratando de ignorar el sudor frío que recorrió su espalda.
- Me preguntaba si… si no tienes algo planeado... si querrías acompañarme para que le expliques la rutina de los niños y todo eso –
- Por supuesto – aclaró su garganta y se sirvió el café - ¿Empezará de inmediato? –
Javier negó.
- Empezará el lunes. Yo trabajaré en casa el resto de la semana y mi madre vendrá a ayudarme –
- ¡Oh! Entiendo… entonces… supongo que puedo mudarme hoy mismo –
- ¿Tan pronto? –
- ¿Por qué no? – se encogió de hombros.
- Pero… dijiste que no irías a casa de tus padres –
- Y no lo haré. Me mudaré al apartamento de Silvana –
- ¡Oh! – Javier asintió y volvió a su café.
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Dejó sus maletas junto a la puerta de entrada y volvió a la cocina. Allí, dejó las llaves de la casa y las del auto que solía usar cuando salía con los niños.
Se dirigía a la salida cuando escuchó las risas de Esteban y Mariana, que jugaban en alguna de las habitaciones y su corazón se contrajo dolorosamente.
Se apresuró entonces a salir. No quería prolongar su partida más y no quería encontrarse con la madre de Javier. Su relación no era mala, siempre fue amable y cálida con ella, pero no tenía valor de mirarla a la cara. A pesar de lo que Silvana había dicho, no quería tener que enfrentarla. En el mejor de los casos, sentiría lástima por la chica traicionada y en el peor, la creería responsable de lo sucedido. De cualquier manera, no quería averiguarlo.
La mujer que Javier había contratado era muy agradable y asimiló rápidamente todos los detalles de sus labores. Tenía mucha experiencia, así que Adriana sabía que los niños estarían en buenas manos. Esteban y Mariana se portaron algo tímidos, como es natural cuando niños tan pequeños conocen a alguien por primera vez, pero pronto tomarían confianza.
Se había encargado de preparar un almuerzo ligero y ahora Javier había vuelto a su oficina y los niños jugaban en la habitación. No había ninguna razón por la que debiera permanecer en esa casa.
Su auto aguardaba frente a la casa, un vehículo sencillo que había comprado con la ayuda de sus padres en cuanto empezó a trabajar, subió las maletas y dejó la propiedad.
A medida que veía el portón de entrada hacerse más pequeño, sentía una fuerte opresión en el pecho y le era más difícil respirar. Luego de unos kilómetros, tuvo que detener el vehículo a un lado de la carretera e incapaz de resistirlo más, se echó a llorar.
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Silvana la recibió con un cálido abrazo y mucho helado. Durante el resto de ese día, Adriana permaneció en el que sería en adelante su dormitorio, con el pretexto de desempacar, pero lo cierto es que solo se quedó allí, sentada en la cama, mirando al vacío y por la noche, se permitió llorar un poco más.
Sin embargo, los siguientes días se esforzó por mantenerse ocupada. Su amiga aún tenía mucho de qué ocuparse antes de reunirse con su esposo y si algo era importante para Adriana, era sentirse útil. Sus asuntos no eran importantes comparados con la nueva etapa que iniciaría Silvana y Elías en un país nuevo, no solo en el ámbito laboral, sino también en su relación.
Y una vez que despidió a Silvana en el aeropuerto, entre risas y lágrimas, era el momento de volver los ojos a sí misma.
Javier asumía todos los gastos de la casa y esa era la razón por la que, a pesar de no haber trabajado en dos años, sus ahorros se mantenían intactos y ese era un pequeño alivio.
Pero quería empezar a trabajar de inmediato. Si era honesta consigo misma, lo que realmente le preocupaba no era el dinero. No necesitaba mucho y con unos pocos ajustes, sus ahorros le permitirían subsistir por un tiempo. Pero, en ese momento de su vida, no podía quedarse allí, sin hacer nada. Luego de su separación, necesitaba reconstruirse.
Cuando Javier le anunció que había conocido a alguien más, todo su mundo, todo lo que había conocido y todo en lo que había creído desde que era una niña se quebró en mil pedazos. Ella tenía la certeza que el resto de su vida sería al lado de Javier y de los niños. En ningún momento había cuestionado que podría ser diferente y ahora, no sabía qué sería de su vida en adelante.
Por eso no podía tomarse las cosas con calma. No podía quedarse en casa indefinidamente. Necesitaba algo más. Algo que le hiciera sentirse una persona completa de nuevo.
Actualizó la información de su hoja de vida y comenzó la búsqueda. No era como si las ofertas de empleo para enfermeras aparecieran por docenas, pero respondió a todos los avisos que encontró. Sin embargo, luego de las primeras entrevistas se dio cuenta que la pausa de dos años estaba afectándola. Tenía una excelente formación y aunque podía considerarse que su experiencia era poca, había trabajado en un muy importante hospital donde obtuvo excelentes referencias. Pero sin importar que tan bien marchara la entrevista, no recibía una segunda llamada.
Había pasado casi un mes y se estaba desesperando. ¿Y si nadie quería contratarla? ¿Y si la renuncia había arruinado su carrera para siempre?
Comenzó a contactar amigos de la escuela de Enfermería y algunos colegas con los que trabajó. Tal vez, a través de ellos le sería más fácil colocarse.
Revisaba su correo electrónico, cuando una notificación saltó en su teléfono y abrió el mensaje, algo distraída.
No debió hacer eso.
Era una notificación de r************* . Javier no solía usar su cuenta. Ocasionalmente publicaba alguna foto de los proyectos de la inmobiliaria, pero no era activo. Jamás publicaba fotos de los niños o de ella. Protegía mucho su privacidad. Adriana tampoco era una entusiasta de las r************* , pero publicaba alguna foto de ambos en las pocas ocasiones que salían como pareja.
Y ahí, en la pantalla, en la cuenta de Javier se encontraba una foto donde lucía muy sonriente, sus ojos iluminados, su mano se apoyaba en el lomo de un caballo pardo, sobre el que se encontraban Esteban y Mariana, quienes sonreían ampliamente. Al otro lado, abrazada a Javier, una mujer de unos treinta años, que podría decirse robusta, pero sus ropas acentuaban sus curvas. Su cabello, demasiado rojo para ser natural, enmarcaba un rostro redondo y blanco, una nariz pequeña, algo respingada. Tenía los ojos almendrados, color azul profundo y labios llenos.
“Nuevas oportunidades” era todo lo que se leía bajo la imagen.
Soltó el teléfono, como si le quemara los dedos y se cubrió el rostro, sintiendo que las fuerzas la abandonaban.
Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla y el timbrar de su teléfono resonó en el apartamento vacío. No se movió. No le importaba quien fuera, no quería hablar con nadie en ese momento.
El teléfono dejó de timbrar tan solo por unos segundos antes de volver a sonar. El agudo pitido taladraba su cerebro y solo deseaba que se detuviera. Lo hizo, sí, pero de inmediato volvió a sonar. Bueno, era evidente que la persona que llamaba no se daría por vencida.
Tomó el aparato y activó la llamada.
- ¡Adriana Violeta! – exclamó una voz antes que ella pudiera decir nada.
¡Oh, Dios! Toda ella se encogió, frunciendo el ceño ¿La voz de su madre siempre fue tan aguda?
- ¿Puedes explicarme por qué no hemos sabido de ti en días? – continuó la mujer al otro lado de la línea.
- Hola, mamá – dijo con un suspiro – He estado ocupada –
- ¿Ocupada? ¿Ocupada en qué? –
- Bueno… han pasado cosas – se frotó la sien, tratando de aliviar la presión en su cabeza. Había rehuido a sus padres, pues no sabía cómo explicarles lo sucedido.
- ¿Qué cosas? Vamos, Adriana, ¿tengo que sacarte las palabras con cuchara? –
- No, no mamá. Es solo que es algo… difícil…