Capítulo 3 —Cayendo en la perversión

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Charlie Morton: —¡Oye! —Me empujo alguien—. ¡Que sí vas a ir a la fiesta de hoy! Observé con irritación a mi compañero de cuarto en la universidad. —¿Por qué tienes que ser tan molesto? Tengo dos oídos, puedo escuchar muy bien. —Le señalé. Nate me lanzo su pelota de beisbol y la atrapé enseguida con una de mis manos. —Pues como estabas tan distraído. Tuve que gritarte. —Me dice sin importancia. Suspiré y comencé a rebotar la pelota en la pared. Mierd*, estaba muy distraído, esa niña me había dejado perturbado. Yo mismo me sentía perturbado. ¿Qué había hecho? Era un pervertido, había besado a una menor de edad. La había presionado como si fuera un maldit* juego para mí y la seduje de la peor manera. La verdad, no sé qué me paso por la cabeza, pero no pude detenerme. Ella… Ella me tentó con solo su mirada y no podía saber que tenía esa mocosa que me excitaba tanto. Deje salir un suspiro frustrado, pero claramente la había cag*do. Sí, esa niña me acusaba, ya podía decirle adiós a mi beca de medicina. Aunque no era lo peor que había hecho en mi vida, sí contábamos a mi vecina. La mujer, era mucho mayor que yo, casi estaba en sus cuarenta y me la había cogid*, sobre la isla de su cocina, cuando su esposo no estaba. Mierd*, ¿cuándo me detendría? Siempre me metía en problemas. —Entonces, ¿vas a ir a la fiesta? —Vuelve a preguntar el fastidioso de mi compañero. Rodé mis ojos. —No tengo más que hacer, por supuesto que lo haré. —Además de que me tenía que sacar de la cabeza a esa niña y la sensación de sus labios contra los míos. —Bien, les avisaré a todos los chicos. Incluso a Alexander, hace mucho que no sale de su habitación. Creo que está muert* o algo, porque no lo he visto. Negué con una sonrisa y le lancé la pelota que él atrapó enseguida. —Solo está estudiando. Además, lo vimos ayer, pero estabas tan drogad* que no lo notaste. El chico se ríe. —Touche —dice como si lo hubiese golpeado bajo—. Trataré de cambiar la marigu4na, por cigarr0s convencionales, a ver si así mejoro y me mantengo más al pendiente. —Él sale de la habitación. Cigarr0s o marigu4na, los dos eran veneno para el cuerpo, pero ese chico no escucharía mi explicación. Ya lo había intentado y había fallado. Además, ¿quién le podía sacar esa idea de la cabeza? Nate se especializaba en química farmacéutica. Solo vivía creando alucinógenos en su laboratorio y mientras los maestros no lo notaban, vendía sus propias drog*s de contrabando en la universidad. Alguna vez probé alguna de ellas, incluso Alexander, pero nos detuvimos allí, eso no era para nosotros. Solo espera que Nate tuviera cuidado. Aunque a mí qué mierd*s me importaba, ese era su problema... Demoni*s, olvide todo de nuevo y me centre nuevamente en esa mocosa. Cuando la vi, me pregunté, ¿qué hacía ella allí? Se veía demasiado madura para estar con esas chicas, incluso con mi prima. Esa niña aún jugaba con muñecas y creía en finales felices. Bueno, aunque esa mocosa, que según supe después se llamaba, Sonia, aún usaba vestido, pero ese no era ningún indicador, que me mostrara que había tenido novio. Lo supe con solo besarla, ella era totalmente inocente. Dejé escapar un suspiro y me acomodé mejor en mi cama, dejando mis brazos detrás de mi nuca. Observando luego, mi techo como si tuviera todas las respuestas del universo. Mierd*, lo que vi y lo que sentí a través de mis manos, cuando se posaron en sus caderas. Definitivamente, me excito y ese gemido que dejo escapar ella, me dejo dur* y con mucha necesidad. Quise volver a besarla, incluso conocerla. Una relación a esa edad no era imposible para mí. Pero me negué a avanzar porque simplemente eso era muy… —¡Pervertido! —Me grito alguien. Sí, exacto, eso. Gire mi rostro y me incorpore un poco en mi cama. Alexander Spencer, estaba en el umbral de mi puerta con varios libros en sus manos. —¿Qué haces? ¿Ya estás pensado en mujeres desn*das? Negué con una sonrisa. —Si supieras… —No quiero saber más de tus aventuras con tu vecina. Más bien, hazme un favor. Discúlpame con los chicos, tengo examen mañana y no quiero perder el tiempo en esas fiestas. —Me dijo él ajustándose sus lentes de nerd. Me levanté de la cama y me acerqué a mi amigo. —¿Qué tienen de interesante un montón de huesos? —Le pregunté mientras apartaba la vista de sus libros. La traumatología, era mi especialidad, pero seguía pensando que era mejor perder mi tiempo con mujeres y en fiestas, que estudiando. Alexander pone sus ojos en blanco. —No lo entenderías. Tú ve a foll*r que es lo que te gusta hacer y yo iré a estudiar. Debo pensar en mi futuro. —Él se aleja para salir del todo de mi habitación. Lo seguí a las afueras. —¿Qué pasa con Briana? ¡Quería cog*r contigo! —Le grité y no me importaron las miradas incómodas que me dieron, los chicos de primer año, que pasaban por mi lado. Alexander no se da la vuelta y dice en voz alta—¡Cóg*tela tú! ¡No me importa! —Gracias, amigo —dije con diversión. No sabía el favor que me había hecho. Una castaña, con grandes pech*s y un trasero bien proporcionado, era lo que necesitaba esta noche. ************ Era un depravado, pero no pude evitarlo. Imagine a Sonia, mientras me desahogaba con Briana, como si fuera mi deporte favorito. Menee mis caderas y tome con insistencia unos de sus pech*s, para luego cubrirlo con mi boca, succionándolo fuerte. La castaña gimió debajo de mí y rodeo sus largas piernas bronceadas alrededor de mi espalda baja, acercándome más a su zona sensible. —¡Oh, sí, Charlie! ¡Más dur*! Le di lo que quería. Choque mis caderas con fuerza y deje caer mi rostro en el hueco de su cuello. —¡Gime más para mí! —Le ordené con voz trabajosa. Dejé escapar un gruñido cuando la sentí mojarse más y gritar muy excitada. Jamás me había encendido tanto en mi vida, ni siquiera me paso con mi vecina. Esta era, simplemente, otra fantasía y Sonia estaba en ella. Caraj*, era una chica de quince. Jamás me habían gustado tan jóvenes, pero ella era mi excepción. —¡Mierd*, muñeca, así! ¡Muévete más rápido! —La insté a continuar y la castaña no me defraudo. Golpee fuerte contra ella y Briana siguió con la misma intensidad, mis empujes. La liberación llegó demasiado deprisa y me dejé consumir por completo imaginándola solo a ella. A esa mocosa que había conocido por casualidad… La olvidé con el tiempo, por supuesto. No podía mantener ese recuerdo, solo me obsesionaría y yo no era esa clase de hombre. Además, jamás me enamoraba. Me acostaba con una chica diferente cada noche y eso era suficiente para mí. Así que, definitivamente, no. No necesitaba volver a caer en esa perversión. Sonia estaba en mi pasado… ¿Cierto?
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