CAPITULO XXVIII: EL FRAGOR DEL SILENCIO

1254 Words
El motor de la camioneta de Arthur ronroneaba con una suavidad mecánica mientras cruzaba las puertas de hierro de El Edén. El trayecto desde el cementerio de Highgate había sido una travesía de silencio sepulcral, interrumpida únicamente por el sutil sonido de los neumáticos sobre el asfalto y el ocasional zumbido del teléfono. Arthur, con la mirada fija en el camino, no había dejado de enviar mensajes de w******p a Katrina para que tuviera todo preparado: una habitación tibia, comida nutritiva y el ambiente de calma que la pequeña necesitara tras el choque emocional. En el asiento trasero, la imagen era conmovedora. Chloé, vencida por el agotamiento físico y el dolor del alma, dormía profundamente. Su cabeza estaba apoyada con naturalidad en el hombro de Patrick, quien se mantenía rígido, casi sin respirar, para no despertarla. Arthur echó un vistazo por el espejo retrovisor y no pudo evitar que una sonrisa involuntaria se dibujara en su rostro. —¿Por qué te ríes, pá? —preguntó Patrick en un susurro cargado de esa defensiva típica de la preadolescencia, aunque sus mejillas delataban un ligero rubor. —Ella es mi amiga, solo estoy ayudando. Arthur suavizó su expresión, manteniendo la complicidad con su hijo mayor. —No me río de mala manera, campeón. Me río porque me recuerdas a mí mismo cuando quería proteger a las personas que me importaban. Tienes buen corazón, Patrick. Estás siendo un gran apoyo para ella. Patrick bajó la mirada, acomodando con cuidado un mechón de cabello oscuro de Chloé que caía sobre su frente. —Está muy pálida, Pa. Y cuando lloraba en la tumba de Malaika... se veía tan pequeña. No quiero que nada malo le pase. —Haremos todo lo posible, hijo. Pero ahora lo primero es que descanse. Al llegar a la casona de la hacienda, el ambiente era bullicioso pero contenido. En el comedor principal, los otros cinco hijos de Arthur y Katrina estaban sentados a la mesa almorzando. El aroma a estofado de ternera y hierbas frescas llenaba el aire, un contraste reconfortante con el frío gélido del cementerio. Katrina había preparado algo sustancioso, seguido de un postre de natillas con canela que solía ser el favorito de la casa. —Mamita, ¿no vas a comer? —preguntó Margaretta dulcemente, balanceando sus piernas desde la silla. Con sus ocho años, era la más observadora de los pequeños. —No, mi amor, comeré cuando llegue papá —respondió Katrina, forzando una sonrisa mientras acariciaba el cabello rubio de su hija. El celular de Katrina no paraba de sonar. Era Jandey. Estaba al borde del colapso nervioso, llamando cada diez minutos para preguntar por el estado de su hija. Katrina contestó por quinta vez, tratando de mantener un tono de voz que transmitiera paz. —Jandey, por favor, respira. Arthur ya la tiene. Vienen en camino. Sí, está bien, está físicamente a salvo, pero está muy cansada. Deja que llegue y te aviso apenas la acomodemos. Un rato después, la figura de un metro noventa de Arthur sostenía a Chloé en brazos. Patrick caminaba a su lado con la mirada cansada pero protectora. —¡Gracias a Dios! —exclamó Katrina, saliendo a recibirlos. Abrazó primero a Patrick, quien, con esa tensión preadolescente que intentaba ocultar, se derrumbó en los brazos de su madre y lloró silenciosamente. —Pobrecita, está muy cansada y triste, mamá —sollozó el niño. Katrina ya tenía todo listo. Arthur subió con Chloé en brazos hasta la habitación de huéspedes del piso superior. —¿Por qué mejor no se queda en mi habitación? —preguntó Patrick, siguiendo los pasos de su padre. —Ya hablamos de