Cómo es que éste mundo es tan pequeño? ¿Cómo es que está aquí? ¿Cómo no lo había visto antes?
Porque estaba segura que era uno de los dos hombres que entraron a mi casa. Claro, él era el más joven. Lo reconocería aquí o en cualquier lugar. Esos malditos ojos que no me dejaban dormir, eran inconfundibles. Y estaban, en este minuto, mirándome y reconociéndome.
Mierda. ¡No! Que no me reconozcan.
El joven a mi lado frunció el ceño, y yo, con todo mi temor guardado ante el recuerdo de esa noche, me volví hacia Clarita.
-Hija, ¿Estás bien? Te veo pálida.- Mi respiración estaba agitada y las lágrimas estaban desesperadas por ser libres.
¡Estaba aterrada!
-Sí.- Dije en un susurro.- Me tengo que ir.- Intenté parecer segura. Tomé mi mochila y me la colgué al hombro.- Permiso.
Salí lo más rápido de ése lugar. Estoy segura que lo hice corriendo.
Tengo que salir de aquí.
Fui directo a casa, en mi bicicleta. Cerré todo con doble seguro y me interné en mi habitación con las cortinas cerradas.
Me hice ovillo sobre la cama de dos plazas. ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
De todas las ridículas personas que existen en este gran, inmenso, GIGANTE, plantea, tenía que encontrarme con él. Con el hombre que entró a mi casa a robar. Con el que me atemorizaba de sólo imaginarlo y con cuyos ojos no he dejado de soñar.
¡Esto está mal! No, está mucho peor que mal.
¿Y si me lo vuelvo a topar en la Universidad? Ya está claro que estudia allí. ¿Y si vuelve a intentar algo?
Comencé a evaluar todas las posibles actitudes del chico. Estaba perdida, lo mejor era que me vaya de la Universidad.
¿Nicol? ¿Sí ves cómo estás reaccionando?
Estaba haciendo todo lo que me prometí no hacer ésta mañana, al salir de casa: Darles en el gusto de atemorizarme. Es que bueno... No pensé mucho, sólo actúe y salí corriendo. Pero eso no volverá a suceder. Tengo que enfrentarlo. ¿Y si no se vuelve a acercar a mí por miedo a que lo denuncie? Francamente no lo voy a hacer, ya no lo hice, pero sería enormemente conveniente que él piense eso. ¿Y si fue un sueño? O quizá lo imaginé todo. Sería ideal. Sin embargo, no estoy tan chiflada como para pensar eso.
Lo mejor era enfrentar las cosas. Así como había hecho siempre y no era momento para cambiar eso.
Me levanté de la cama, me duché y tomé once. Luego, volví a mi escritorio, rodeada de cuadernos y libros. Tenía que estudiar física. Esa asignatura era mi cruz. Nunca había entendido de qué me serviría. Pero como los profesores son... especiales, nos hacen estudiar cosas que no nos serán útiles. No todos, claro.
Me dormí sin darme cuenta cómo y cuándo, pero cuando desperté, era momento de comenzar el día. La luz se filtraba por la ventana y mi celular sonaba avisándome de una llamada.
-¿Diga?
-Te recojo en treinta.
-Vale.- Colgué y me preparé para esperar a Fabián, era el único que tenía auto, y a veces, como hoy, me pasaba a buscar.
Salí de la casa justo cuando el auto de mi amigo se estacionaba. Me subí al coche.
-A eso le llamo coordinación. Hola, linda.
-Hola, adulador.- Besé su mejilla.
-¿Cómo dormiste?- Fruncí el ceño. ¿Cómo no me dí cuenta antes? No había tenido pesadillas.
-¿Bien?- Seguía confundida.- ¿Y tú?
-Bien.- Ya íbamos en marcha.- ¿Te dijo Carol?
-¿Qué?- Pregunté para despejar mi mente.
-La 'Ceremonia' de elección.
-¿Qué se supone que es eso?- Pregunté extrañada.
-Los de tercero eligen a los de segundo. Para ayudarlos. Son sus tutores.
-¿Eso no lo hacen los de segundo con los de primer año?
-También los de tercero, es un nuevo mecanismo de estudio. Pero ya sabemos quién te eligirá. Alonso lleva un buen tiempo detrás tuyo.- Rodé los ojos.
-Claro, y estoy tan cerca de querer estar con él, como de ser la Miss Universo.- Me burlé. Aunque Fabián tenía razón.
Sin darme cuenta, ya habíamos llegado a la Universidad.
-Te veo al almuerzo.- Le dije.- Ve con Carol.
-Vale.
Cada uno se fue a sus respectivas clases. La mía: Física. Perfecto.
Pasé toda la mañana de clase en clase. Luego me reuní con los chicos en el comedor. Almorzamos y nos fuimos a un lugar con césped. Nos sentamos y Fabián dijo:
-Mira lo que me conseguí.- Me mostró lo que tenía en su mano.- Deléitanos.
-No.- Me reí.
-Vamos.- Presionó Carol.
.¿Por qué?
-Porque cantas genial.- Dijo ella. No les incomodaba que supiera cantar bien, al contrario, habían veces que me pedían que cantara y yo cedía sin más. Sólo para pasar el rato.
-Vale, pero solo si me acompañan y Fabián toca esa guitarra.- Apunté lo que me había mostrado hace un rato.
-Perfecto.- Y los tres comenzamos a cantar, entre risas y carcajadas bastante sonoras. Con ellos me olvidaba de todo lo malo.
Muchos me vieron tirado en la esquina
De la confusión,
Y nadie tomó mi mano de vuelta
A la salvación,
Escucharon mi llanto
Escucharon mi desesperación,
Muchos me vieron tirado en la esquina.
Seguimos cantando, pero de pronto, volví a la realidad. Me sentía observada... demasiado. Siempre cantábamos aquí, y nunca me había sentido tan observada como ahora.
Nerviosa, giré mi cabeza de un lado a otro, buscando el por qué, pero al no dar con nada raro, caí en la conclusión de que tal vez me estaba volviendo paranoica con los últimos acontecimientos.
Eso debe ser.
Terminó la canción y seguía con esa sensación de ser observada, pero no le dí más importancia. Nos pusimos a conversar, intenté concentrarme y cambiar la imagen de unos ojos verdes en mi mente. Pero antes de que eso pasara, les conté a los chicos sobre mi desagradable encuentro en la biblioteca.
-¿Estás segura de que era él? No sé, lo pudiste haber confundido con alguien más.
-Eso pensé, pero me dí de frente con la realidad, no creo estar tan desquiciada. Esos ojos. Sus ojos eran inconfundibles.
-Dime quién es y lo golpeo. Te juro que lo hago.- Comentó Fabián. Sonreí.
-Tranquilo, hombre.
-¿Cómo puedes sonreir? Sabiendo que ese tipo está aquí.- Cuestionó mi amiga.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Que me heche a llorar por los rincones? Ni de broma. Si por a, b o c motivos él me está observando en este minuto, no le voy a dar en el gusto de que me vea mal. Que sepa que no me da tanto miedo.
-Si necesitas ayuda con algo, me dices. Pero igual, quiero que me digas quién es.
-No lo he vuelto a ver, y espero no hacerlo. Pero cuando tenga la oportunidad, te lo digo.
-Más te vale, pequeña.- Fabián era de mi misma edad, pero grande y musculoso. Por eso podía decirme pequeña.- Ven y dame un abrazo.- Se lo dí gustosa, arrastrando también a Carol. Si de algo estábamos seguras es de que Fabián no se sentía atraído por ninguna de nosotras. Por lo mismo, lo dejábamos pasar por nuestro ligue en fiestas para apartar a tipos molestosos, y viceversa. Él hacía lo mismo con nosotras.
-Cambiemos de tema.- Carol fue la primera en habalar.
-Ya viene con el rollo de los tutores de nuevo.- Fabián rodó los ojos.
-¡Admite que es emocionante! ¿Y si me elige un chico bueno? Además, Nicol también lo encuentra emocionante. ¿Verdad que sí?- Me tomó del brazo, presionando una respuesta de apoyo. Rodé los ojos y reí.
-Uff, claro. Mira cuán emocionada estoy. ¡Eh!- Subí y bajé mi brazo.
-Graciosa. Ya quiero ver sus caras cuando uno de tercero me elija.
-Probablemente sea de sorpresa.- Contestó Fabián riéndose.
-Son imposibles.- Carol levantó ambas manos y luego las dejó caer.
-Pero nos quieres.- Debatí.
-Lo que digas. A que a tí te elige Alonso.
-Fabián me dijo lo mismo.
-Por algo será.- Comentó mi amigo.
-Deberías darle una oportunidad.- Insistió Carol.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-¡Que no!
-Vale, pero mira las ventajas, estudia medicina y va en tercer año.
Y va en tercer año...
Esas palabras se burlaban de mí, confundiendo mi mente.
Tercer año, tercer año...
'-Muchos me lo piden, sobre todo los de tercer año.'
'-Puedes hacerlo tú misma. Ahí viene uno.'
Y toda la verdad vino a mí de golpe.
Él va en tercer año.
Él pidió un libro igual al mío. Lo más razonable es que vaya en mi misma carrera.
Sólo saqué una aterradora conclusión.
Él iba a estar en esa estúpida elección.