Mi corazón casi estalló al verlo de pie con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones luciendo tan masculino e inalcanzable como si no perteneciera a este lugar.
Como hipnotizada miré cada rasgo de su cara perdida en su belleza varonil, sus cejas pobladas me hacen saber que él no es como el resto de los chicos que se las depilan, es un hombretradicional. Sus pómulos son altos, su nariz es un poco tosca pero su boca es tan carnosa y atractiva que tuve que apartar cuanto antes la mirada ya que esta fijándome ahora en sus orbes azules las cuales me miraban con seriedad sin embargo había en ellos un brillo atractivo y a la vez peligroso que lo caracterizaba muy bien.
O eso empezaba a notar.
Tragué grueso pensando en la pregunta que me había hecho y fue imposible no sonrojarme, este color rojo en mis mejillas se intensificó cuando percibí la mirada fija de él en mí y deseé desaparecer o devolver el tiempo para no ser tan valiente ¿O estúpida? En pensar que podía verme bien tal y como luzco.
Miré detrás de él buscando una vía de escape pero toda su musculatura parecía ocupar el lugar haciéndome sentir incómoda.
—No mentía cuando dije lo de hermosa, siento haberte incomodado Alondra —dijo él y casi me estremecí por la forma en que él había dicho mi nombre porque había sonado tan terriblemente sexy que hacía latir mi corazón de forma desenfrenada.
Ni siquiera sabía porqué estaba sintiéndome así sobre ese hombre.
—Santiago te lo dijo —murmuré tuteándolo y fue demasiado tarde para arrepentirme de ello.
Ya estaba lo suficientemente avergonzada.
Era evidente que su comentario no había sido deliberado y estaba tratando de hacerme sentir mejor.
Me mordí el labio inferior incómoda y sin saber cómo actuar me di la vuelta para después apoyar mi antebrazos sobre la baranda del balcón mirando el paisaje bonito que ofrecían las luces de la noche.
Por un momento pensé que estaba sola y la calma del momento me golpeó sintiendo el aire entra a mis fosas nasales recorriendo mi sistemarespiratorio, comenzando a sentirme mucho mejor.
Hasta que pude sentir sus pasos venir en mi dirección tensándome en el proceso, traté de mostrarme relajada, como si nada hasta que Aitor llegó a mi lado e inevitablemente aspiré el aroma de su colonia masculina mientras tenía que ocultar lo mucho que me había gustado su aroma alucinante.
—Siento hacer que te sientas cohibida. Solo quería decir…
—Sé lo que querías decir —lo detuve tensa.
No necesitaba palabras construidas por la lástima para sentirme mejor.
Mucho menos de él.
Acto seguido fruncí el ceño porque las últimas horas había estado dándole demasiada importancia a un hombre que apenas conocía y obviamente era mucho mayor que yo, sumado a que venimos de mundos totalmente distantes.
Ni siquiera sabía cómo habíamos cohincidido aquí.
O porqué estoy pensado en él.
—No, creo que no me he expresado bien —gruñó él luego de que yo no dijera nada más.
—Creo que no he debido venir —murmuré despegando mis manos de la baranda pero él detuvo mi huida deteniéndose frente a mí cortándome la respiración mientras nuestras pupilas se conectaron acelerando mi corazón de forma inevitable.
Mierda.
No creo haber conocido nunca a nadie tan guapo como él.
—Santiago me lo ha contado simplemente porque eres su amiga, no le gustó nada lo que te hizo esa chica.
Yo asentir a duras penas apartando la mirada de él incómoda no solo por su presencia y porque supiera lo que había sucedido con Eva y conmigo, sino también porque me recordaba que ese suceso seguía en la mente de todos aunque yo quisiera borrarlo de sus cabezas siempre permanecería ahí, mi humillación ante todos.
Entonces pensé en los besos que Santiago iba a darme o yo creí que lo haría.
¿Y si él solo buscaba hacer un acto de bondad conmigo y yo lo estaba malinterpretando?
Era estúpido que el chico más guapo, caballeroso y dulce de la escuela, aparte de jodidamente rico, le guste alguien como yo.
Estoy muy distante de la perfección que él merece.
— ¿Te gustaría bailar? —preguntó de repente Aitor sacándome de mis pensamientos.
Su invitación había sonado un poco torpe pero no era eso lo que me había sorprendido sino en sí que él me haya invitado.
Una vez más nuestros ojos se encontraron y no pude decir que no a lo que él sonrió de tal manera que me hizo imitarlo con timidez.
El sonido de la música llegaba aquí pero parecía un poco lejano así que podíamos hablar sin tener que gritar.
Solo que yo me sentía un poco intimidada y esto se intensificó cuando él me tomó en sus brazos y me atrajo a él ocasionando que nuestros cuerpos chocaran con suavidad.
Él era muy alto y yo demasiado baja solo que los tacones estaban ayudándome ahora.
El aroma de su colonia era maravilloso y se colaba por mis fosas nasales llenando mis pulmones de ese olor. Nunca había olido algo mejor.
Mis manos se dirigieron a su cuello para comenzar con el baile como si esto ya fuera algo común entre nosotros.
Era íntimo.
El calor se apoderó de mis mejillas ruborizándome en el acto como siempre sucedía al estar cerca de los Escarrá.
—No tienes porqué esconderte Alondra, eso era lo que venía a decirte —susurró él tan cerca de mí oído que el vello de mi nuca se erizó de inmediato poniéndome alerta de inmediato—. Sé que a lo mejor no tengo derecho a decirte esto porque no nos conocemos de nada, pero te vi perdida y fue imposible no acercarme.
