Capítulo VII

2618 Words
La mirada de Aitor me había desestabilizado un poco pero logré componerme porque Gina estaba tirando de mi brazo pidiéndome fotos haciéndome sentir incómoda. No solo por las fotos en sí, aunque era un factor importante. Sino también porque yo no era cerca a ella. De hecho a penas nos hablamos, realmente ni siquiera sabía porqué me había invitado. A lo mejor se deba a que soy amiga de Adriana y ellas se llevan muy bien. Gina no se detuvo hasta que estuvimos en el baño entonces se giró a mirarme y todo gesto amable desapareció de su rostro tomándome por sorpresa ante la frialdad que vi en sus facciones. —Obviamente no he venido a hacerme fotos contigo, no soy tan mala como para opacarte con mi belleza —se burló ella de manera cruel mirando mi cabello haciendo que mi niña interior se encogiera de vergüenza y timidez. Las lágrimas escocieron mis ojos pero no las dejé salir. Soy mucho más fuerte que ella. —Lo único que tengo para decirte es que la única razón por la que Santiago está hablando contigo aparte de la exposición es que le das pena. Ya sabes, por lo que te pasó en el recreo. »Es un chico bueno, nunca le rompería el corazón a nadie ¿Entiendes? —habló ella despectivamente mirándome de arriba a abajo. Yo apreté los dientes después de tragar saliva luchando con la vergüenza y las lágrimas que amenazaban con salir. Cuando finalmente pude hablar agradecí al cielo porque mi voz no temblara. — ¿Él te ha mandado a decirme esto? —pregunté y vi la vacilación en sus ojos almendras sin embargo ella alzó la cabeza como una reina y me miró con una sonrisa socarrona. —No. Pero sé que lo estaba pidiendo a gritos. —Lo que yo sé es que tú te sentiste tan inferior a mí que tuviste que traerme aquí con mentiras porque no soportas dejar de ser el centro de atención ni por un momento. Ella me miró en shock abriendo su boca para refutar pero de esta apenas salieron pequeños balbuceos que me hicieron sentir muchísimo mejor y más segura de mi misma porque había dado en el clavo. Yo misma estaba impresionada por las palabras que le había dicho. Esperé una respuesta de su parte pero al no ver ninguna alcé la cabeza como ella había hecho segundos antes y le di la espalda para salir de ahí cuánto antes mientras buscaba con la mirada a mi primo. En cuando lo vi troté hacía él tirando de su brazo para irnos mientras él protestaba lo buena que estaba la fiesta sin embargo me siguió sabiendo que algo no estaba bien. Como la masoquista que soy volteé hacía atrás sin poder evitarlo encontrándome con la mirada de Santi justo al lado de Aitor. Me volví rápidamente apretando el brazo de José y enseguida estuvimos dentro de su auto. — ¿Qué pasó? —preguntó él cuando estuvimos en el auto y yo me limité a encogerme en hombros restándole importancia. —Me aburrí —le dije simplemente. —Si claro, si no me quieres decir no lo hagas pero si alguien te hizo algo Alondra… —gruñó él pero yo lo detuve negando con la cabeza. —Solo me aburrí José ¿Podemos irnos por favor? Él asintió mirándome como si quisiera descubrir mis secretos y me encogí porque normalmente él lograba hacerlo no obstante está vez no pareció surtir efecto. — ¿Pizza? —preguntó haciendo que mordiera mi labio inferior tratando de no reírme. — ¿No comiste lo suficiente? —indagué divertida. —Nunca tengo suficiente —dictó él y está vez no pude evitar soltar una carcajada. —Pizza será —asentí. Durante ese tiempo José volvió hacerme sonreír… Hasta que llegué a casa y los recuerdos volvieron atormentándome. Haciéndome ver qué posiblemente Gina tuviera razón. Entonces las palabras que Aitor había plantado en mí fueron olvidadas. * Santiago tampoco me había dicho cuando ir a su casa para terminar el trabajo así que yo decidí comenzar a hacerlo por mi cuenta. Las palabras de Gina habían tocado una fibra sensible endureciéndome aún más y haciéndome ver que cualquier cosa que pensara sobre Santiago no podía ocurrir nunca. Lo tenía claro. — ¿Vamos a Saírelag? —me preguntó Adri apareciendo de repente en el lugar que siempre comíamos las dos sobresaltándome y rió de inmediato por mi reacción. —Tenemos que hacer la tarea de las exposiciones, las láminas y además estudiar ¿Se te olvidó? —pregunté arqueando una ceja en su dirección y ella bufó por lo bajo. —Ya terminé con eso. ¿Tú no? —No, pero me falta poco. Al terminar le enviaría a Santiago la información que debía estudiar como si nunca hubiéramos intercambiado demasiadas palabras. — ¿No es de mucha ayuda tu compañero? —preguntó ella. —Es que… Ni siquiera sabía qué excusa iba a darle pero en ese preciso momento llegó el aludido poniéndose de cuclillas para mirarme a los ojos haciendo saltar mi corazón. —Ali, ¿Vendrás hoy a mi casa para terminar el trabajo? —Pensé que lo habías olvidado —las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera frenarlas y un sonrojo se apoderó de mis mejillas, lo supe porque las sentí arder bajo su mirada. Él me sonrió de una manera que me tuve que contener para no corresponder a la suya. —Nunca —afirmó él antes de levantarse e irse sin decir nada más ocasionando que volviera a respirar. Ni siquiera me había dado cuenta de que había comenzado a contener la respiración. —Él está coqueteando —afirmó mi mejor amiga trayéndome de vuelta a la realidad y cuando volteé a mirarla me di cuenta que ella me observaba con la advertencia marcada en sus facciones. —Estás alucinando —afirmé divertida aunque mi corazón estaba latiendo ahora con más fuerza debido a sus palabras. Mi tonta yo interior estaba tratando de tener esperanzas. —Ojalá pero no. Pude verlo, nunca me equivoco Ali. Pero yo seguí comiendo como si nada sin responderle aún y mi mente comenzó a imaginar lo que pasaría si Adri tenía razón. * Dado que esta vez Santiago no había venido por mí decidí ir a su casa en bicicleta aunque estaba ligeramente lejos de casa. A medida que pasaba el tiempo pude ver el frente de su casa y me detuve ante los vigilantes de la propiedad quienes me miraron extrañados. Haciendo que un nudo creciera en mi vientre bajo. —Hola, soy Alondra de la Cruz, vengo a ver a Santiago. Los dos hombres se miraron pareciendo extrañados pero asintieron antes de abrirme la puerta y yo me sentí incómoda bajo su escrutinio. Probablemente las chicas que visitaban a Santi siempre venían en autos elegantes y yo en bicicleta. Por alguna razón me reí de esto hasta que detuve la bicicleta dejándola en el estacionamiento antes de tocar el timbre. No tardó demasiado en llegar una mujer y sonreírme. —Santiago está en el comedor. Está esperándola señorita. Enseguida le devolví la sonrisa a la señora y me encaminé a donde ella misma me había señalado pero me detuve en seco cuando en la mesa vi no solo a Santiago sino también a Gina. Los recuerdos de su cumpleaños me golpearon y estuve a punto de darme la vuelta e irme de inmediato solo que en ese preciso momento Santiago alzó la mirada y su boca se amplió con esa sonrisa maravillosa que tenía y me dejaba sin respiración. —Ali, que bueno que llegaste. Gina está aquí por asesoría. ¿Asesoría de qué? Si hubiera llegado un segundo más tarde la habría visto saltar sobre él y ponerse sobre sus rodillas. El malestar que sentí seguramente me hizo poner mala cara porque de pronto la sonrisa de Santi decayó. Me fijé en la chica que me miraba con rabia y me abstuve de bufar por lo bajo. Bien, hoy sería un día de mierda. Comenzaba a arrepentirme por venir aquí. —Creía que habías terminado Gina, o eso creo que dijo Adri —le pregunté poniendo mi bolso sobre la silla para sentarme inmediatamente después. Santiago la miró con el ceño fruncido pero ella me estaba fulminando con la mirada como para notarlo. —Creo que ella no sabe nada y confío más en tu criterio —su voz molesta retumbó en mis oído. —Ya. Pues creo que estás equivocada, Adri es muy lista. Ella bufó algo por lo bajo pero creo que ni siquiera Santi escuchó qué fue lo que dijo. —Bueno, buscaré mi laptop —dijo él levantándose de la silla para irse y me tensé automáticamente. Si bien yo disimulaba muy bien no quería decir que las feas palabras de Gina no me afectaran. No iba a quedarme sola con ella otra vez. No para que ella pudiera burlarse de mí como le diera la gana. Sé que tengo un problema. Que quizás no sea para Santi ni que esté a su altura. Pero ella no tiene ningún derecho a burlarse de mí. — ¿Me guías al baño? —mentí y él asintió sonriéndome otra vez. Enseguida tomé mi bolso una vez más y lo puse en mi hombro porque algo me decía que si lo dejaba ahí esta loca probablemente haría cualquier cosa con él. —Siento que Gina haya venido, es la hija de un amigo muy importante de mi tío así que normalmente tengo que estar con ella —soltó Santi y pude verlo ligeramente incómodo haciéndome sentir un poco mejor al entender que él no la había invitado ciertamente como había creído. —No hay problema, enfoquémonos en el trabajo y cuando ella esté harta se irá sola —le dije burlona aunque no sé de dónde salió eso. Con Santiago cerca los pensamientos no fluyen constantemente. Él me dedicó una sonrisa que aceleró mi corazón pero hice a un lado ese tonto sentimiento. Pronto me señaló el baño y rápidamente fui en dirección de este. Saqué entre bolso una pequeña libreta donde escribía ideas para mis libros que me llegaban a la cabeza cuando no estaba en casa. Se me había ocurrido una escena perfecta para Mantente hermosa que si no la escribía se me iría de inmediato. No tardé en hacerlo y tan rápido como lo hice salí del baño para ir a donde estaban los chicos otra vez pero al cruzar por el pasillo choqué de repente con un torso masculino que me hizo caer al suelo mientras soltaba un jadeo. Avergonzada miré a la persona de pie ante mí y visualicé que se trataba de Aitor Escarrá. Sus ojos me miraron desde arriba haciéndome sonrojar por la intensidad de su mirada mientras que me tendía una mano para ayudarme a levantar. Aún avergonzada acepté la suya y como si no pesara él hizo todo el trabajo. Ya cuando estuve de pie ante él me sonrió provocando algo sumamente extraño en mi interior que me hizo incomodar. —Hola Ali. Mi apodo en sus labios sonaba tan natural. Como si tuviera muchísimo tiempo conociéndome y llamándome de esa forma. —Hola —respondí con voz temblorosa y pude ver como su sonrisa se amplió mucho más. —Es bueno verte otra vez, pero parece que aquí está tu némesis —dijo burlón refiriéndose a Gina y me sonrojé más porque estaba insinuando, sino me equivocaba que Gina es mi rival por la atención de Santiago. ... Cosa que no podía negar a ciencia cierta, solo que es demasiado incómodo que el tío de mi crush lo sepa. Lo que me hace dudar si él mismo Santiago lo sabía. —Yo... tengo que empezar con Santiago, tenemos mucha tarea que hacer —murmuré y él asintió. Temblorosa sin dejar de mirarlo tomé mi bolso y me fui de ahí sin voltear atrás. Tal vez si me hubiera dado la vuelta hubiera visto lo que pasó a continuación pero las cosas siempre suceden por algo. Y lo que estaba por pasar iba a cambiar mi vida por completo. * Después de que termináramos con la información del trabajo Santi me invitó al parque dado que como había dicho antes, habíamos hecho huir a Gina con tantas cosas sobre tarea. Yo accedí algo intimidada pero para mí sorpresa él me tomó de la mano y tiró de esta para llevarme hasta el parque. Durante todo el camino mi corazón comenzó a latir de forma acelerada sintiendo el calor de la mano de Santi traspasarme. No sé cuántas veces me había estado imaginando este momento pero de lo que sí estaba segura es de que no me esperaba sentirme de esta forma. Me sentía extraña, incómoda. Como si por tocarle la mano estuviera haciendo algo mal. Mi respiración estaba agitada por mi nerviosismo. Algo me decía que me alejara de él pero eso es lo más extraño del mundo porque hace menos de una semana yo hubiera dado mi vida por estar con la mano de Santi sobre la mía. ¿Qué había cambiado? Yo me sentía completamente igual. Santiago seguía siendo el mismo chico lindo y caballeroso. Entonces una repentina imagen apareció en mi cabeza dibujando el rostro de Aitor y como si me prendiera en llamas sentí mi cuerpo arder. Mis mejillas se ruborizaron como ya era de costumbre aunque no podía evitarlo. Aitor Escarrá estaba llamando mi atención como ningún chico antes lo había hecho. Incluso Santi. Lo que es una completa loca y lo sé pero no es algo que yo pueda evitar. ¿O sí? Ya no estaba completamente segura. —Le agradas a mi tío —habló de repente Santi haciendo que lo mirara insegura. Era como si hubiera leído mi mente. No supe qué responder así que le dije lo primero que pasó por mi cabeza. — ¿Ah sí? Estuve a punto de golpearme a mi misma pero me contuve de inmediato. No iba a quedar como una loca frente a él. Me senté en el columpio solo que él se quedó de pie diagonal a mí sin dar un paso más. Santi sonrió y rápidamente noté que era más una sonrisa incómoda que una de sus sonrisas normales lo que de inmediato me hizo tensar. —Sí. Casi nunca pasa, él está siempre pendiente de que nadie pueda herirme. Creo que se cree que sigo siendo un niño, normalmente le decía a las chicas que venían a casa cualquier tipo de cosas extrañas sobre mí. Decía que era una prueba para ver si ellas estaban enamoradas de mí o no, incluso cuando algunas chicas solo vinieran aquí por tareas... Tu has sido la única a quien no ha molestado y eso es muy extraño —dijo al fin dándome una mirada intensa que me hizo estremecer de pronto. —Quizás sea que se haya dado cuenta de que solo he venido aquí por tareas, de verdad —esto último lo susurré mientras su sonrisa seductora aparecía y mi vello se ponía en punta de inmediato al mismo tiempo que todos mis sentidos se activaban. Se inclinó ligeramente hasta que sus manos tomaron a cada lado los bordes del columpio más arriba de mis manos pero su calor cerca de mí era palpable e intimidatorio. — ¿Quieres decir que si te beso ahora mismo me rechazarás? —me preguntó con la voz tan roca que tragué saliva de inmediato al mismo tiempo que nuestros ojos se encontraban. Como un indicio que estaba en verdadero peligro. Oh por Dios. ¿Qué debería responder a eso?
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