Capítulo XII

1719 Words
La intensidad con la que Aitor me estaba mirando me sacó de mis pensamientos haciéndome sonrojar al mismo tiempo que recordaba lo que la mujer frente a nosotros acababa de decir. «Eres la novia de Santi» Era por eso que Aitor me estaba mirando de esa forma. Según Santi, Aitor no se fiaba de ninguna de las chicas con las que salía su sobrino y probablemente ahora me estuviera considerando una cazafortunas. No lo sabía bien. Lo único que sabía era sobre la mirada enojada que tenía el tío de Santiago ahora mismo. Este último había pasado su brazo sobre mi hombro hablándole a la novia de Aitor pero yo no podía escuchar bien de qué hablaban. Mi mirada estaba fija en Aitor y la de él también estaba fija sobre la mía mientras bebía de su copa haciéndome estremecer. —Olvidé presentarlas —dijo Santi trayendo mi atención de vuelta a él—. Ali, ella es Victoria Madariaga, Vic, ella es Alondra de la Cruz. Mi novia. La afirmación de nuestra supuesta relación me dejó perpleja y creo que se notó porque de repente Santiago se volvió a mí y se rió abrazándome por los hombros antes de darme un suave beso en la mejilla. —Está bien aún no es mi novia pero estoy deseándolo —aclaro él haciendo que Victoria riera y no sé si fue mi percepción pero vi a Aitor un poco más relajado. Incluso su mandíbula ahora no estaba tensa. —Si te hace esperar por ello es muy valiosa —le dijo la mujer sonriéndome antes de que estrecharamos nuestras manos. Yo le correspondí a su sonrisa con cierta incomodidad. — ¿Te apetece bailar? —me preguntó de repente Santiago y yo asentí solo para alejarme de la intimidante mirada de Aitor. Asentí en su dirección y nos alejamos pronto de ellos comenzando a sentirme un poco aliviada. Aunque no me encontraba lo suficientemente bien rodeada de tanta gente con sus ojos puestos en mí. Todos lucían tan perfectos que me intimidaban. —Concéntrate en el baile, dulce Ali —susurró Santi haciéndome saltar por su cercanía imprevista y mi vello se puso en punta. Mi corazón comenzó a agitarse cuando lo vi inclinarse mucho más cerca de mí mientras que mi respiración se hacía más pesada. —Santi… —No te muevas dulce Ali, él nos está viendo ahora mismo y creo que quiere saltar a mi cuello y golpearme con todo lo que tiene —su voz divertida a pesar de su gesto apasionado no fue lo que me dejó perpleja sino sus palabras. ¿De qué estaba hablándome él? —Santi, no entiendo… —murmuré cuando él tomó mi cintura y me acercó muchísimo más a él antes de meter su cabeza en mi cuello ocasionando que el vello de esa parte específica se pusiera en punta. Mi nerviosismo aumentó de nivel cuando sentí su respiración suave en mi piel. —Creo que está luchando por no saltar en mi dirección. — ¿De qué estás hablando? —le pregunté atontada pero él no me soltó incluso casi sentí que se pegó mucho más a mí. De repente me miró a los ojos y mi corazón saltó como si se fuera a salir de mi pecho antes de que apartara un mechón de mi cara hasta ponerlo detrás de mi oreja. —No puedo creer que no lo sepas —susurró y yo seguí a oscuras. —Eres tan linda, tan inocente. Te prometo que voy a protegerte de todo y de todos Ali. Sabía que él me estaba diciendo eso por lo que había presenciado en la escuela. Sabía cuan vulnerable me sentía yo. La pregunta era entonces ¿Por qué me había invitado? ¿Por qué estaba aquí sosteniéndome en vez de llevarme a casa? La mirada de la gente estaba poniéndome incómoda, lo había hecho desde el principio pero no había querido pensar en ello porque no podía evitarlo. Ya estaba aquí. No iba a irme y a dejar tirado a Santi... Aunque me muriera de ganas por hacerlo. —Creo que no debiste invitarme a mí. Esto no va a funcionar —le dije al borde de las lágrimas que había estado conteniendo desde el principio pero él me detuvo del brazo mirándome fijamente. —Quédate, por favor Ali, no los necesitas para divertirte. Eres hermosa y mereces muchísimo más de lo que piensas. Pude ver en sus ojos que no estaba mientiendo lo que me hizo sentir mucho mejor y más calmada entonces poniéndome nerviosa Santi acunó mi cara entre sus manos pero yo no le permití besarme. Eso se sentía como algo que no quería hacer en estos momentos yo él pareció entenderlo porque me sonrió a duras penas para después tomarme de la mano y tirar de esta llevándome a otro lado de la habitación. Podía sentir los prejuicios ojos de los demás en mí pero traté de evitarlos desviando mi atención a otra cosa. Santi. — ¿A dónde vamos? —le pregunté. —Te dije que tenía amigos aquí, quiero presentártelos —esto me hizo dudar un poco más porque normalmente las personas más jóvenes son las más prejuiciosas y al llegar a donde estaba reunido su grupo