—No deberías estar aquí escondida —dijo él al son de la música y yo me tensé de inmediato.
—No me escondía —negué pero él no me creyó ni siquiera un poco.
—Solo quería decirte que tú eres mucho más hermosa que esas personas de allá afuera —afirmó él mientras nuestros ojos se encontraban y mi corazón comenzó a latir como un loco por la mezcla de sentimientos que estaban surgiendo dentro de mí.
—Yo... Estoy muy agradecida por sus palabras, señor.
—No me digas señor —dijo él sonriéndome—. Ahora no estamos en la oficina Ali, además de que te había dicho que no me llames así.
Su toque delicado sobre mi piel estaba logrando que me estremeciera por completo.
—Soy Aitor, repítelo.
Entonces como hipnotizada lo hice.
—Aitor...
— ¡Ali! ¡¿Dónde estás?! —gritó la voz de Santi demasiado cerca y los dos terminamos separandonos de golpe y por suerte antes de que su sobrino entrara a la habitación.
No había sido más que un suave toque.
Pero se había sentido muy íntimo.
Caliente.
Aunque también ilícito y pecaminoso.
Santiago hizo acto de presencia mirando muy serio a su tío y luego a mí antes de avanzar en mi dirección.
—Estaba buscándote —dijo él tomando mi mano antes de llevársela a sus labios y depositar un suave beso en ella como cuando había llegado sin embargo esta vez no se sintió como la primera.
Todo lo contrario.
Mi estómago se apretó de inmediato sintiéndome culpable a pesar de que no había hecho nada malo con su tío más que bailar... Aunque yo hubiera querido más.
Me reprendí silenciosamente temblando con la mirada taciturna que habían adquirido los ojos de Aitor.
—Tío, supongo que la viste perdida y quisiste ayudarla a volver. No te preocupes, ya lo haré yo —agregó Santiago y en pocas palabras le dijo a su tío que se fuera mientras yo por mi parte no pude volver a mirarlo.
Aitor no dijo nada pero supongo que asintió y en cuanto se fue pude volver a respirar tranquila para después alzar la mirada hasta Santiago quien me observaba con ojos brillantes y sospechosos.
Esto último creí que era parte de mi paranoia así que lo hice a un lado para poder hablar con él.
Necesitaba irme de este lugar cuando antes y asegurarme de nunca más estar en la casa de Aitor Escarrá o aspirar el mismo aire estando a solas.
Aunque era una cosa muy difícil dado que yo soy su asistente.
No quiero dejar el trabajo porque me gusta demasiado pero tengo que hacer un esfuerzo por refrenar todas las cosas locas que me pasan por la cabeza cuando lo tengo cerca.
No puedo seguir de esta forma.
—Quiero irme a casa Santi, por favor —le susurré y enseguida su expresión cambió a una de preocupación antes de tomar mis antebrazos y apretarlos con suavidad.
— ¿Pasó algo malo Ali? ¿Alguien te hizo daño? —una sombra cubrió de repente su rostro para después decir las siguientes palabras—. ¿Mi tío...?
—No, no. Solo quiero volver porque estoy muy cansada —me excusé y aunque mi excusa era pobre a duras penas él accedió.
—Esta bien, te llevaré —afirmó deslizando sus manos hasta las mías para después apretarlas y soltar una de ellas.
—Puedo pedir un taxi Santi, no tienes porqué irte —afirmé y él me sonrió con cariño haciéndome sentir peor de lo que ya sentía.
¿Y si realmente le gustó a Santiago?
Ahora que había descubierto cuan intensa era mi atracción por Aitor me sentí mal por Santi.
Como si alguna vez pudiera gustarle a alguien como ellos.
Probablemente Santi sintiera pena por lo que me había pasado el día que Eva me quitó la peluca.
Sin embargo de ahí a que yo le gustara era muy difícil.
—Voy a llevarte sana y salva —afirmó él apretando una vez más mi mano—. Dado que no me permitiste ir a buscarte.
—Pero...
—No hay pero que valga, no vas a hacerme cambiar de opinión —me sonrió y fue inevitable no sonreírle de vuelta antes de que comenzáramos a caminar a la salida de la casa con mi corazón latiendo acelerado.
— ¿Quieres despedirte? —me preguntó mirándome por encima de su hombro.