»Eres hermosa pero eso debes descubrirlo tú misma, no dejes que los demás definan tu vida.
Toma el control.
Mi corazón latía frenético bajo mi pecho y fue entonces cuando nuestras orbes volvieron a encontrarse pero esta vez estábamos más cerca porque no nos habíamos separado el uno del otro, nuestros cuerpos bailaban al mismo tiempo que sus manos seguían sobre mi cintura y las mías sobre su cuello y en ese momento hubo un nivel de conexión increíble entre los dos pero yo me negué a verlo.
— ¿Por qué estás haciendo esto? —murmuré algo perdida sin saber en qué momento había entrado a una especie de dimensión desconocida porque este tipo de cosas no me pasan a mí.
—Porque necesitabas un amigo. Y yo ya me estaba aburriendo en esta fiesta para críos —dijo él sonriendo aligerando el ambiente haciéndome sonreír a mí también.
—Entonces ¿Qué haces aquí? —pregunté ahora un poco divertida.
—Tengo negocios con el padre de Gina y me invitó pero mi razón principal es irritar a Santiago, ya sabes, es mi trabajo.
Yo reí ante esto pero al volver a mirarlo Aitor ya no me miraba de la misma manera.
—Creo que deberías volver a la fiesta —me dijo él de repente soltándome ocasionando que sintiera un breve vacío en mi interior—. Estoy seguro que ahora te divertirás.
Asentí un poco más entusiasta pero la verdad es que no me quería ir aún.
Me había gustado hablar con él.
Aitor es un hombre muy interesante.
—Sí.
»Debería volver —le sonreí dando un paso atrás sin dejar de mirarlo y cuando él me devolvió la sonrisa una vez más con sus manos dentro de los bolsillos me di la vuelta para ir una vez más a la fiesta.
Pero me detuve justo frente al umbral de la puerta para darme ligeramente la vuelta una vez más y conectar mis ojos con los de él.
—Gracias por hacerme sentir bien hoy, creo que lo necesitaba —le dije con una sonrisa avergonzada la cual él correspondió antes de negar con la cabeza.
—Es a ti a quien debes agradecer.
»Tú tienes el control de transformar un momento malo por otro completamente bueno. Eres tú quien tiene el control de tu vida Alondra, nunca olvides eso.
Yo asentí para después irme de ahí.
Ahora me sentía un poco mejor.
Quizás Aitor tenía razón y yo solo necesitaba un cambio de mentalidad.
Pero no es fácil tener un autoestima alta cuando me miro en el espejo y no logro ver lo que quiero.
O cuando al resto de las chicas las saca a bailar los chicos y yo soy ignorada.
Al ver lo hermosas que son y yo… No logro alcanzar los estándares que quiero.
Aunque después de la conversación con Aitor me sentía un poco más poderosa y justo cuando iba a sentarme en la mesa donde debía estar mi primo una mano detuvo la mía deteniéndome en seco haciéndome acelerar el corazón.
Me giré lentamente en su dirección y vi el rostro de Santiago muy serio.
— ¿Bailarás conmigo? —preguntó y pude escuchar el nerviosismo en su voz.
Me las arreglé como pude para asentir y tan rápido como lo hice él me tomó de la mano para acercarme a la pista de baile.
Si bien no me sentía tan insegura como antes tampoco me sentía demasiado a gusto pero la sonrisa que me ofreció Santiago de repente me hizo sentir mucho mejor.
— ¿Dónde estuviste? —me preguntó de repente y yo me tensé sin saber si decirle lo que había pasado con su tío o no.
Preferí callar por alguna razón se sentía como un secreto.
—Necesitaba tomar un poco de aire.
El me observó como si quisiera decir algo más pero pareció cambiar de opinión de repente.
—Espero que hayas tomado el suficiente porque está noche vas a bailar mucho conmigo.
—Eso si las demás chicas no viene a buscarte —bromeé pero a él no pareció divertirlo.
—Pensé que serías con la única que bailaría.
»Gina me pidió un baile y dado que es la chica de la fiesta no pude negarme, luego se interpuso Dai y me dio pena rechazarla, fue muy breve y en cuanto te busqué ya no estabas por ningún lado.
Creí que te habías ido.
Lo miré a los ojos y le creí absolutamente todo porque Santiago normalmente era muy sincero y me mordí el labio inferior sintiendo las indiscretas mariposas revolotear en mi vientre ante sus palabras.
¿Eso significaba que…?
No quise hacerme ilusiones así que me dediqué a bailar hasta que él me susurró las siguientes palabras que me paralizaron de inmediato.
—Solo viene esta noche aquí por ti Ali, deseaba tanto bailar contigo.
Enseguida alcé la mirada hasta sus pupilas y solo pude encontrar verdad en ella haciéndome sentir tan bien que estuve a punto de reír como una tonta pero como lo bueno nunca perdura alguien obviamente llegó arruinando nuestra diversión.
— ¡Hola Ali! ¡Vamos a tomarnos fotos!
Ella tomó mi muñeca y de un tirón me apartó de Santiago quien me miró con impotencia pero no dijo nada.
Pronto sentí otra mirada penetrante en mí y mis ojos se desviaron en esa dirección encontrándome con Aitor mirándome sin ninguna expresión.
Me pregunto en qué está pensado ahora mismo.