Capítulo XIV

1410 Words
A la mañana siguiente junto con abrir mis ojos lo primero que hice fue pensar en Aitor. Gemí enojada conmigo misma poniendo una almohada sobre mí cabeza pero me había sentido tan bien en ese momento como si estuviera flotando. No podía dejar de pensar en la sensación de él sostéenindome entre sus brazos mientras que bailábamos al son de la música. —Dios chica, estás muy mal —me dije a mi misma antes de sentarme a mirar a la nada por un buen rato hasta que desperté de mi ensueño y me aterré por que había estado haciendo de forma inconsciente y mis ojos se llenaron de lágrimas reprimidas. Vi las hebras del cabello arrancado sobre el suelo de mi habitación justo a mi lado y me levanté abruptamente para ir al espejo que había en mi habitación. Como había sospechado. Había arrancado demasiado cabello de mi cabeza y en esta había un espacio en blanco haciéndome sentir más avergonzada de lo que quería ya estaba por no controlar esto. De pronto comencé a sentirme más fea. Miserable. Imperfecta. No podía controlarlo así que volvía a hacerlo hasta que no pude detenerme y fue mucho peor. No solo hería mi cuero cabelludo. Sino también mi autoestima y el dolor nublaba mi razón. Entonces lo decidí. Finalmente le contaría a otra persona mi problema. Iría al psicólogo. * Después de que le conté a Adri, sí, había dado el paso al fin, ella me abrazó y eso fue todo lo que necesité. Un consuelo mudo. Saber que había alguien que se preocupaba por mí. Ambas éramos muy parecidas a la hora de demostrar apoyo. No necesitaba que me dijera que las cosas iban a estar bien, aunque todo fuera mal. Solo quería su apoyo y lo tenía. Seguidamente saqué otro tema de conversación mientras ajustaba el gorrito que llevaba hoy en la cabeza decidida a que nadie viera lo que siempre había querido ocultar. Puede que le contara a mi mejor amiga sobre la tricotilomanía, pero no sé lo contaría a toda la escuela. Ya estaba lo suficientemente avergonzada a pesar de que nadie lo sabía aún aunque de por si sabía que las personas creían que era rara y que algo iba mal conmigo. Y no saben hasta que punto estoy jodida. La verdad es que ir a la psicóloga me hizo sentir un poco en paz pero no demasiado como para querer volver a ir a contarle mis cosas a una extraña. Siempre he sido muy reservada y no creo que eso cambie nunca. —Entonces ¿Cómo te fue en la fiesta? —indagó ella más curiosa de lo que quería admitir y yo sonreí de inmediato solo por su curiosidad aunque no quería recordar a Aitor, cosa que sería muy difícil dado que hoy nos volveríamos a ver. Me encogí en hombros y cuando iba a hablarle alguien se sentó en nuestra mesa ocasionando que ambas lo miráramos con sorpresa aunque al ver quien era mi amiga lo miró furiosa sin embargo él ni siquiera se inmutó. — ¿Puedes venir conmigo Ali? —me preguntó mirándome directamente a los ojos y no sabía si había ignorando a mi amiga deliberadamente o no la había notado. Ella furiosa estalló enseguida ocasionando que Santi la mirara. — ¡¿No ves que está ocupada?! —gruñó esta y yo contuve una risa divertida. Adri detestaba a Santi aunque nadie conocía el motivo, yo intuía que se debía a que era un chico rico y ella los odiaba. —Lo siento, ¿Puedes desocuparte Ali? —me preguntó una vez más él al mismo tiempo que mi mejor amiga echaba humo furiosa. —Adri puede escuchar —asentí yo pero él enseguida negó con la cabeza. —Es importante —añadió él y está vez estuve más curiosa de lo que quería decirme. Así que miré suplicante a mi mejor amiga y esta bufó por lo bajo pero asintió. — ¡Te recompensaré! —le dije antes de levantarme para comenzar a irme con Santi pero claramente pude escuchar su respuesta. —Espero que no te arrepientas. Yo