Narra Hillary. Al día siguiente, en la hora de la comida inicial del día, bajo por el desayuno. Debo convivir con mi esposo y sus hijas hasta conseguir lo que deseo y me he animado a mí misma en que no es una tarea difícil. Por suerte, Melissa no se quedó en casa, regresó a vivir a la mansión de su tío y lo agradecí en el alma. Trato de ignorarla y es posible cuando no la tengo cerca. Juguetes. Al abandonar el último peldaño veo pelotas púrpuras en el suelo. Un nuevo trabajador de overol me indica donde se lleva a cabo el desayuno. Voy al jardín, donde desayunan al aire libre. Lina me saluda con un ademán mientras le sirve café a Hernán, quien deja la tableta de lado; las niñas, a cada lado, listas para disfrutar de los apetitosos panqueques de Ava. —Buenos días, señora —me saluda Ava.

