Lady Esperpento, que bebía con parsimonia una copa rodeada de sus amigas, se veía… diferente. Guiando a las ancianas hacia donde yacían sentadas lady Helena Delacroix, luciendo un enorme y horrendo sombrero color púrpura; y lady Campton, la ceñuda carabina de lady Russell, Nicolas se fijó en que la pequeña Delacroix lucia por primera vez un vestido de un color que no era marrón o gris. Y a pesar de que seguía llevando ese trapo en la cabeza y sus horribles gafas, era bastante elegante, el cambio le favorecía. Su piel blanca no parecía tan pálida, sino que brillaba con una luz dorada, y por más loco que pareciera, se encontró deseando poder ver su cabello libre de esa tela, cubriendo su delgada espalda. —Muchacho, presta atención o terminarás estrellado dentro de esa maceta —señaló lady Hel

