- ¡Oh, cielos! – exclamó la mujer de cabello oscuro y rizado – Realmente estás aquí. ¡No lo puedo creer! –
Adriana sonrió y la abrazó cálidamente.
- Te dije que vendría – se separó un poco, pero la otra mujer no la dejó ir – Sé que estás atareada con la mudanza, pero…
- No digas una palabra. De hecho, justamente porque estoy en medio de la mudanza, me alegra mucho verte. Pasa, pasa –
El apartamento al que entró era más bien pequeño, pero acogedor y decorado con buen gusto.
- Toma asiento. ¿Qué ha sido de ti, Adri? Tenemos tiempo de no hablar con calma –
- Lo sé y me disculpo, Silvana. Estás pasando por muchos cambios y no he estado para ti –
- ¡Oh! No digas tonterías – la mujer le ofreció una gran sonrisa – Tú también tienes tus manos llenas con esos dos angelitos y su sexi papá –
Aunque trató de disimularlo, seguramente en el rostro de Adriana se reflejó su desazón, porque la sonrisa rápidamente se borró del rostro de Silvana.
- ¿Qué pasó? – preguntó con ojos muy abiertos.
- Javier y yo ya no estamos juntos – se encogió de hombros, tratando de restarle dramatismo.
- No, tú estás bromeando. No juegues conmigo –
- No, me temo que no es broma –
Silvana de inmediato dejó su sitio, para ir al lado de su amiga.
- No puedo creerlo… Lo siento tanto…
- Me apena confesar que en gran medida, es la razón por la que estoy aquí… - murmuró Adriana.
- No te preocupes, yo me encargo de desaparecer el cuerpo – dijo muy seria.
Adriana no pudo contener una risa. ¡Ah! Era reconfortante estar con Silvana. Ella es el tipo de persona que está dispuesta a todo por sus seres queridos.
- No, no te pediría algo así – le ofreció una amplia y sincera sonrisa – Y no haré nada que te impida reunirte con Elías en Singapur –
- Justo porque me voy, es perfecto. Jamás me encontrarán –
- Deja de decir esas cosas – replicó, enternecida – Es justo por tu viaje que vine a pedir tu ayuda –
- ¿Quieres venir con nosotros a Singapur? –
- Silvana, contigo es imposible tener una charla –
- Soy la única que te hace reír y lo sabes – respondió la mujer con un guiño.
- Eso es cierto – exhaló un suspiro – Me habías comentado que Elías y tú no habían decidido qué harían con el apartamento cuando se mudaran y quería preguntarte si ya tenían ese asunto resuelto –
- La verdad, no. Elías está demasiado atareado tratando de adaptarse a su nuevo trabajo y arreglar la casa para cuando yo llegue. Dejó el asunto de este apartamento en mis manos, pero yo la verdad no he tenido cabeza para ello. Es decir… me mudo al otro lado del mundo, a un país y una cultura tan diferente…
- Pero es una gran aventura, ¿no? Y una gran oportunidad para Elías –
- Solo por él haría algo así – respondió Silvana con una dulce sonrisa y Adriana no pudo evitar sentir algo de envidia por la felicidad que su amiga irradiaba cuando mencionaba a su esposo.
- Entonces… ¿qué tal si me permites vivir aquí? Te pagaría el alquiler, por supuesto. No tengo mucho dinero ahora, pero espero poder empezar a trabajar pronto y podría…
- ¡Me parece una increíble idea! ¡Me has salvado la vida! –
- ¿Lo dices en serio? –
- ¡Por supuesto! Mira, si soy sincera, creo que no me había ocupado del apartamento poque en el fondo no quería deshacerme de él… Realmente amo este lugar y aunque todo apunta que nuestra residencia en Singapur será permanente, pues me agrada pensar que tenemos un lugar donde volver, aunque sea de visita, ¿no? Y si tú te quedas aquí, yo estaré tranquila de que el apartamento queda en buenas manos y tú estarás cómoda y tranquila –
- Te prometo cuidarlo mucho. Pasaré mucho tiempo en el hospital y básicamente solo necesito un lugar para descansar…
- ¿Volverás al hospital? –
- Bueno, no sé si me reciban de vuelta en el hospital, pero si no es allí, podré colocarme en otro… o en una clínica. Necesito trabajar… Quiero volver a trabajar –
Silvana asintió.
- No dudo que te será muy fácil colocarte. Cualquier hospital o clínica será muy afortunado en tenerte –
- Te lo agradezco mucho, Silvana y te prometo que te pagaré…
- Nah, nah – le detuvo la mujer – No vamos a hablar de dineros ni pagos. Voy a preparar unas bebidas y me contarás que pasó con el papi guapo –
-0-
Silvana observaba atenta el rostro de Adriana mientras le narraba lo sucedido en las últimas horas. Su rostro había denotado diferentes emociones y su corazón se sobrecogía por su amiga, pero había algo en la forma que hablaba, que le inquietaba.
Sí, es cierto, su voz se había quebrado levemente un par de ocasiones, pero no había derramado una lágrima. Sus ojos estaban apagados sí, pero estaba segura que ella mostraba más indignación al escuchar lo que Javier había dicho, que Adriana, que lo había vivido en carne propia.
- Espero que le hayas arrojado el vino encima… es más, el plato completo – dijo sin poder contenerse cuando su amiga hizo una pausa. La miró atenta – Lo hiciste, ¿verdad? –
- Yo no soy así, Silvana – respondió Adriana hundiéndose en el sofá – Yo no iba a hacer una escena. Gritos y reclamos no van conmigo –
- Pues debiste. Es un idiota. ¿Cómo pudo decirte eso el día de su aniversario? –
- Creo que ni siquiera lo recordaba – susurró Adriana, mirando sus manos.
- No me es difícil de creer – farfulló Silvana - ¿Acaso su relación no marchaba bien? ¿Notaste algún cambio en él? –
La joven negó con la cabeza.
Se hizo un breve silencio antes que la otra mujer se atreviera a preguntar.
- ¿Y en la cama? ¿Qué tal marchaban los asuntos del dormitorio? –
Adriana se tomó unos segundos para responder.
- Bien. Todo estaba bien –
- ¿En serio? –
Adriana se encogió de hombros.
- Sí… Es decir, no es que pasábamos en eso todo el tiempo. Javier tiene mucho trabajo, yo también tenía mucho quehacer con los niños… Pero estábamos bien –
Silvana exhaló un suspiro y se llevó el vaso con limonada a los labios.
- ¿Tú crees…? – Adriana titubeó - ¿Tú crees que todo esto tiene que ver con el sexo? – se irguió - ¿Tú crees que Javier y esa mujer tuvieron sexo? –
Para cualquier otra persona ese habría sido el primer pensamiento. Era la conclusión lógica. Pero no para Adriana. Era una mujer inteligente y madura, pero muy inocente en lo que a las relaciones se refiere.
- Si un hombre que está en una relación de dos años declara estar enamorado de una mujer que conoció unos días atrás, yo definitivamente diría que todo tiene que ver con el sexo – respondió Silvana con tono duro.
Adriana estaba sorprendida. ¿Cómo no había pensado en ello?
- Pero… entonces eso quiere decir que durmió con ella… mientras estaba en una relación conmigo –
- Lo siento, amiga – respondió la mujer, sus rizos agitándose – Pero podría apostar mi dinero a que así sucedió… Y ella debe ser muy buena, para que lograra enredarlo en tan poco tiempo –
El rostro de Adriana se cubrió de una profunda decepción y mucha vergüenza.
- Entonces… es mi culpa –
- Oye, no. No es eso lo que estoy diciendo –
- Él nunca me dijo… de haber sabido que necesitaba más... –
- Adriana Valdelomar – le detuvo Silvana colocándose las manos en las caderas – Él es un hombre adulto en una relación y no hay razón alguna que justifique traicionar a su pareja. En dos años no has hecho más que pensar en él y en sus hijos… no sacará ahora la excusa de la falta de sexo para justificar su traición –
- Es solo que… bueno, a mí no me hace falta. Para mí eran más importantes otros aspectos de la relación…
- Mira, el tipo se portó como un idiota y más tarde o más temprano se dará cuenta del error que cometió. No pasará mucho tiempo antes de que la emoción de su nueva relación pase y entonces verá que tenía a su lado una mujer increíble, como pareja, como madre y la dejó ir por una quimera – tomó sus manos y agregó con tono cálido: - Adri, dime una cosa, con toda honestidad… ¿Tú amas a Javier? –
- ¿Qué pregunta es esa, Silvana? Estuvimos juntos dos años –
- Solo tenía que preguntar. El punto es que… sé que no es justo lo que sucedió. Hiciste todo bien. Hiciste siempre lo mejor para él y para sus hijos y él no lo supo apreciar y lo arruinó. Es su responsabilidad – recalcó las palabras – No tiene nada que ver contigo… Y ahora, debes dejar eso atrás. Eres una mujer joven, guapísima, inteligente, dulce… Tienes una gran vida por delante y es hora que empieces a disfrutarla al máximo –
- Gracias por tus palabras, Silvana – Adriana sonrió, pero no había emoción en su rostro.
- Bien. Empaca tus cosas y te quiero aquí cuanto antes. No debes permanecer en esa casa mucho más. Javier tomó su decisión y tendrá que asumir las consecuencias. Podremos estar juntas un par de semanas antes de mi viaje y lo aprovecharemos al máximo – y le ofreció una gran sonrisa.
Adriana asintió, algo de alivio en su rostro y abrazó con fuerza a su amiga.