enseguida me di cuenta que tenía razón. El grupo estaba conformado por unas trillizas rubias, dos chicos morenos y uno pálido. Los seis pares de ojos se clavaron enseguida en nosotros pero específicamente en mí. Las trillizas me miraron como anonadadas mientras que los chicos fueron más amables pero no demasiado cordiales. —Ali, ellas son Maritza, Bárbara y Stefanía Lombardi. »Y ellos son Cole Mckenzie, Dean y Ashton Davies —me presentó rápidamente Santiago. Los chicos me saludaron antes de iniciar una conversación de la que no fui capaz de seguirles el ritmo y terminé por aburrirme. No sé absolutamente nada de autos nuevos o teléfonos último modelo. Sabía que iba a aburrirme e incomodarme. ¿Por qué había accedido a venir aquí de todas formas? Aitor. Mi cabeza susurró su nombre tan rápido que no tuve derecho a protestar. Y horrorizada me di cuenta que era cierto. Ni siquiera había accedido a estar aquí por Santi. Aitor Escarrá era la única persona por la que había venido aquí. Estaba muerta de los celos por ver quién era su tipo de chica. Me había obligado a asistir solo para darme cuenta que muy en el fondo de mi corazón sabía que Aitor era tan inalcanzable como la luna. No solo porque pertenecemos a dos totalmente opuestos. Sino también por la diferencia de edad entre nosotros. Por mi inseguridad. No soy la chica para él y nunca lo seré. No sé cuándo había creído tener una esperanza solo porque él era amable conmigo. Gracias a Dios mis ilusiones se habían roto hoy dejándome clara la verdad. Una verdad dolorosa. Nunca seré tan perfecta como lo es Victoria. Mis ojos todavía lo buscaron entre la multitud encontrando que ellos no se habían separado ni un minuto. Él debía estar muy enamorado de ella por la forma en que la miraba. Pronto dejé salir un suspiro de dolor y tomándome por sorpresa una mano se posó en la mía llamando mi atención. — ¿Estás bien? —me preguntó Santi a mi lado y no pude hacer más que sonreírle tratando tranquilizarlo. —Estoy bien. Debo ir al baño —le avisé necesitando un poco de aire y él asintió dejándome ir. Caminé sin rumbo por las casa hasta que encontré un lugar precioso. Un pequeño huerto en donde él tiempo pasó volando pensando todo y nada a la misma vez. De repente pude sentir que no estaba sola. Que había alguien detrás de mí mirándome fijamente y mi corazón se detuvo en un segundo hasta que esta persona habló. —Huyendo nuevamente. Su voz masculina llegó a mis oídos erizando el vello de mis brazos y nuca poniéndome alerta. No pude evitar volverme a donde estaba él quedándome sin aliento ante lo hermoso que se veía de pies a cabeza. Él era un hombre magnífico. Imponente y de alguna manera sabía que también seductor. Me había seducido sin siquiera proponérselo y ahora estoy completamente perdida por él. Esto es verdaderamente malo, muy malo. Nosotros no podemos estar en un lugar a solas ¿Verdad? Dios, Alondra. ¡Compórtate! Ni que fueras a lanzarte encima de él. Al no escuchar una respuesta de mi parte él dio dos pasos en mi dirección con las manos en sus bolsillos luciendo completamente tentador y sexy. Él es como un dios griego moderno. Y cuando sonreía como me estaba sonriendo en estos momentos mis piernas comienzan a temblar... Espera un momento ¿Por qué está sonriendo así? ¿Acaso me ha preguntado algo? Mis mejillas enseguida adquirieron un color escarlata y rápidamente hablé aunque había sonado más como un balbuceo tonto que no había podido evitar. — ¿Has preguntado algo? Sus sonrisa una vez más se amplió y ya no parecía ser el hombre serio que había visto hace poco cuando estaba con Victoria. El recuerdo de esa mujer perfecta me golpeó de inmediato y me tensé aún más. —Lo que dije ya no importa, es pasado. Esto me hizo arquear una ceja de inmediato y Aitor rió calentando mi corazón. —Hace segundos lo has dicho —acoté yo y él me dio otra sonrisa antes de guiñarme el ojo y dejarme con la boca seca por lo sexy que se había mostrado. —Lo sé —dijo encogiéndose en hombros restándole importancia y causando que sintiera más curiosidad—. Pero pertenece al pasado, de igual manera ¿No? Yo abrí la boca para responder pero tenía razón. Entonces para mí sorpresa sacó sus manos de los bolsillos y me tendió una de ella para pedirme algo. — ¿Quieres bailar? —me preguntó en voz ronca. Me mordisqueé el labio dudosa por mi decisión sin embargo segundos después decidí que sí quería bailar con él. Después de todo había venido aquí por él. Puede que no lo tuviera pero al menos podía tener un baile. No accedí muy bien cuando ya estaba entre sus brazos danzando y de pronto sentí que todo encajaba tal y como yo entre sus brazos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD