Capítulo 5

1432 Words
-No quiero ir a esa fiesta. -¡Vamos! Hace tiempo que no sales con nosotros. -No hay qué celebrar. -¿Cómo que no? Salimos de ese bombardeo de pruebas y en todas te fue bien. -Fabián, no vas a convencerme. Te voy a colgar.- Dije riéndome. -No lo hagas. -¿Por qué? -Nicol, vas a ir a esa fiesta, cueste lo que cueste. -Veremos.- Colgué. ¡Vivan los lunes! A quién engaño. No amo los lunes, los odio. El viernes hay una fiesta que según mis amigos, estará imperdible, y a la que me quieren obligar a ir, pero yo no quiero. Razón número uno: Fiesta que voy, fiesta que me emborracho. Excepto las familiares. Razón número dos: En la última fiesta que fui, mis grandes amigos me grabaron borracha. No quiero saber qué hicieron con ese video, pero algunos de la carrera me miraban raro al día siguiente. Y razón número tres: Muchos van a ir. Y por 'muchos', me refiero a cierto joven de ojos verdes y pelo claro que me ha transtornado desde hace un tiempo a la fecha. He estado evitando encontrarme con él en todo el día, y para mi suerte, no lo he visto. No obstante, no debo cantar victoria antes de tiempo, pues 'todo el día' se reduce a las once de la mañana. No creo que eso sea un día muy largo. Ingresé al aula sin querer hacerlo realmente. El profesor llevaba hablando una hora cronometrada de lo importante que era la física en nuestras vidas, de fórmulas y una cantidad exorbitante de números. Y yo, como la buena estudiante que era, no entendía media palabra de lo que me decía. Resignada a no entener la física, escapé del aula sin siquiera excusarme con el profesor. Tomé mis cosas y me fui queriendo vomitar números. Decidí hacer algo un pelín más productivo. -Nicol, ¿Vienes a ensayo? Llegaste temprano, ¿Eh? Aún queda media hora. Asentí al profesor Díaz. -Lo sé, si está ocupado, puedo volver más tarde. -¡Que vá, niña! ¡Quédate! ¡Quédate!- Su entusiasmo era preocupante. Me acerqué a él y ví que tenía muchas canciones y partituras sobre la mesa.- Estoy buscando qué canción darle al nuevo. -¿Al nuevo? -Sí, un integrante nuevo, pero no llega hasta la próxima semana. ¿Qué te parece? Cada vez nuestra familia de músicos se hace más grande.- Me reí por los términos utilizados por el profesor. -Claro.- Dije y me fui hacia un rincón, donde más tarde, llegó Alonso. -Hola, linda, ¿Qué tal? -Alonso, pues nada, aquí ensayando.- No sé por qué, pero no pude evitar preguntar.- ¿Viniste solo, verdad?- Él me miró extrañado, pero fingí que no lo notaba. -Sí. Cambiando de tema, creo que ya tengo la canción.- Me tendió una carpeta y la cogí. Leí la letra de ésta. La había escuchado, creo. La letra era un poco sugerente, y era romántica, claro. Alonso dejaba clara sus intenciones con ella. -Creo que... deberíamos preguntarle primero al profesor. -Eso está arreglado. Ya hablé con él. Dijo que era perfecta, pues el tema del acto es el romance. -Amm.- No sabía qué decir.- Pues... bien.- Me encogí de hombros.- Será ésta entonces. Si me disculpas... debo ir al baño. Salí un poco rápido de ahí. Bien, bastante rápido. Choqué con un cuerpo sin darme cuenta. -Lo siento. -Hey, te iba a ir a buscar a la sala de música. ¿Todo bien? -Fabián, Alonos me trae vuelta loca. -Creí que no te gustaba. -Y no lo hace, pero sus insinuaciones son cada vez más claras. -¿Qué hizo ahora?- Le conté lo de la canción y su letra.- Pensé que había intentado otra cosa o algo así. Vamos, ve a buscar tus cosas y almorzamos. Fabián me sacaba un sonrisa a la hora que fuera. Almorzamos un rica y nutritiva comida chatarra. Así es como se cuidaban los futuros médicos. Lo digo por mí, pues Fabián estudia leyes, obligado por sus padres, ya que a él hubiese elegido gastronimía o pedagogía en música. -¿Qué tienes en la tarde? -Historia, estadísticas y creo que latín.- Bufó.- ¿Y tú? -Inglés y luego a la casa. Háblale a Carol para que vayan a casa y se queden a dormir.- Propuse. -Vale, pero está muy emocionada con su nuevo tutor. La hubieses visto, por eso no está almorzando con nosotros.  -¿Estás pensando lo mismo que yo? -¡Interrogatorio!- Dijimos al unísono y estallamos en risas, captando alguna que otra mirada en el comedor. Antes de irme a casa, pasé al supermercado a comprar algunas cosas para la noche y cuando llegué, a los veinte minutos, mis amigos lo hicieron también. -Suelta prenda, amiga mía.