Tengo miedo que me dejes de querer.

2870 Words
Capítulo 4 ―Casa Rhodes ― ―Damián, llegaba alrededor de las dos de la tarde con un ramo de rosas, cuando entro solo pregunto. ―¿Mi esposa? ―Señor en la terraza esperándolo ―contesto el mayordomo, que recibía su maletín, así como su saco, para colocarlo en el perchero. Damián fue a buscar a Catalina a sonde le dijeron y al llegar a la terraza, solo se le ilumino el rostro al verla ahí sentada, mirando hacia el rosedal. ― Amor, ya estoy aquí como lo prometí. Catalina se levanta de inmediato para recibirlo, dándole un beso, Damián la abrasa y la carga. ― Te extrañe ―dijo Catalina, solo posando sus manos en la cara para mirarlo a los ojos. ―¿Qué? Escuché bien ¡Me extrañaste! ―exclamo sorprendido―. Mmm eso me agrada, te traje rosas ―dijo dándole el ramo que había comprado exclusivamente para ella. ―¡Más rosas! Si aquí hay muchísimas ―dijo señalándoles los rosales que estaban en flor. ―Sí, pero estas las escogí solo para ti ―dijo, sin soltarla de la cintura y posar un beso en su cuello. ―En ese caso, las tendré en alta estima las pondré en un florero ―dijo tomándolo de la mano y llevándolo de la mano adentro de la mansión, para dirigirse al comedor. ―Damián como esposo enamorado, en los pasillos la arrinconaba para poder besarla a sus anchas, tenía hambre, pero de Catalina que solo buscaba sus dulces labios para besarlos y mordisquearlos. ―Mmm adoro besarte, sino fuera porque tenemos que visitar a tus padres, me quedaría contigo toda la tarde. ―¿Damián no tienes hambre? ―pregunto Catalina sonriendo muy picara―. Porque yo si tengo ―dijo posando su frente contra la de Damián. ―Bueno está bien, pasemos a comer si debes tener hambre ―dijo mirando su reloj de bolsillo, llevando a Catalina de la mano hasta el comedor. Damián ayudo a Catalina a sentarse a su lado y el como siempre en la cabecera. ―Amor, tenemos varias invitaciones a bailes, te digo para que los tomes en cuenta, me las han entregado a mí, aunque ya pedí que la correspondencia te la entreguen a ti, solo lo que sea de la empresa que lo pongan en mi despacho. ―Está bien, lo bueno que tengo mucha ropa y no hay necesidad de buscar algo que ponerme ―dijo Catalina pidiendo que trajeran la comida. ―Aun así, si tu así lo deseas puedes pedir a las modistas donde compramos en Nueva York que te manden lo que te agrade o algún modelo en especial, no te preocupes por el precio. ―dijo Damián aceptando la sopa que le estaban sirviendo. ―No será necesario, de verdad, me compraste muchísima ropa tanto en México, como en Nueva York. ―comento, solo recibiendo lo que habían preparado. ―Solo deja que me acomode en la empresa y después viajaremos a Europa, te comprare tiendas completas si así lo quieres, mi esposa debe ser de las mejores vestidas de esta ciudad. ―dijo, solo besando su mano. ―Ay mi amor, gracias más consentida no puedo estar ―dijo muy feliz, Catalina que en verdad lo era, a esas alturas si Damián no tuviera para esos vestidos y joyas que le regalaba, no importaba, ya que sentía amarlo en desmedida. Después de la comida, por la tarde fueron a casa de sus padres… ―Señora, señora la buscan ―dijo Tacha, muy emocionada al decirle de su visita―. Están en el recibidor. ―Bueno, que no te he dicho que siempre preguntes, antes de dejar pasar a la gente. ―dijo Janes, muy molesta porque Tacha nunca le obedecía. ―Sí señora, pero esta visita le va agradar ―dijo tacha muy sonriente. ―La señora Bennett bajaba, preguntándose ¿Quién podía ser? Menuda sorpresa se llevó cuando vio en el vestíbulo a Catalina junto con Damián. ―¡Hija, por Dios! ¿Por qué no avisaron que llegarían? ―pregunto, solo bajando las escaleras para llegar a ella. Catalina se soltó de la mano de Damián para llegar hasta su madre. ―¡Mamá!―exclamo corriendo abrasarse. ―Mírate hija tan hermosa ¡ay, qué emoción! Pero… ¿porque no avisaron que llegaban? Tu padre estaba al punto del colapso, porque dice que casi no le escribías ―espeto, en forma de reproche. ―¡Mama, estaba en mi luna de miel! Y estuve tan ocupada, que ni tiempo tuve de escribir―dijo, abrasando a Damián. ―Sí, de eso soy culpable, la tuve demasiado entretenida, perdónenme por eso ―comento Damián un poco apenado, porque realmente la tuvo ocupada en la hacienda, primero como su sirvienta y después solo amándose. ―Bueno si es por eso, está bien, pero pasen al salón, ay hija hay tanto que platicar, tu hermana no debe tardar en llegar, le cuesta tanto trabajo adaptarse a su nueva familia que me da pesar, espero que a ti no te pase lo mismo. ―comento pidiendo té y galletas, para comenzar a platicar. ―Oh no creo que eso pase, porque si no soy capaz de dejarla encerrada con doble cerradura. ―comento Damián, mirando a catalina a los ojos, en lo que ella posaba su cara en su pecho. ―Espero y no le hagas eso a mi hija, Damián, no me hagas que me arrepienta haber dejado que se case contigo. ―contesto el señor Bennett entrando al salón. ―¡Papá! ―exclamo, parándose para ir a abrasarlo―. Pero mírate porque esas ojeras ―dijo revisándolo. ―Bueno hija; de no dormir, ya mi ingrata hija solo me mando un par de notas, en los siete meses que estuviste de viaje. ―espeto, muy serio mirándola con cara de enojo. ―Papito, estuve demasiado ocupada, perdóname por no escribir mucho.―contesto Catalina, muy apenada, de ser la responsable de que su padre, se preocupara. ―Ay hija, al verte aquí me hace tan feliz, que te puedo decir…― Dándole un beso en la frente―. Anda ve a sentarte. ―Damián, igual acude Sr. Bennett dándole un abraso. ― Perdóneme por alejarlos de su hija, pero de verdad estuvimos ocupados. ―comento, muy apenado por todo lo que había pasado entre ellos, que, si lo supieran, creo que el señor Bennett se come a Damián con todo y zapatos. ―Bueno los excusare, solo porque veo una sonrisa de oreja a oreja de mi hija, sino créeme que te asesinaría, vamos muchacho quita esa cara, dejemos a las damas y vayamos hablar de negocios. ―dijo el señor Bennett dándole un par de palmadas en la espalda. ―Claro, amor iré con tu padre ―dijo, dándole un beso en la frente. ―ﷻ―ﷻ―ﷻ Casa de los Strohs. Bianca se ponía el sombrero, para ir a casa de su madre, pero al cruzar el umbral de la casa, ya la señora Cecilia Strohs, estaba en la entrada ya esperándola para cuando quisiera salir. ―¿A dónde vas? ―pregunto, muy seria pero lista para realizar las ordenes de su hijo. ―A casa de mi madre señora, como todas las tardes ―contesto, un poco irritada. ―Lo siento hija, pero ya en tu estado es demasiado prominente, así que me temo que no tendrás permiso de ir a casa de tus padres, lo siento. ―dijo llegando hasta ella, para posar sus manos sobre sus hombros―. Mejor me acompañas a tomar el té. -Pero… ¿Por qué? Jeffrey, siempre me ha dejado ir a la casa de mis padres sin problema. ―pregunto, muy desconcertada. ―Sí, pero el mismo dejo dicho que no puedes salir ―dijo llevándola a sentar a la pequeña mesa que tenía en el jardín―. Hija si te pasa algo en el camino, si comienzas a dar a luz, en fin, no hija, no debes salir ya, así que te pido que te quedes tranquila en casa. ―Bianca, ni siquiera podía creer lo que su suegra decía, pero como le negaban la salida a casa de sus padres, si ella tan apegada a ellos. Por primera vez sintió impotencia y mucho coraje, de que ahora hasta le habían prohibido salir. ―Anda hija, ven ayúdame que ya mero termino la canastilla del bebe, solo hay que bordar los pañales, anda siéntate y deja esa molestia, ya pronto nacerá mi nieto, créeme que ya no te dejará ir ni siquiera de visita a ningún lado, porque deberás atenderlo. Bianca, no le quedo de otra que sentarse y ponerse a bordar, lo que su suegra lo sugería, muy molesta, pero no podía decir nada ya que en esa casa no tenía ni voz, ni voto. ―Hija no te molestes, solo estamos preocupados por ti, es solo eso, además una vez que ya des a luz, vas a ver que tu vida cobra normalidad, ahorita estas irritada, molesta, tu matrimonio, cambio de casa, todo te afecto, pero sé, que si mi hijo te eligió fue por algo, anda solo no te desesperes. ―dijo Cecilia tomando un par de agujas para comenzar a tejer una chambrita para su futuro nieto. ―Sí, es solo que siento que Jeffrey, ha estado muy distante desde que nos casamos, que no lo entiendo, se supone que no debe estar así, sino al contrario, debería estar al pendiente de mí, por lo del bebe. ―comento, haciendo ver su sentir. ―Ay hija, los hombres así son, mi esposo así estuvo en mis dos embarazos, pero era mi culpa, yo andaba tan irritable; que créeme nadie me aguantaba, aparte de que los negocios y el trabajo, también no ayudaban, ya solo daba a luz y todo volvía a la normalidad. ―hablo Cecilia, tratando de que Bianca se calmara y comprendiera a su hijo, del estrés de lo que era el matrimonio. ―Sí, supongo ―contesto Bianca tratando de engañarse a sí misma, porque por dentro sabía que algo paso, Jeffrey solo cambio de la noche a la mañana, desde que eran novios, pero su emoción por casarse no le permitió siquiera ver que sucedía. ―ﷻ―ﷻ―ﷻ Jeffrey había ido a su oficina por la tarde, después de ir a casa de Julieth, ahí estaba su hermano esperándolo… ―Pensé que no vendrías, llevo un buen rato esperando, pregunte a papá y dice, que no sabe dónde andabas. ―comento, solo leyendo el periódico en lo que esperaba. ―¡Ay ya vas a empezar! ―exclamo, molesto―. ¡¿Por qué no te vas a trabajar con tu cuñadito?! Ese que tanto idolatras. ―pregunto en forma ironica. ―Sabes que, sí, pero la cuestión que también tiene negociaciones con nosotros, así que es por eso que vengo a verte, para que me informes como van las inversiones. ―dijo Gabe, ya molesto por la actitud de su hermano. ―Ah vaya, yo pensé que solo venias a visitarme, porque no me dices ¿Dónde anda Damián? De una vez por todas y nos quitamos de juegos, cómo que ya se tardó ¿No crees? ―pregunto, llegando hasta su escritorio, para sentarse alzando las botas en su escritorio. ―Bueno precisamente por eso vine, él ya regreso, así que necesito esa información para ayer ―dijo, mirándolo a los ojos. Jeffrey estaba sorprendido por la noticia que solo sonrió maliciosamente. ―Bien ―contesto, con cara de molestia―. Pasa mañana, te tendré el informe muy temprano en la mañana―dijo yendo hasta su licorera, para servirse una copa. Gabe iba saliendo de aquella oficina. ―Una cosa más, solo espero que ya te hayas olvidado, sobre cualquier cosa que hayas tenido con Catalina, por lo que vi es muy feliz con Damián, se le nota por los poros el amor que se tienen, así que no lo arruines. ―comento, cerrando la puerta. ―≤≤ Así que ya llegaste mi amor, sé que pronto te veré, te buscare y te pediré que huyamos, me la llevare lejos para hacer una vida juntos≥≥ ―Así Jeffrey estuvo toda su tarde, pensando en cómo sería su encuentro. ―Casa Bennett ― En la casa de los Bennett siguieron platicando toda la tarde, hasta que llegó la hora de la cena, pero ya tenían que irse… ―Hija, ya se van, pero tan pronto, es que te extrañamos mucho ―dijo Janes un poco triste. ―Mamá, te prometo venir a visitarte pronto, además tú también puedes ir a visitarme cuando quieras, sabes que son bienvenidos. ―Mirando a Damián, como pidiendo su permiso, puesto que ella por la emoción solo los invito olvidando que tenía que pedir la aprobación de su esposo. ―Claro que sí, pueden ir cuando gusten ―contesto, solo abrazando a Catalina. ―Hija, cuídate ―dándole un beso en