sabía que estaba refiriéndose a lo de irme con Santi pero traté de ni darle importancia y seguir mi camino. Él me llevó a un sitio alejado y se giró a mirarme para después darme una sonrisa bellísima. — ¿Recuerdas lo que te dije el viernes? —me preguntó y yo fruncí el ceño porque había tratado de no pensar demasiado en él o Aitor así que negué con la cabeza sin saber de qué me hablaba. —Pues espero que estés lista para que te lo cuente. — ¿De qué estás hablando? —Me gustas. Muchísimo, pero a quién no podrías gustarle. Por eso es que tienes su atención ahora. Mi corazón comenzó a latir como un loco por sus palabras. — ¿Qué atención...? —pregunté sin aliento y él amplió su sonrisa cada vez más. —Claro que lo sabes, solo que tienes miedo de admitirlo. Quizás tanto como él. »Lo supe desde el primer momento que lo vi mirarte de esa forma a la que no lo había visto mirar. — ¡¿De quién hablas?! —gruñí con el corazón en la garganta. —De mi tío. »Cuando lo vi mirarte ese día en mi habitación lo supe. Al principio estaba renuente y celoso de ambas partes. Me gustabas mucho y ver que llamabas su atención no era la cosa más placentera del mundo. Por parte de mi tío, no es que sea un santo, ha tenido mujeres. Pero como te acabo de decir jamás lo había visto mirar a ninguna otra de la forma que lo ha hecho contigo y tenía el estúpido miedo de que fueras a alejarlo de mí. Yo me quedé en silencio sorprendida por sus palabras y él volvió a hablar. —Me bastó comprobar que son el uno para el otro y voy a hacer lo que sea para que estén juntos. — ¡¿De qué estás hablando?! ¡¿Perdiste la razón Santiago?! Tu tío mirarme de forma diferente, estás loco. Él ni siquiera me mira... —Cuando tú no estás mirando —me respondió este burlón sin tardar demasiado tiempo en hacerlo—. Le gustas mucho pero seguramente no se ha acercado a ti porque cree que eres demasiado pequeña para él. Puede que de edad lo seas, pero eres más madura que él mismo Ali —afirmó él haciendo latir mi corazón de forma descontrolada. —Eso no puede ser —le dije yo casi sin voz incrédula de lo que estaba diciéndome y él sonrió con más fuerza. —Créeme, lo es. — ¿Por qué me dices todo esto Santi? Él me sonrió con dulzura antes de responderme. —Porque ambos se merecen. »Han sufrido lo suficiente como para que sigan haciéndolo. —Yo no creo que Aitor sienta eso por mí —le dije con pesar antes de volver a mirarlo—. Además tiene novia. Santi sonrió maliciosamente antes de negar con la cabeza. —Una pequeña mentira. »Victoria es la mejor amiga de mi tío desde que tengo memoria. Yo abrí la boca incrédula con lo que acababa de decirme antes de mirarlo molesta. — ¡¿Por qué me mentiste?! —espeté tratando de controlar la sonrisa que amenazaba por mostrarse en mi rostro. Victoria no es la novia de Aitor. Él se encogió en hombros restándole importancia. —Necesitaba confirmar que a ti también te gustara él y ahora que estoy más que seguro estoy listo para el siguiente paso. Enseguida volví a fruncir el ceño. — ¿Se me notaba mucho? —susurré y Santiago se carcajeó haciéndome sonrojar. —Eres una dulzura, los únicos que no admiten su atracción fatal son ustedes. — ¿De qué siguiente paso estabas hablando antes? —le pregunté desviando el tema de la atención mientras que él me miraba con suspicacia. No era fácil engañarlo. —La edad es solo un número y tenemos que hacer que mi tío vea esto y lo entienda. Yo me eché a temblar algo insegura antes de preguntar. — ¿Y cómo vamos a hacer eso? —Fácil mi pequeña y dulce Ali, haciéndolo sufrir —dijo con una sonrisa maliciosa en los labios mientras que yo negaba con la cabeza aunque estaba más ansiosa de lo que quería admitir.
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