- Dije sentándome en el sofá frente a ella. -No sé a lo que te refieres.- Fingí demencia. -¿Ya le echaste el ojo al tutor?- Preguntó Fabián. -Sí... ¡Digo, no! ¿Cómo crees?- Nos reímos por su reacción. -Creo que tenemos un problema de atracción por aquí.- Digo riéndome junto a Fabián. -Para con eso.- Dice Carol sonrojada y lanzándome un cojín.- Mejor dinos tú, qué pasó en la biblioteca.- Dejé de reírme. -¿Quieren más bebida?- Me levanté.- Como que se me secó la garganta. -Aver, preciosa.- Fabián me cogió, por lo que caí en su regazo.- Creo que mis dos mujeres me están dejando. De Carol lo esperaba, ¿Pero de tí? -Sigo aquí.- Sonreí y lo abracé.- No pasa nada, es que mi tutor es el estúpido que entró a mi casa y bueno, no lo... -¡¿Él es tu tutor?!- Su cuerpo estaba totalmente tenso. -¿No te lo había dicho? -¡Claro que no! Dime el nombre de ese idiota que voy y le rompo la cara. -Y espera a que te cuente lo que pasó en la biblioteca, por un minuto se miraron tan intenso que parecían alejados de todo y todos.- Y era extraño, pero así me sentí. Su tacto me quemó y despertó mi cuerpo. Y eso que sólo fue su mano tomando mi muñeca. Me pregunto qué será sentir uno de sus be... ¡¿Qué?! ¡No! ¡No! ¡No! Error, error. -¿Eso es cierto?- Me preguntó Fabián devolviéndome la cordura. -¿Qué? No. Ya sabes lo dramática que es Carol. -Estoy aquí.- Levantó su mano.- Además, sabes que no exagero.- Se encogió de hombros y yo la fulminé con la mirada. -Ya has ayudado bastante por hoy, no lo sigas haciendo. Seguimos conversando banalidades, y logré, con éxito, esquivar las preguntas desconcertantes hacia mi persona. 'Tienes que ir a la fiesta.' 'No puedes perdértela.' 'Acompáñanos.' Fueron las frases que utilizaron ambos para convencerme de ir a la fiesta. No hice caso. No quería ir. Les recordé el video, ellos se dieron una mirada cómplice y estallaron en risas, arrastrándome a mí con ellos. A la hora de dormirla, me ofrecí a hacerlo en el sofá y les dejé la habitación a ellos. Hasta ese momento había evitado a toda costa analizar lo que pasó en la biblioteca, pero ya no podía seguir así. Debía reconocer que el condenado era lindo. Sí, lo reconozco. Bueno, muy lindo. Quizás y sólo quizás, de no haber sido por la forma en la que lo conocí, sería más amable con él. Pero dada las circunstancias, se me hacía imposible. Llegué a la conclusión de que la falta de sueño me hacía pensar tanta tontería junta, pero no me detuve ahí, me removí incómoda en el sillón, por el rumbo de mis pensamientos. Quizás debería dejar de ser tan insoportable con él. Después de todo, si mal no recuerdo, aquella noche, él escondió que guardaba ese cuchillo. Pero vamos... alguien que entra a robar a tu casa no es amable del todo. Recuerda esa noche... Eso hago, la recuerdo. Él fue amable... considerado... ¿Por qué lo hizo? Parecía... obligado a hacer lo que hizo. Algo no estaba viendo, algo que era obvio pero no veía. Era desesperante. Él. Con otra persona. Mi casa. Robo. Obligado. Amable. Esos términos prácticamente se burlaban de mí en mi cara. Amable, obligado, robo. Mi cabeza me dolía de tanto buscar significados. Amable, obligado, robo. Y vamos otra vez... Amable, obligado, robo. Y fue como si muchos cables se unieran en mi cabeza, celebrando que por fin había encontrado la idea que hasta hace poco, no encontraba. Él no quería robar. Él fue obligado a hacerlo, por eso fue extrañamente amable conmigo. Fue obligado por ese hombre viejo. Con el que vino aquella noche. Todo estaba tan claro frente a mí, que no entendí cómo no se me había ocurrido antes. Pues claro, él no quería, lo obligaron. No debo ser insoportable con él. No fue su culpa. Nada fue su culpa. Sonreí por mi pequeño descubrimiento. Pero mi sonrisa fue efumada de mi rostro a la vez que nuevas preguntas me atormentaban. ¿Quién era ese tipo que acompañó a Matías? Una sospecha, podría ser que fuese su padre. Creo que es lo primero que pensaría cualquiera, pero no creo que un padre orille a su hijo a algo así. ¿Entonces quién? Además... vamos, estudia medicina. ¿Entonces por qué? Hice lo correcto en no delatar a alguien inocente. De un instante a otro, unos inmensos deseos de saber todo, absolutamente todo de él, me invadieron por completo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD