Capítulo 7

1559 Words
¿En serio le dije 'cielito'? Debo estar loca. La cabeza me estaba palpitando ferozmente, pero fingía que no me daba cuenta mientras atendía en la librería. Y sí, había pasado por alto el hecho de que al día siguiente de salir de farra, tenía trabajo temprano. -Necesito... Hojas de cuadernillo, cartulinas de colores y cinco destacadores. Tres rosados, uno amarillo y uno verde.- Dijo una de éstas adolescentes que se creen el centro de todo. Por lo general, no las soportaba.- No, espera, ¿Tienen destacadores azules?- Asentí mirándola con la cara de resaca mal llevada.- Entonces quiero dos rosados, uno azul, uno verde y uno amarillo. Fui a buscar los materiales pedidos demorándome más de lo necesario. Fui a la pequeña bodega donde guardábamos los materiales, y cuando volví con ellos al mesón, la clientela se había triplicado. Suspiré derrotada, pues sólo habían dos vendedoras además de mí. La niña se llevó los materiales y volví a atender. -Pero bueno... mira lo que tenemos aquí.- Levanté la vista de la boleta que estaba firmando. -Dígame, ¿La puedo ayudar en algo?- Miré a la joven extrañada. ¿Dónde la había visto? -¿Te acuerdas de mí?- Su tono me hacía pensar el doble. -Lo siento, no...- No terminé la frase, pues claro que me acordaba, esas uñas y extensiones rubias no se olvidan rápido.- ¿Francia, verdad? -Sí, y tú eres... ¿Nancy? -Nicol.- Corregí.- ¿Te puedo ayudar en algo? -La verdad venía a por unos materiales, pero aprovechando que te encuentro, sí, quiero que te alejes de Matías.- La postura de su cuerpo me alertó, ella estaba lista para pelear si era necesario. El problema era que yo no quería un espectáculo en mi lugar de trabajo.- Él es mío. Cuando dijo eso, fue cuando comprendí a lo que venía. A alejarme de 'su hombre'. ¿Creía que yo quería acercarme a Matías? -Disculpa, pero... no quiero acercarme a él, ¿Vale? No está en mis planes y no estará dentro de un buen tiempo. Tu noviecito está a salvo, ¿Contenta?- Aunque eso no era del todo cierto, no le iba a dar la razón. -Me lo creería si no tuvieras esa cara de mentirosa. Conozco a las mujeres como tú. Sólo buscan lo ajeno y destruyen otras relaciones.- Me reí. -Estás haciendo el ridículo y perdiendo tu tiempo.- Hice un gesto con mi mano para ocultar la rabia que me daban sus palabras.- Ten en cuenta que fue él quien me eligió. Yo no lo hice. Y si tienes problemas con tu descerebrada pareja, no es mi rollo.- Bufé.- Voy a hacer de cuenta que no escuché ninguna ofensa hacia mí de tu boca. De hecho, voy a olvidar que has venido.- Su rostro estaba rojo con la rabia, si pensó, por una milésima de segundo, que me iba a quedar callada, se equivocó. -¿Algo más?- Me pregunto alzando una ceja. -Sí. ¿Vas a queres algún material de la librería o no? Tengo mucha clientela, mientras más prisa te des, mejor para todos. No me respondió, sólo se giró y se fue del lugar. Sonreí por mi pequeña victoria, pero en seguida fui llamada por otro cliente. Lo que quedaba de jornada lo pasé sin novedades, no llegó ninguna otra clienta llamándome 'zorra' indirectamente. Cuando llegué a casa, repentinamente me dí cuenta de algo. Casi besé a un chico con novia. Yo no era así, nunca había besado a alguien que estubiese 'ocupado'. Aunque no nos besamos, sí estuvimos demasiado cerca. No podía volver a ocurrir. Me dí cuenta de que estaba dejando de lado el conflicto que me hizo conocerlo y dando acogida a otros sentimientos... menos negativos. Lo cual no era bueno, ¿Verdad? Con esa ensalada en la cabeza, concilié el sueño. Cuando desperté, no era domingo, como pensé, sería. Era lunes. Lo que significaba que había dormido toda la noche del sábado, día y noche del domingo, y gracias al despertador, recién había abierto los ojos. ¿Se puede dormir tanto? Negué con la cabeza mientras me levantaba. Lo único bueno era que hoy tenía ensayo. Sonreí por eso. Cuando estaba triste, lo único que me hacía sonreír era la música. Cantarla o escucharla, ése era mi remedio. Llegué a la universidad derechito a mi primera clase. El profesor hablaba y yo seguía sin entender. Creo que es obvia la asignatura en la que me encontraba. Comencé a recordar la fiesta, pero no pude del todo, pues lo único que se venía a mi cabeza, era ese acercamiento. No sabía si era algo bueno, pero era lo que recordaba con mayor nitidez. Me volví a impresionar de haber pensado en querer besarlo. Para evitar pensar en cosas serias, en mis recientes deseos y acciones, decidí atribuirle todo al alcohol. Él era el culpable de todo. Lo más probable es que él también hubiese bebido, por eso fue que permitimos llegar a ese confuso momento. Fin de la historia. Alcohol más alcohol... la ecuación es válida. Divagué en mi encuentro del día sábado por la tarde. Y cada vez me convencía de que Francia era su novia, ella estaba celosa y me había dicho sutilmente, que era una cualquiera. Me reí por eso, si yo era así supuestamente, ¿Qué quedaba para ella? -¿Algo que le haya cauado gracia de mis palabras, señorita? Reaccioné. Estaba en clases. Con mucha gente en silencio. Un profesor explicando. Y yo me acababa de reír.  -¿No?- Respondí. -¿Puede explicarme lo que estaba diciendo? -Amm...- Miré el pizarrón y supe que no podría. Estaba lleno de números sobre otros, pues el profesor era demasiado flojo como para usar el borrador.- Creo que no. -Háganos un favor y retírse de la clase. -Prestaré atención, en serio. -Fuera. -Pero... -No. -En serio... -He dicho fuera. -Si me escucha... -¡Señorita! No me haga expulsarla de mis clases por lo que queda del año. Cerré mi boca y sabiamente abandoné el aula. Fui a esa pequeña plaza apartada de la universidad que tanto me gustaba. Saqué mi cuaderno y libro de Bioquímica y mis audífonos. Mis fieles compañeros de tardes aburridas y clases de Física. Puse la música a todo volumen, aún sabiendo las consecuencias que eso significaba. Comencé a leer la materia con calma y adelanté un poco. Pero al rato, me fue imposible concentrarme, no era por la música, pues siempre estudiaba con ella, era porque volvía a tener esa sensación de ser observada bajo lupa. Me removí incómoda y miré hacia todas partes. Nada. Preferí levantarme y juntarme con Carol. La próxima clase, inglés avanzado, nos tocaba juntas. Tras caminar un rato, la encontré en la biblioteca. -¿Cómo está esa caña? -Bien tratada.- Me reí.- ¿Por qué desapareciste tan temprano? -Ah, eso... Me encontré con Antonio.- Lo último lo dijo con voz apenas audible. -¿Con quién? -Mi tutor.- Se ruborizó y yo me reí. -Estás colada por él.- Ni siquiera lo pregunté. -No. -Sí. -No. -No. -Sí. -Lo sabía.- Me reí por la inocencia de mi amiga, quien me fulminaba con la mirada y me arrastró a la clase. Ésta fue mejor, el inglés se me daba bien y lo exigían en mi carrera como una de las asignaturas obligatorias. Cuando salimos, Fabián nos esperaba conversando con alguien a quien no conocía, pero al parecer mi amiga sí, pues se puso de todos los colores hasta finalizar con el rojo en sus mejillas. Creo que comprendí quién era. -Hola...- Saludó ella con una vocecilla infantil. Con Fabián nos miramos. -Hola.- Respondió él. -Él es Antonio, mi tutor. Antonio, ella es Nicol, mi amiga, a Fabián parece que ya lo conoces. -Un gusto.- Me saludó.- ¿Vienes conmigo?- Se dirigió a mi amiga.- Te puedo explicar la materia de Bioquímica, la que no entendías. Nuestra reacción con Fabián fue la misma. Alzamos las cejas, abrimos los ojos y nos giramos a ver a Carol. Ella era excepcionalmente buena en esa asignatura. -S-sí, por favor.- Dijo de mil colores. Luego nos miró.- Nos vemos luego. Tomó al chico del brazo y se lo llevó lo más rápido posible, antes de que a Fabián o a mí se nos ocurriera abrir la boca. -Bueno, bueno, esa chica está loca por él. -Así parece.- Nos reímos. -¿Hamburguesa y frituras? -Genial, yo invito. Terminamos nuestro muy saludable almuerzo y fuimos a la biblioteca. Él debía devolver un libro. -¿No te cansas de tantas leyes?- Miré el grueso tomo que llevaba en las manos. -¿Tengo otra opción? -Puedes plantarles cara.- Me refería a sus padres. -Ya sé lo que tengo que hacer, Nicol. Voy a sacar la carrera con el título que ellos quieren, independizarme, trabajar, ahorrar y volver a estudiar pedagogía. -Suena un buen plan. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿Verdad? -Sí, por eso un día iré a tu casa con mis maletas y compartiremos el precio del alquiler. -Por mí genial.- Me revolvió el cabello. -Iba de broma. -Yo no. -¿Qué toca ahora en tu ocupada agenda?- Cambió el tema. Miré mi cuaderno. -Ensayo. -Voy contigo. Fuimos directo a la sala de música. El profesor siempre quiso que Fabián fuera parte del equipo, pero él nunca quiso, alegaba de que no tenía tiempo para ello, pero la verdad era que si sus padres se enteraban de eso, él dejaba de recibir el dinero que hasta ese momento, recibía mensualmente para pagar su carrera. A pesar de las negativas de mi amigo, el profesor dejaba que me acompañara la vez que quisiera al taller, convenciéndose de que algún día aceptaría. Entramos y aproveché para ensayar con mi amigo al frente. Después de un rato, llegó Alonso, le explicó algo al profesor, éste sonrió y nos llamó a todos. Fabián se ubicó a mi lado. -Bueno, bueno, hoy tenemos un nuevo integrante. Debemos recibirlo con los brazos abiertos.- Se giró hacia la puerta.- ¡Adelante, por favor! Me giré hacia la puerta justo en el moemnto que el individuo entraba. Me quedé en blanco. ¿Es que me encontraría en todas partes esos ojos verdes? 
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