Capítulo 4

1462 Words
Se suponía que debía estar caminando hacia el escenario, a saludar a mi tutor y luego ir con él hacia un apartado para conversar... Repito, ¿A qué mierdas estaba jugando? -Nicol, ven aquí.- Me alentó el decano. Caminé a paso lento hacia el escenario. Matías me tendió la mano y a regañadientes la acepté. Fuimos caminando hacia el apartado y me aseguré de que estuviéramos solos, entonces, lo encaré e intenté intimidarlo con mi mirada. -¿Qué carajo significa esto? ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué extraña y retocida razón pasó por tu cabeza cuando dijiste mi nombre allá, al frente de todos?- Cada vez me iba acercando y levantando mi voz.- ¡Responde!- Su mirada despreocupada me desquiciaba por completo. -Cálmate, ¿Quieres?- Se acercó a mí y por inercia, retrocedí.- Primero, intenta no gritar, segundo, me alegra ser tu tutor, y tercero, tú dijiste, fingirías que yo no existía, o sea esta es la primera vez que hablamos. ¿Crees que es la mejor primera conversación?- Sus ojos verdes estaban serios, no bromeaba al decir cada palabra. -¡Y una mierda! Que era metáfora ¿Crees que iba a olvidar todo y saludarte como si no te hubiese hablado antes, como si nunca hubieses hecho lo que me hiciste? -Hey, me pegaste fuerte.- Frunció el ceño.- Debí habérmelo imaginado. La niñita de mami no acepta nada, ni una disculpa, que era lo que iba a decir, un intento de sociabilizar. -¿Niñita de mami?- Pregunté incrédula, había intentado ser todo, menos niñita de mami, ni una suelta. -¿Crees que me pasó desapercibida tu casa? Vives sola, en una casa así, claro que te lo pagan tus papitos. Me reí interiormente. -No voy a intentar explicarte nada porque no lo vales. Prefiero buscar la manera de que dejes de ser mi tutor. ¿Conoces alguna? -No.- Contestó serio. -Genial, y ahora el que se enfada eres tú. Que coherente, ¿No crees? -Que no hay ninguna manera de que eso pase, ya cometí el error de elegirte como pupila, hasta final de año. -Si serás idiota.- Apreté el puente de mi naríz a la vez que negaba con la cabeza.- Me voy, busca como solucionar este embrollo. No escuché su respuesta, salí casi corriendo de ahí. Al parecer mis amigos seguían adentro, en el acto, por lo que me fui sola a mi casa. Ese hombre me desquiciaba. ¿Qué quería? ¿Que olvidara todo y lo dejara pasar? ¿Que lo invitara a mi casa a tomar el té por la tarde? ¡Já! Es menos inteligente de lo que creí para ser lo que es: Un ladrón. No creí que me tomara la palabra cuando le dije 'Fingiré que no te conozco'. Para mí, significaba que él desaparecía de mi mapa sin ensuciarme las manos, pero para él, significó un borrón y cuenta nueva. Ni de broma. Y encima se enojó él. ¡Él! O quizás... igual fui poco agradable. Él intentó pedir disculpas y me tomó como su pupila, mientras que yo le gritaba en la cara que no me interesaba saber de él. ¡No! Él tuvo la culpa. Es obvio. Pero el bichito que conozco como culpa, ya se había apoderado de mi estómago. No debería sentirme así, digo... que él cometió el error, ¿No? Pero yo le grité cuando él intentó ser amable. Conciencia... ¿Alguien la había llamado? No debí haberle gritado, pues ahora no me sentiría culpable y no estaría pensando en disculparme. Sí, en disculparme. Yo no era como él, por lo que era capaz de no rebajarme a su estupidez y, por suerte, no ser orgullosa. Vale, no TAN orgullosa. Me levanté de la cama y me duché tras despertarme como ya era constumbre. Desayuné y fui a la universidad contenta de que fuera viernes. Hoy tenía ensayo, al igual que los lunes y miércoles. También me sentía contenta por eso. De mi mochila saqué mi cuaderno, lápiz y libro, ya estando en la bibloteca. Tenía que estudiar para un exámen próximo y no entendía nada de nada. Física estaba acabando conmigo. Subrayaba y tachaba palabras, anotaba ideas y analizaba párrafos. Pero me era imposible concentrarme. -Hey, ¿Quemando neuronas? -No te vendría mal hacer lo mismo.- Le contesté sonriente a Carol.- Ayer me fui en seguida, ¿Qué tal tu tutor? -No está mal.- Me reí por su descripción. -¿No está mal? -Es un hombre en potencia.- Nos reímos juntas.- ¿Y tú? No tienes de qué quejarte, te tocó un espécimen humano.- Mi semblante cambió. -Ya.- Volví mi atención a los libros.- Era él. -¿Quién?- La miré con una ceja alzada, como preguntando '¿Quién crees?'. Al parecer comprendió, pues llevó una de sus delicadas manos a su definida boca.- Mierda, mierda. ¿Te hizo algo? ¿Te tocó? ¿Te dijo algo? Lo mato, lo voy a matar. -La verdad es que no se lo permití, casi le grité cuando intentó disculparse. De hecho, lo hice.- Su cara cambió, de preocupación a indignación en una fracción de segundo. -Eso no estuvo bien. -Ya tengo suficiente conmigo misma recriminándome eso. -¿Y qué vas a hacer? -¿Disculparme?- Me encogí de hombros. -Es una buen plan. En ese momento, entró justamente él a la biblioteca. Pero no iba sólo. Una rubia más o menos de su edad estaba pegada a él como una lapa. Mientras que él, bueno... lucía incómodo y se intentaba separar de ella. Nicol al rescate. Si había algo que odiaba, era cuando las personas no entendían un 'no'. Y por la imagen ante mis ojos, Matías ya le había dicho 'no', más de una vez. -Vuelvo en un minuto.- Le dije a Carol. Caminé hacia la parejita y cuando estuve al frente, hice sonar mi garganta en un carraspeo. Obtuve la atención de ambos. La chica me miraba de arriba a abajo y me frunció el ceño. -¿Interrumpo?- Pregunté lo más inocente que pude. -No. -Sí. Asentí lentamente y frunciendo el ceño, intentando comprender al parcito. -No, no interrumpes. Francia ya se iba. ¿No es cierto?- La miró. -Te llamo luego.- Dijo la tal Francia. Se arrimó e intentó besar sus labios, pero él corrió su rostro, para que besara su mejilla, por alguna razon, me reí. Sólo una carcajada. Ella me fulminó con sus castaños y claros ojos, y luego se fue moviendo las caderas. Sólo la observé aguantándome la risa. -Creo que a tu novia no le agrada que habláramos. -No es mi novia.- Claro. -Lo que sea. Vengo a hablar contigo de una cosa.- Mordí mi labio por dentro. -Eso parece.- Comentó él, de forma burlona. Eso me cabreó, pero me contuve. -Quería pedirte disculpas por ayer, no me comporté de la mejor manera.- A cada palabra que decía, mi voz bajaba un tono. -¿Perdona? No te escuché muy bien. ¿Podrías repetirme?- Fruncí el ceño. -Que lo siento por lo de ayer, no debí habalrte así.- Él seguía mirándome burlón, lo que acabó con mi paciencia. Podía casi escuchar sus pensamientos 'Ésta niñata vuelve con el rabo entre las piernas'.- ¿Podrías dejar de ser así? De mirarme burlón. Incomoda, por si no lo sabías.- Solté un bufido.- Por intentar 'razonar' con gilipolas como tú, es como se pierde el tiempo.- Me preparé para voltearme.- No debí haber venido. Me volteé dispuesta a irme, decidida que mi error fue haber pensado si quiera en sentir culpa por tratarlo mal. Pero jamás nunca lo vuelvo a hacer. Debo aprender a no ser estúpidamente empática. Su cálida mano rodeó mi muñeca. Una extraña corriente atravesó mi cuerpo, comenzando en ese punto. Jamás había sentido eso. Por Dios que jamás lo había hecho. Un poco extrañada y bastante asustada, solté su agarre, y él, al parecer igual de impresionado, me miró. -Yo... lo siento, no... no fue mi intención. Por lo de ayer... no hay problema,- Me miraba directamente a los ojos y yo no podía apartar mi mirada de ese verde tan cautivador.- supongo que todos hubiésemos reaccionado parecido, entiendo tu situación.- Asentí de una manera casi imperceptible. -¡Nicol! ¡Ven aquí!- El grito de Carol hizo que volviera de golpe de ese xtraño viaje que había hecho a través de sus lagunas verdes. -Yo... me tengo que ir.- Me excusé.- Me están llamando. -Sí, eso parece. Sólo recuérdale a tu amiga que estamos en la biblioteca. No sonreí, no hice nada. Había vuelto mi yo a la defensiva. Es decir, seria, tosca. -Ya. Permiso. Me volví con una extraña sesación, temiendo caerme de bruces y hacer el ridículo. Fui caminando hasta sentarme nuevamente en mi lugar. -¿Qué tal todo? -Bien, no puso problemas. -¿Y esa cara de zombie muerto por tercera vez? -¿Qué? Deja de ver ese tipo de películas, por favor.- Me reí intentando volver a la normalidad. -No puedo, pero ya en serio, ¿Todo bien? -Sí.- Hice como si me acordara de algo importante.- Tengo que irme. Terminé de rocoger mi mochila y me largué de ahí. El taller de música estuvo bien, comenzamos los ensayos, aunque aún no habíamos decidido la canción, ni los motivos para realizar este acto. Después de la jornada, sólo después de la jornada y una vez estando acostada y relativamente tranquila en mi cama, me permití pensar en lo de hoy. En lo que pasó en la biblioteca. En lo que pasó con él. En lo que ME pasó con él. ¿Qué era todo esto?
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