eso, pequeño príncipe. Tu princesa estará más cómoda aquí —respondió Arthur con suavidad, acariciando la cabeza de su muchacho, que se puso colorado al instante. Mientras Arthur depositaba a la niña en la cama, Katrina comenzó a desvestirla con cuidado, reemplazándolo por un pijama de Margaretta, limpio y suave. Chloé entreabrió los ojos un segundo. —Madrina... —murmuró. —Shhh... duerme, mi pequeña —la calló Katrina dulcemente—. Duerme. Chloé se volvió a quedar dormida enseguida. Ya abajo, Katrina les sirvió el almuerzo a Arthur y a Patrick. Ella también se sirvió y se sientan a la mesa. Pero antes, como siempre, Arthur saludó a sus otros pequeños: Margaretta de ocho años, Elizabeth y Philips de cinco, Eros de tres años y la pequeña Génesis, de un año. Tras los besos y las risas de los más chicos, la seriedad volvió al comedor. —Jandey puso la denuncia, Arthur —explicó Katrina mientras su esposo comía—. Ahora se abrirá una investigación oficial sobre la desaparición y la clínica. Arthur escuchaba en silencio. Sabía que Jandey había actuado por desesperación, pero que esto era peligroso. Patrick, preocupado, preguntó: —¿Ahora sí se llevarán a Chloé a un orfanato? Arthur y Katrina se miraron sin saber qué responder. Arthur solo pudo acariciar la cabeza de su hijo mayor en un gesto paternal. Katrina, por su parte, le acarició la mejilla a Patrick y dijo despacio: —Todo estará bien, mi amor. Sin embargo, el aire en la cocina se sentía pesado. Las dos familias seguían unidas, eran amigos desde la época de la Academia donde Arthur fue el mentor de todos. El verdadero terror de Arthur no era la policía, sino Magnus. Como Vicedirector de la Academia, Magnus siempre había buscado la excusa perfecta para deshacerse de Jandey y Sergi. Odiaba su orientación s****l y despreciaba la familia que habían construido. Si Magnus se llegaba a enterar de todo lo que había pasado este fin de semana —la huida, la clínica ilegal y la denuncia policial— usaría ese escándalo para destruirlos por completo. La armonía se había quebrado, y la sombra de Magnus se proyectaba ya sobre El Edén. - ¿ Puedo ir acostarme?- Arhur miró el plato de su hijo, apenas había tocado la comida- Mmm..bueno pero cuando te levantes, quiero que te comas hasta el plato.- Patrick sonrió y abrazó a su papá- Ve a dormir pero a tu habitación- Katrina sonrió sin poder evitarlo - ¡ Ay amor qué dices!- Patrick sonrió le dió un beso a su mamá y subió a su habitación.Katrina levantó los platos y los puso en el fregadero, Arthur se levantó y la abrazó por la cintura besando su cuello. Katrina dejó lo que hacia, se giró y besó a Arthur- Gracias mí director le dijo Katrina - De nada damita, sabes que cuando se trata de ti y de nuestros hijos, saco mis dos versiones, la mejor y la peor.-Katrina lo beso y luego lo miró - Me gustan todas tus versiones.- Arthur le sonrió y la besó con esa devoción de un hombre que ama a su mujer después de diez años de pareja y cinco de casados, con seis niños y muchas desavenencias de la vida. En el apartamento de Jandey y Sergi el ambiente era diferente, culpas cruzadas-¡ Te dije Jandey que todo se sabe y que las mentiras tarde o temprano salen a la luz! -¡ Tú lo dices porque no querías tener un hijo!- Sergi lo cayó levantándole la mano -¡ Cállate!- Jandey lo miró con terror y Sergi bajó su mano. El momento de tensión se interrumpió cuando su celular sonó y miró la pantalla "Vicedirector Clerk llamando". La noticia había llegado a oídos de Magnus y ahora amenazaba con dinamitar la vida de la familia Matamba- Sergueth.
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