Estaban conviviendo pacíficamente, los besos continuaban, y Helena no lo rechazaba, pero tenía cosas que necesitaba preguntar, no podría dejarlo tocarla sin hacer algunas preguntas. Se estaba vistiendo para dormir cuando él llegó de la calle, estaba solo en ropa interior en el momento en que él abrió la puerta, inmediatamente Helena se puso tensa, pudo percibir el ambiente calentándose y la excitación de Stefano. —Traje una pizza. La frase fue dicha con una ronquera que la alarmó aún más. La mirada de él la hipnotizó, con la toalla protegiendo sus pechos se refugió detrás de la cama, sus grandes ojos azules se hicieron aún más grandes. —Estefano, sal de aquí. —Hoy no, pequeña, hemos estado jugando al gato y al perro algunos días, como dos colegiales. Dame algo para tranquilizarme. —¿

