Capítulo XV

1219 Words
Tenía que admitir que el plan de Santiago aunque loco sentía que daría resultados. Solo que cuando fui a trabajar lo que menos hizo Aitor fue prestarme atención y eso duró las siguientes tres semanas. Hoy es viernes por la tarde y estoy absolutamente frustrada, mañana sería el día de mi cumpleaños y el trabajo no parecía acabarse. Ya a las cinco de la tarde Aitor me dijo que llamara a mi madre y le dijera que él me llevaría a casa en la noche porque teníamos que leer unos manuscritos muy importantes. Me encanta mi trabajo. Lo que no me gustaba nada era tener que compartir el ambiente tenso con Aitor. La persona en que se había convertido estas tres semanas no me gustaba nada. Era serio, mandón y lo peor. ¡Ni siquiera me miraba! Y está volviéndome loca. Victoria también había comenzado a trabajar aquí así que normalmente nos topábamos mucho. Aunque Santi había aclarado el tema de que ellos solo eran amigos no podía dejar de sentir celos cuando ella entraba en su oficina e iluminaba todo incluso la expresión de Aitor. Él reía con ella y normalmente andaban secreteándose haciéndome rápidamente sentir incómoda. Sin embargo sabía que ella era una muy buena persona. —La meditación es muy buena para el estrés —me había dicho un día cuando Beth me preguntó qué me pasaba en el cabello al ver que usaba extensiones ocasionando que me muriera un poco por dentro. De prisa había dicho mi mentira habitual: —Se me cae el cabello por el estrés. Y la dulce Victoria me había hablado sobre la meditación y la ley de la atracción. No lo había pensado pero ella era una mujer muy espiritual y pronto quise imitarla. No tardé en hacer meditaciones guiadas y pronto descubrí que ella tenía razón. En esta práctica sentí la paz que me había faltado hace muchísimo tiempo y me hice a la costumbre de hacerlo regularmente dándome cuenta que me ayudaba mucho con mi problema. Es increíble lo que la mente puede llegar a controlar todo pero a penas estoy aprendiendo sobre estos temas. — ¿Qué te pareció este? —preguntó Aitor inclinándose por mi hombro ocasionando que me tensara por este extraño sentimiento que me golpeó de pies a cabeza, este que solo me ocurre al estar cerca de él. Evité jadear ante su cercanía y no mostrar lo mucho que me gustaba su perfume masculino o lo que su cercanía le estaba haciendo a mi cuerpo. —Me ha encantado —dije finalmente tratando de concentrarme en mi trabajo—. La escritora tiene ese don de hacer conectar con cada personaje que describe e introduce al lector a su mundo de lleno, es simplemente fantástico. Él se irguió sonriendo por primera vez en semanas antes de asentir. —A mí también me ha pasado lo mismo. Es un libro maravilloso que fácilmente podría convertirse en el libro más vendido —concordó él y yo le sonreí de vuelta. —El tiempo ha pasado deprisa ¿Te gustaría cenar? —su pregunta me dejó un poco desconcertada sin embargo rápidamente asentí porque a decir verdad estaba muriéndome de hambre. Aitor pidió un servicio de comida para nosotros por lo que intuía íbamos a comer mientras seguíamos trabajando pero para mí sorpresa cuando trajeron la comida él me guió a otro apartado de su oficina y abrió las cortinas mostrando ante nosotros el bellísimo atardecer en el cielo. —Espero que te guste la cena —murmuró antes de probar bocado y yo casi gemí ante el delicioso sabor del alimento. Entonces ambos nos sumergimos en la comida y en la quietud del atardecer. Pronto la conversación se fue dando entre nosotros hasta que pronto estuvimos riéndonos de cosas sin sentido y como si se diera al fin cuenta de nuestra inexplicable química Aitor dejó de reír para mirarme fijamente. —Vamos a llevarte a tu casa Ali —su voy ronca sonó completamente seductora e íntima. De inmediato me levanté para que nos fuéramos y me quedé paralizada al ver la hora. Faltaba menos de media hora para las doce de la noche y fuera mi cumpleaños. Habíamos trabajado, sí. Pero la mayor parte de la noche lo pasamos hablando y divirtiéndonos como viejos amigos aunque eso era lo que menos somos. Caminamos hasta el estacionamiento y en su auto me dejó poner la emisora que quisiera mientras platicábamos una vez más hasta que finalmente estacionó frente a mi casa y mi corazón mucho más deprisa cuando sus ojos preciosos se clavaron en mí. Supe que tenía que hacerle caso por fin a Santi. Esta vez sí pude ver la atracción que sentía Aitor por mí, estaba ahí aunque él había decidido no dar un paso. Pero ¿Qué pasaba si yo lo tentaba? El control de mi mente estaba haciéndome cada vez una chica más segura de mí misma y pronto traté de convencerme que esto tenía que suceder de esta manera para que Aitor decidiera pelear por mí. —Gracias por traerme a casa —susurré antes de darme la puerta para tratar de bajar del auto pero su mano detuvo la mía que se dirigía a la manilla para abrirla y mi corazón enseguida dio un vuelco nervioso antes de volverme a donde él estaba sentado. —Espera. Pude ver algo de inseguridad en sus facciones lo que hizo que me gustara muchísimo más en silencio. De repente sacó algo de la guantera y mi pulso se desestabilizó de inmediato. Estaba envuelto en papel de regalo y me lo tendió. Yo lo tomé con dedos temblorosos antes de mirarlo con incredulidad y fue ahí donde él volvió a sonreír ladino antes de decirme: —Feliz cumpleaños. Yo aún no podía reaccionar. No me esperaba un regalo de su parte. Mierda, ni siquiera esperaba una felicitación por lo que estuve muda por unos segundos hasta que él volvió a hablar. —Puedes abrirlo aquí o en tu casa. Pude ver en sus ojos que quería que lo abriera así que aún temblando lo hice con lentitud. Primero rasgué el papel de regalo para después abrir la pequeña cajita y en su interior vi una preciosísima pulsera que debía haber costado muy caro. Rápidamente alcé la vista hasta donde estaba él y me sonrió. —No puedo aceptarla, se nota que es muy costosa —le dije enseguida y él amplió su sonrisa si eso era posible. —No tiene devolución así que no te queda de otra más que usarla. —Pero... —La espero mañana en la oficina, señorita de la Cruz —me dijo cortando cualquier cosa que hubiera estado a punto de salir de mis labios. Sin más remedio sonreí admirando mi bellísimo regalo entonces no pensé demasiado lo que iba a hacer y me incliné a dejar un beso en la mejilla de mi jefe y pude ver como él se sorprendió por el beso. Enseguida mis mejillas se encendieron y tuve la necesidad de huir así que lo hice. —Muchas gracias por mi regalo —le dije apresuradamente y abrí la puerta con rapidez huyendo de él lo más pronto que podía sin llegar a ver cuando Aitor Escarrá sonrió de forma dulce ante mi beso.
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