Capítulo 3
Bueno Cathleen, la verdad eso tendría que platicar con Damián, tú sabes nosotros apenas estamos iniciando una vida juntos y ya tener a mi familia aquí, sería un poco incómodo, quizás más adelante. ―dijo llevando su taza de café a su boca, muy nerviosa puesto que podría pasar, si Gabe invita a su hermano a pasar una temporada en su villa.
―Sí, tienes razón, espero que no te incomode que nosotros vivamos aquí cerca ―dijo Cathleen, pensando que quizás ella no le gustaba la idea de que la hermana de su esposo, viviera muy cerca de ellos.
―¡Oh no, no me malinterpretes! ―exclamo regresando su taza al plato, tú vives aquí y tienes tu privacidad, pero si vienen a vivir conmigo sería incómodo para Damián, para mí, ellos ya tienen su matrimonio, sus manías. Nosotros apenas llegamos de nuestra luna de miel y pues, queremos privacidad ―comento explicando, porque no deseaba visitas en su casa aún.
―Si es verdad, tienes razón, pero bueno podemos invitarla a tomar el té ―comento Cathleen, insistiendo que deseaba invitar a su cuñado y a la hermana de Catalina.
―Sí, eso sí se puede, pero creo que ahora que nazca su bebe va a ser difícil que venga, ya que estará muy ocupada ―comento Catalina untando un poco de mermelada a su pan.
―No había pensado en eso, ay por eso me encanta que estés aquí, así no hago tonterías, yo pienso que nadie tiene nada que hacer y que solo están para lo que yo deseo. ―hablo, solo sonriendo muy apenada, por ser tan consentida y caprichosa, que no pensaba en nadie más que en lo que deseaba.
Catalina al ver a su cuñada, le daba ternura sus pensamientos, ella era igual antes de ir a México que, si Damián no la hubiera hecho ver las cosas que pasaban a su alrededor seguiría igual que ella. Sin ver la realidad de la gente que no tenían su misma suerte, como la gente que tiene que trabajar para ganarse el sustento y no solo eso, que hay gente tiene que hacer trabajos pesados para comer como la gente que vivía en el pueblo donde la llevo Damián. Entendía que era privilegiada, puesto que no tenía la necesidad de trabajar, pero que su posición le daba la oportunidad de ayudar.
Cathleen seguía con la plática. ―Ay, pensar que tu si disfrutaste tu luna de miel, yo quede embarazada casi enseguida, me hubiera gustado esperar más, pero bueno no me quejo ―dijo, llevando sus manos a su vientre.
―Bueno… Hay maneras para que no quedes encinta, si tu no quieres ―dijo, solo viendo como Cathleen dejaba de comer para ponerle atención.
―De verdad y ¿Cómo es eso? Porque después de este bebe, quisiera esperar un par de años para tener otro bebe y pensaba que al hacer eso, tengo que dejar de estar con mi esposo ese tiempo. ―comento un tanto preocupada.
―Bueno si, sabes que Nancy estaba trabajando en México y allí conocen de hierbas que son medicinales, que te ayudan en varias enfermedades, pero en especial conocen de hierbas que se utilizan para evitar los embarazos. ―comento hablando bajito para que no las escucharan.
―Oh si, ella me dijo que venía de Guatemala, pero que se quedó en la hacienda de México a trabajar, que era la ama de llaves y que se vino a trabajar contigo como tu cocinera. ―comento igual bajito, ya que las sirvientas pasaban
―Bueno ella conoce de una hierba que te la preparan en té que sirve para eso, solo debes de tomarlo diario y a mí me funcionó ―dijo, solo probando uno de los pastelitos que les habían llevado.
―¿Cómo acaso no quieres tener bebés con mi hermano? ―pregunto, un poco asustada de saber que Catalina evitaba quedar en cinta, sabía que su hermano deseaba tener hijos.
―Claro que sí, solo que bueno quise esperar un tiempo, de hecho, ya pienso dejar de tomarlo, he tomado la decisión de que ya es momento para quedar en cinta, así tendré en que entretenerme cuando Damián se vaya a trabajar y no estaré sola, cuando se vaya de viaje. ―dijo, Catalina muy ilusionada de que pasara pronto.