Sabía que se estaba refiriendo a su tío y a la novia de este así que me negué a hacerlo porque si estaba más tiempo alrededor de Victoria Madariaga me sentiría mucho peor.
—Realmente estoy cansada ¿Puedes despedirte por mí? —le pregunté y dado que no nos detuvimos él había aceptado.
Una vez más en lo que llevaba de noche la gente se detenía para mirarme seguramente pensando en que yo no pertenecía aquí.
Ni con Santiago, ni con nadie.
Traté de no pensar demasiado en ello pero cuando Santi se detuvo supe que había un inconveniente frente a nosotros y mi corazón se detuvo cuando alcé la vista y sus facciones duras estaban frente a su sobrino.
— ¿A dónde vas Santiago? —le preguntó a su sobrino lo que no entendí es por qué su mirada estaba fija en mí y aún peor.
¿Por qué me estaba mirando de esa manera?
Una extraña electricidad me recorrió todo el cuerpo y tuve que apartar la mirada de él para que él pulso dejara de temblarme tanto.
No era normal lo que Aitor me causaba y comenzaba a asustarme.
—Llevaré a mi dulce Ali a su casa —le dijo a su tío tirando de mi muñeca para atraerme a sus brazos.
Me puse ansiosa por la mirada fulminante que él nos envió antes de que volviera a hablar una vez más.
—Yo los llevaré —afirmó él pero rápidamente Santi se negó después de bufar.
—No soy un crío tío, voy a llevarla a casa yo mismo. No te metas —gruñó Santi antes de comenzar a caminar llevándome con él mientras que yo me encontraba demasiado agitada.
Por un momento quise mirar atrás pero no lo hice.
¿Qué estaría pensando Aitor en estos momentos?
¿Qué era mi culpa el comportamiento rebelde de su sobrino?
—Santi, ya te dije que pudo conseguir un taxi.
—Y yo te dije que voy a llevarte yo, no seas pesada —la sonrisa que de envió me hizo fruncir el ceño.
Pero si hace segundos estaba enfadado...
Ya dentro del auto deportivo Santi soltó una fuerte carcajada que estuvo a punto de contagiarme, entonces me miró de repente.
—Nunca lo hubiera pensado Alondra —me dijo él en un tono jocoso que me hizo fruncir el ceño sin entender absolutamente nada.
— ¿De qué hablas?
Él se encogió en hombros antes de hacer rugir el motor del auto y arrancar.
—Tal vez mañana cuando no te sientas tan cansada te lo cuente —dijo burlón y capté enseguida que él sabía que estaba mintiendo y me sonrojé en el acto.
—Eres un tonto —le dije sonriendo también como él sintiéndome más relajada lejos de esas personas prejuiciosas—. No sabía que manejarlas o que tuvieras un coche.
Indagué curiosa porque las veces que me había ido a buscar a mi casa lo había hecho con un chofer.
Nunca él mismo.
—No lo tengo —dijo él mirándome de reojo con una sonrisa en los labios y yo me horroricé—. Este se lo acabo de robar a mi tío, seguramente no se dará cuenta... O tal vez sí.
— ¡¿Qué?! —exclamé enseguida.
Esto seguramente sería otra de las cosas de las cuales mi jefe me culparía.
—Dios, estoy segura que él va a despedirme el lunes —gemí apoyando mi cabeza en el asiento con los ojos cerrados.
Escuché una vez más la risa burlona de Santiago y quise golpearlo.
—Él nunca te despediría —dijo con una seguridad que me hizo fruncir el ceño.
—Espero que no me mates de camino a casa —advertí y él rió una vez más.
Al abrir los ojos lo vi negando con la cabeza y una sonrisa apareció de repente en mis labios.
—Nunca lo haría dulce Ali, soy un buen conductor.
Comenzaba a surgir una amistad entre nosotros que no quería arruinar por algo que seguramente sería fugaz.
Trataría de deshacerme de los sentimientos que estaba desarrollando por Aitor.
Seguramente no sería tan difícil.
Después de todo estaba comenzando a gustarme ¿Verdad?
—Más te vale —le dije extrañamente divertida.
Como si estuviera acostumbrada a esta camaradería.
—Eres de temer Alondra de la Cruz, me gusta —añadió y ambos reímos hasta llegar a casa finalmente.