la frente. ―Sí papito, no te preocupes más por mí, como me viste estoy muy feliz ―dijo abrazándolo―. Los espero el sábado, para la comida de bienvenida ―comento Catalina, que ya tenían prevista la comida para ese día. ―Sí hija, ahí estaremos ―contestaron sus padres, solo despidiendose. ―El señor Bennett y Damián despidiéndose con un abrazo. ―Me dio mucho gusto verlos y sobre todo muy felices. Damián y Catalina, al llegar a la mansión, solo entraron directo a la habitación… ―Me dio mucho gusto ver a tus padres, mas su cara cuando te vieron sana y salva. ―comento, quitándose el saco y desanudado su corbatín. ―Oh si, aunque si el gato grande me hubiera comido, no sé cómo estarían en este momento. ―dijo igual quitando sus horquillas de su cabello. ―Estaríamos, porque yo sin ti me muero ―dijo, acercándola a ella para besarla. ―¡Damián! ―exclamo, solo para alejarse y llegar hasta la ventana para ver a la luna. ―Si dime… ―Soy tan feliz aquí contigo, que tengo miedo, mucho miedo, que las cosas cambien y me dejes de querer. ―dijo, girándose para verlo. Damián se acercó hasta ella y le tomo de la cintura para que posara su cara en su pecho. ―Nada va a cambiar, ya lo veras ―dijo abrazándola por completo―. Estaremos bien, no tengas miedo, yo jamás te dejare de querer ―mirándola a los ojos ―. Escuchaste… Jamás, ahora a descansar que, mañana tengo varias reuniones, pero si desayunare contigo. ―Me parece bien, eso porque me gusta desayunar contigo, que, si no lo haces, lo que hare será llevarte la comida hasta tu oficina. ―dijo, solo girándose para que le ayudara a quitarse el vestido. ―Ya es muy tarde, será un suplicio quitar este vestido y no hacer nada ―comento, comenzando a desabrochar, los botones. ―Pue lo siento mucho, porque la verdad si me siento muy cansada ―dijo Catalina ―solo quedándose con su bata de dormir, acomodando la sabana para acostarse y esperar a Damián que se estaba cambiando. Damián al llegar a la cama, se acostó y abrazo a Catalina ―sabes mi vida, no pensé que llegaríamos a este punto en nuestra relación y solo quiero preguntarte si sigue en pie, lo de tener un bebe. ―Sí, mi amor, de hecho, ya dejé de pedir el té, porque quiero quedar encinta lo antes posible ―dijo solo acomodándose para posar su cabeza en su pecho, solo acariciando su pecho desnudo. ―Hmm me parece bien, pero para acelerar el procedimiento, podríamos comenzar hacerlo de una vez ¿Qué te parece? ―pregunto, solo acostando a Catalina debajo de él, para comenzar a besar sus labios, solo acomodándose en una posición en donde Catalina, pudiera ponerse a su disposición. Catalina, no puso mucha resistencia, bastaba que las avivadas manos de Damián, que comenzaron a hurgar, dentro de aquella bata, en lo que dejaba restos de besos húmedos, por su todo su cuello, volviendo a sus labios y regresando a su cuello, para ir bajando lentamente, hasta llegar a sus senos. Que en cuanto Damián comenzó a tomarlos con su boca, Catalina se arqueo solo sintiendo la excitación que sus caricias le provocaban. Damián solo la levanto como una pluma y la sentó arriba de sus caderas, solo penetrándola, para comenzar a disfrutar de su humedad, él la tomaba de la cintura, para ayudarla a subir y bajar, en lo que Catalina sentía la dureza de Damián. Ambos disfrutaban de su sexualidad sin restricciones, que solo se compaginaban para sentir su orgasmo, que llegaba para ambos solo apretándose mas el uno con el otro, sintiendo que desfallecerían, solo se escuchó un Ahhhh…Ohhhh… Si. ―¡Dios Catalina te amo! ―exclamo, solo recostándose en la cama y dejando que catalina se acomodara arriba de él exhaustos, de esa pasional entrega. La pareja después, solo durmieron abrazados, como cualquier pareja de enamorados. Continuara…
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