― ¡Y mi hermano estuvo de acuerdo en que esperaras! ―exclamo sorprendida.
―Sí, bueno… Al principio no estaba muy de acuerdo, solo que después lo platicamos, le dije lo que pensaba al respecto y entendió, que era mejor así.
―Mi hermano es un caballero, mira que comprender lo que deseas, el mío ni mencionarlo, él quiere muchos hijos, solo que yo no estoy de acuerdo con eso, siento que con tener dos o quizás tres está bien. ―comento, muy complacida de que siempre tenía a Damián en ese concepto.
―Sí, eso es lo que tiene Damián, que parece ser duro pero la verdad, es un amor y me consiente demasiado, que es la razón por lo que lo quiero tanto. ―dijo Catalina, sintiendo que se le salía el corazón, cuando hablaba de su ahora esposo.
Cathleen estaba fascinada con lo que Catalina le platicaba. ―Le diré a Nancy, que me lo prepare, me da gusto que estés aquí ―dijo tomando su mano―. Estas cosas, yo no tengo con quien platicarle y la abuela solo daría el grito en el cielo si lo sabe, ella es de los hijos que dios quiere que tengas, pero yo me pregunto ¿Cómo es que nada más tuvo un hijo?
―Sí, yo también me pregunto a veces eso, muchas familias solo tienen uno, quizás dos, pero me imagino que buscan la manera de no tener tantos hijos. ―comento, en forma irónica.
Catalina, después de platicar un rato dejó a Cathleen, para que descansara y se fue a pedir la comida, encontrándose con Nancy cuando ella entró a la cocina, todas las muchachas que trabajaban en la mansión se asombraron de que ella entrara a la cocina.
―Hola Nancy, ¿Cómo estás? ―pregunto, mirando que preparaban.
―Señora que gusto ―dijo, abrasándola― Estoy bien, muy contenta, pero que gusto de verla, ay usted tan bonita, tan fina. ―menciono sólo viendo cómo iba vestida.
―Ay gracias, viene a ver ¿Qué vas a preparar para la comida? ―pregunto, solo viendo los ingredientes que tenía en la mesa.
―Señora lo que guste, usted dígame y yo se lo hago ―comento, muy sonriente de verla ahora como lo que era toda una señora.
―Bueno la verdad me encantan aquellas costillas, que solo tú sabes preparar, pero ahora se me fue el tiempo platicando con mi cuñada así, que mejor mañana, ah sí y el pay que le gusta a Damián, pero ese yo te ayudare hacerlo. ―dijo suspirando de solo pensar que le agradaba ver la cara de Damián que le decía que le encantaba como le quedaba.
―Claro que sí señora, lo prepararemos temprano para que cuando sea la hora de la comida esté frío. ― habló Nancy, como si fuera una amiga de Catalina, cosa que las sirvientas solo se miraban unas a otras.
―Sí, pero ahora hay que ver que preparar, porque ya es tardísimo ―dijo, colocándose un mandil para ayudar a Nancy a preparar la comida.
Una de las mucamas que estaba ahí, pero ¿Qué hace señora? ¡No, usted no debe hacer nada! El patrón se puede molestar si sabe que estaba ayudando a preparar la comida.
―Por supuesto que no, además a él le gusta que yo prepare su comida, buscando una tabla y un cuchillo, para ayudar a Nancy a preparar la sopa y otras cosas, que en cuando terminaron subió corriendo para arreglarse para ponerse bonita para esperar a Damián.
En la cocina, las muchachas estaban anonadadas con el solo hecho, de que la patrona entrara a la cocina ayudarles, si ella era la señora de la casa y que se suponía que debía dedicarse solo hacer compras y asistir a fiestas, como la mayoría de las señoras de la alta sociedad. Muchas mujeres de la época, solo se dedicaban a visitarse entre sí, otras a preparar tertulias y tardes de té, unas más sensatas se dedicaban ayudar a los más necesitados.
Pero por lo regular ni una se metía a cocinar o estar al pendiente de lo que necesitara su esposo, para eso estaba la servidumbre que siempre estaba al tanto de lo que las señoras necesitaran. La gran mayoría las habían casado a la fuerza y algunas jamás llegaban a amar a sus esposos, algunas preferían estar fuera de sus casas, que soportar estar con sus esposos en casa, pero otras usaban ese tipo de fachadas para verse con sus amantes.
Las chicas, cuchicheaban y se miraban entre ellas, solo diciéndose cosas al oído…
―¿Que cuchichean? ―Pregunto Nancy, revisando el horno para que no se quemara lo que habían metido para cocinar.
―Ay bueno pues la señora, es muy sencilla, además su mamá las educó para que supieran atender su casa y es por eso que ella es así. ―comento una aun sin poder creer que ella se dignó a compartir con ellas, ya que la mayoría solo daban órdenes sin más.
―Bueno la señora Catalina, porque lo que es su hermana; esa no sabe hacer ni un té, lo sé porque estuve trabajando para los Strohs y cuando llego a vivir con ellos, la verdad la señora Strohs mi patrona, estaba muy molesta con la señora Bianca, ya que no la apoyaba en nada. ―dijo preparando una sopa para los trabajadores de la mansión.
―Bueno no todas las personas son así ―contesto Nancy, comenzando a aplaudir―. Se acabaron los cuchicheos, menos plática y más trabajo, todavía hay que preparar la mesa que el patrón no tarda en llegar. ―dijo sacando la losa para colocar la mesa.
―En la casa de los Strohs―
Bianca y Jeffrey estaban discutiendo, porque a Bianca no le gustaba vivir con sus suegros, las reglas de esa casa la estaban matando y no veía la hora en que Jeffrey, se decidiera a separarse con ella de esa casa.
―Jeffrey, por favor piénsalo, si nos vamos a otra casa, de verdad que nuestra relación va a volver a ser como antes, como cuando éramos novios, la verdad es que yo aquí no me siento cómoda. ―dijo llorando, tratando de que sus lágrimas pudieran convencerlo de que ella no estaba bien y con el nacimiento de su hijo menos.
―¡Sí, eso ya lo sé, ya que te la pasas en casa de tus padres, llegó y la señora no está, ya que se le antojo la comida de su casa! ―exclamo reprochándole―. Dime Bianca, ¿Hasta cuándo vas a quitarte el cordón umbilical? Ya va siendo hora que dejes a tus padres y te centres en nuestro hogar. ―dijo en forma irónica, ya que ella no dejaba sus reproches.
―¡¡Así, porque tu no haces lo mismo y nos compras una casa para nosotros, para tu hijo y para mí, a lo mejor así ya no me den ganas de ir tanto a mi casa!! ―exclamo muy molesta, solo apretando los puños, que sentía que de seguir él bebe que llevaba en su vientre se le saldría.
―Sabes que, ya me cansé de estar discutiendo contigo, mi respuesta es no, yo sabré cuando haré eso y por ahora no es el momento. ―dijo solo buscando su saco y sombrero para salir.
―Bianca solo se quedaba llorando en aquella habitación, solo viendo como su esposo salía y así sin más, sin decirle a dónde o cuándo volvería, ya que era frecuente que se fuera a veces por días, sin imaginar a donde.
Bianca cuando se casó, pensó que todo iba ser felicidad, pero la verdad es que Jeffrey no era ese chico lindo y caballeroso, que les escribía cartas de amor, llevando flores cada que las visitaba, lo encantador se le fue en el momento que se casaron.
―Hijo, hijo…―Lo abordó, antes de que saliera de la casa.
―Dime mamá― se detuvo con cara de fastidio, que solo no quería escuchar a nadie.
―Solo quiero hablar contigo, últimamente solo te vas hijo, dejando a Bianca sola, tu hijo ya no tarda en nacer está ya un mes, digo deberías estar más al pendiente de ella, se nos puede poner mal en algún momento, deberías decirnos en donde te localizamos. ―dijo, viendo la cara que ponía de su hijo, de molestia ya que estaba harto de la situación Bianca.
―Sí mamá, lo sé, trataré de ya no salir tanto y estar más pendiente de ella, es solo que me harta que se ponga a llorar, como si le doliera algo, de todo se queja y solo quiere que esté a su lado. ―espeto molesto―. Tengo cosas que hacer, salir a trabajar y aunque no sea en horario de oficina, debo ver clientes en otros lugares que no precisamente sea en la oficina.
Sí hijo, yo te entiendo, tu padre hace lo mismo, que a veces llega muy tarde y no lo veo en todo el día, pero yo ya estoy acostumbrada a eso, desde un principio me dijo, que él se iría a trabajar, que yo me quedara al cuidado de la casa y los hijos. ―dijo tomando a su hijo del brazo para llevarlo al jardín―. Solo te pido que seas tolerante con Bianca, ella está embarazada y necesita de tu comprensión, sé que el no tener intimidad con ella te tiene así, pero ya pronto nacerá tu hijo, las cosas volverán a ser como antes, hasta más porque ella al dar pecho, no podrá embarazarse, bueno tu sabes a lo que me refiero.
―Sí, mamá lo sé, trataré de ser más tolerante, si quizás sea eso, la verdad es que me siento un poco tu sabes, ansioso y luego ella me irrita pues, simplemente explotó. ―dijo acariciando el brazo de su madre.
―Bien hijo, también está el hecho de que Bianca, deje de ir tanto a casa de sus padres, si se pone mal en el camino, pienso mucho en eso, es por eso que he decidido que le niegues el permiso de ir y se quede quieta solo en casa. ―comento Cecilia ya que, pensaba que, si Bianca seguía visitando diariamente la casa de sus padres, jamás se acostumbrara a vivir con ellos.
―Sí, eso ya lo hablé con ella, así que, si madre; ya no tiene permitido ir a casa de sus padres, si quieren verla que ellos vengan. ―dijo con voz firme.
―Está bien, para decirle ahora que quiera salir ―comento Cecilia, solo sentándose en una de las bancas del jardín.
―Si no tiene más que decirme, me voy ―dijo dándole un beso en la mejilla, para salir de su casa, para irse a la casa de entrenamiento de Julieth, ya que se había convertido en cliente habitual. Buscaba la compañía de una chica en especial, una que se parecía a Catalina solo que Cristina, era más alta que Catalina y sus ojos eran en color café, pero si los veían a lo lejos, se podría decir que era ella.
Julieth salía a recibir a sus clientes, cuando lo veía llegar, sabían quién era y siempre pedía la compañía de la misma chica. ― Vamos Cristina, tu enamorado vino a verte.
―Oh siiii, me deja muy buena propina, sobre todo que me dice que me ama, que me desea, cuando lo hace conmigo, solo que me nombra con otro nombre, el de una tal Catalina ―dijo carcajeándose.
―Querida, que te llame como sea, pero que te pague bien ―dijo una de las chicas―. Además, es joven y guapo, yo que tu hasta me embarazó de él y te mantenga con su bastardito, eso con tal de que no se haga un escándalo, podrás sacarle lo que quieras.
―Sí, tienes razón, bueno iré a verlo ya debe estar esperándome. ― Querido ya voy, vamos a divertirnos―dijo, bajando las escaleras para llegar a él y sentarse en sus piernas.
―Bien Catalina―dijo llamando así a Cristina ―Te traje un obsequio, sacando una pulsera de plata, con unas piedras incrustadas, sabes bien que disfruto mucho cuando te visito, así que decidí darte algo que sé que te mereces.
―¡Para mí, ay gracias mi amor! ―exclamo feliz besando sus labios, Ay pero que linda pulsera, es hermosa, se las voy a presumir a las muchachas.
―Sí, solo haz lo que me gusta, solo hazme feliz Catalina ―dijo, un muy borracho Strohs.
Continuará…