Se detuvieron en un Spa fantástico, Helena nunca había entrado en un lugar como ese, primero su padre siempre le había prohibido hacerse cualquier procedimiento de belleza, luego Otávio no la dejaba ni comprar ropa, mucho menos arreglarse las uñas y el cabello. Quien las recibió fue una mujer de unos cuarenta años, alta, delgada y de color. Pocas veces Helena había visto a una mujer con una sonrisa tan hermosa y con una altivez tan grande como esa. La mujer abrazó a Ella y la saludó sonriendo. —¿Cómo está, señora? Hace tiempo que no viene. —Sí, hace tiempo, pero hoy vinimos para quedarnos hasta pasado mañana. Queremos disfrutar de todo lo que tenemos derecho. —¿Y esa otra belleza que te acompaña quién es? —Esta es Helena, la esposa de Estefano. Helena notó que aunque la mujer intenta

