Capítulo VIII

1532 Words
Las mariposas revolotearon en mi vientre de inmediato no solo por sus palabras sino también por su cercanía peligrosa e intoxicante. Santiago estaba tan cerca de mí que nuestras respiraciones chocaban y yo ni siquiera estaba moviéndome para apartarme de él. Estaba completamente sonrojada pero no me había movido ni un milímetro sin embargo no hizo falta porque de repente otra voz retumbó cerca de nosotros haciéndonos separar de golpe mientras que yo sentía que estaba haciendo algo malo o prohibido aunque no era el caso. Aitor hizo acto de presencia activando los sentidos de mi cuerpo y enseguida conecté mis ojos a los suyos los cuales me atraparon en un instante. Me sentí ligeramente avergonzada bajo su escrutinio y ni siquiera sabía qué hacer para evitar su mirada pero lo que me dejó verdaderamente aturdida fue cuando bajé la mirada y encontré en su mano mi libreta de ideas ocasionando que mi corazón se detuviera por un instante que pareció eterno. Contuve la respiración enseguida horrorizada mientras él me lo tendía y ni siquiera pude recibirlo porque estaba apenada de solo pensar que él lo había leído. Dios, que no lo haya leído. Rogué en mi mente antes de levantar mi mano y tomarlo aún temblorosa. —Iba a dártelo en la cocina —explicó él y me estremecí un poco cuando nuestros dedos hicieron contacto. Pero de inmediato yo me aparté de su toque incómoda. No solo por este sino también por su mirada. Aitor me observaba como si él pudiera ver a través de mí y esto de cierta manera me intimidaba. —Sin querer lo abrí y no pude evitar leer algo que me llamó muchísimo la atención, sé que no debí hacerlo… —continuó pero yo seguí sin responder por lo cual lo hizo Santiago en mí lugar. Me encontraba en una especie de shock como para hacer algo. —Tío, no tenías derecho —gruñó Santiago como si estuviera molesto—. Podía ser algo privado. —Es algo privado —repuso Aitor sin dejar de mírame causando que yo me tensara un poco más—. Pero me encantó tanto que tuve que obligarme a detenerme Alondra, incluso aunque son ideas sueltas consiguen engancharme y querer leer mucho más ¿Has considerado escribir un novela y publicar tus escritos? Su preguntas además de sus palabras me dejaron alucinando. Si él estaba diciéndome eso es porque realmente le había gustado… A menos que intentara congratularse por leer mis notas sin mi permiso. —Tío… —advirtió una vez más Santiago pero ninguno de nosotros dos estaba prestándole demasiada atención. Yo negué con la cabeza bajo su escrutinio antes de aclararme la garganta para hablar al fin. —No, nunca lo he considerado —mentí para no admitir desesperadamente que llevo años deseando justamente eso. — ¿Has escrito un libro completo o solo son borradores desordenados…? —Aitor, estamos en medio de algo aquí —gruñó una vez más Santi. Aunque lo que me decía Aitor me interesaba muchísimo más de lo que él creía. —Tengo varios libros… Pero no creo que sean material editorial. Además me gusta más la redacción que nada. Pero esto no era cierto del todo. Desde que cumplí los doce me gustaba escribir aunque nunca llegué a hacerlo en serio. Escribo porque es la manera que tengo de desahogarme de mis problemas en general. Los ojos de Aitor me observaban con curiosidad mientras que Santi parecía sorprendido por mis palabras. Casi nadie sabía cuánto me gustaba escribir o redactar, solo Adri y otro grupo de amigas pero nunca lo había tomado como algo serio… Hasta que Aitor lo mencionó. — ¿Querrías publicar con nosotros? Estoy seguro que… —No —murmuré antes de que pudiera terminar. Una de las cosas que me había limitado es que soy demasiado tímida. Me daría mucha vergüenza que los demás juzguen mis libros… De hecho no los demás, mis amigos en específico. Es algo que siempre me ha incomodado. — ¿Por qué? —Santi fue ahora quien me cuestionó y me abstuve de sonreír. —No creo que me atreva a publicar algo mío, no lo sé. —El miedo solo lleva al fracaso —dijo Aitor con voz dura y yo sabía que era verdad pero no quería admitirlo. Me mordisqueé el labio inferior sin nada con que excusarme y él pareció entenderlo. —Yo… No creo estar lista —volví a susurrar y él asintió—. Pero me gustaría muchísimo ser editora, de hecho he tomado muchísimos cursos para ello. Él me sonrió y asintió. —Seguro que sí —me dijo solamente y yo decidí insistir porque no habría otra oportunidad. —Editar libros sería maravilloso. — ¿Estás pidiéndome trabajo? —preguntó con un deje burlón que aceleró mi corazón y me hizo dudar. De reojo vi como Santi se incomodaba y pensé en dar un paso atrás y negarlo pero ya no había caso y de hecho tampoco creía que hubiera una oportunidad así en mi vida otra vez así que para qué negarlo. —Me gustaría muchísimo —susurré cohibida por la respuesta que obtendría y me quedé de piedra cuando por su boca se desplazó una asombrosa sonrisa que me hizo calentar el corazón. Si antes pensaba que Santiago era guapísimo es porque no había conocido a su tío. Mierda, ¿Qué estás pensando Alondra? El tipo probablemente tenga once años más que yo, sin embargo, me resultaba tentador de una manera extraña. —Muy bien, voy a acceder porque eres amiga de mi sobrino —dijo cubriendo los hombros de Santiago en un toque fraternal, pero este último está vez parecía un poco más relajado—. Te podré a prueba para ver si puedes llevar el ritmo pero no te preocupes, seguramente encontraremos a alguien que pueda aclarar tus dudas. Pero… Mi respiración casi se detuvo mientras que mi corazón estaba a punto de explotar por la emoción y la ansiedad a la misma vez. Si Aitor me aceptaba en la editorial estaría cumpliendo uno de mis sueños y eso parecía tan irreal. — ¿Pero…? —le pregunté con la ceja arqueada haciéndome la desinteresada. —Esto será bajo la condición de que vayas después de clases y que él trabajo no afecte tu promedio, no quiero ser el causante de malas calificaciones. »Además, tu madre tendrá que firmar un permiso para que trabajes dado que eres menor de edad. La sonrisa que puse en mi boca los hizo sonreír de inmediato a ambos mientras me contenía para no brincar y gritar como una niña pequeña. No obstante la emoción que sentía era genuina. —Por supuesto que mantendré mi promedio —afirmé feliz. — ¿Es una promesa? —preguntó Aitor y yo le respondí afirmando con la cabeza. Esa conexión entre nosotros pareció tan íntima pero no le presté demasiada atención. Estaba deseando volver a casa y contarle a mi madre. * — ¡Estoy muy feliz por ti, amiga! —exclamó Adriana cuando le conté al día siguiente y ambas brincamos como un par de crías en la escuela ocasionando que los chicos que pasaban nos vieran como fenómenos pero nos dio igual. —Santiago va a acompañarme, iremos después de la escuela. —Bendita suerte, ojalá yo consiguiera un contrato como modelo tan pronto como tú. —Seguro que lo harás —afirmé y ella me sonrió de inmediato. Durante todo el día lo pasé flotando en la escuela pensando en lo que sería mi primer día de trabajo aunque no podía evitar sentirme sumamente nerviosa. Mientras esperaba a Santi, Dulcie, una chica de un año menor hablaba conmigo mientras me mostraba un bonito libro lleno de ilustraciones de enfermedades mentales y Toc's. Por alguna razón me llamó la atención y mientras pasaba las páginas leí de todo un poco hasta que llegué exactamente hasta una de las páginas del libro que llamó mi atención por completo. Tricotilomanía se llamaba este transtorno. Pero no fue el nombre lo que captó mi inmediata atención, sino la definición de esta. Entonces me quedé sin aliento de repente ante la brevísima explicación. —Siento haberme tardado ¿Estás lista? —me preguntó Santiago sacándome de mis pensamientos y atrayendo mi inmediata atención. No obstante yo me encontraba demasiado conmocionada como para entender lo que había dicho y como si él hubiera leído mi mente repitió una vez más. — ¿Estás bien Ali? —volvió a preguntar. Dulcie me miraba con el ceño fruncido como preocupada por mí y tuve que hacer un esfuerzo para mantener la calma. —Yo… Sí —asentí dejando salir todo el aire que estaba conteniendo, miré una vez más en dirección a Dulcie y le pregunté—. ¿Podrías prestarme el libro? —Sí, mientras me lo traigas mañana —me dijo y yo le sonreí aún aturdida. —Lo haré, gracias Dul. —De nada, adiós chicos —dijo enseguida cuando Santiago me ayudó a levantar para irnos de ahí. Apenas le respondí porque en mi cabeza estaba esa extraña palabra que nunca había escuchado pero que parecía demasiado ligada a mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD