El trabajo había resultado interesante.
Como Aitor me había dicho había muchas personas colaboradoras que les gustaba ayudarme a hacer un buen trabajo y me explicaban las cosas que no entendía que por suerte no eran muchas.
Santiago se había ido a su casa temprano así que yo me devolví a la mía en autobús pero aún estaba emocionada por la oportunidad de trabajar en Circle AE.
Era un sueño hecho realidad aunque se hubiera visto un poco opaco con el recuerdo del libro que Dulcie me había dado.
Mamá me entretuvo preguntándome cosas sobre el trabajo y me advirtió que primero era la escuela, lo que ella no sabía es que Aitor era el primero que me lo había advertido.
De hecho, debía mostrarle la boleta de las calificaciones de final de mes.
—Cenaré en mi cuarto mamá —le dije tomando mi plato antes de darle un beso en la mejilla para irme a mi habitación.
Mientras comía me imaginé cómo sería el día de mañana en Circle AE.
La gente había sido muy amable conmigo sin embargo no había visto a Aitor en todo el día y eso secretamente no me había gustado.
Había esperado verlo en algún lugar pero no fue el caso.
A Santiago no le gustaba mucho nada sobre los libros así que me había acompañado hasta que se aburrió por completo.
Creo que fue a ver a su tío y después se marchó.
Coloqué el plato en la encimera para llevarlo a la cocina después y mi mirada se dirigió a mi bolso escolar dónde estaba el libro que Dulcie me había prestado.
Había evitado este momento durante toda la mañana pero en este momento no tenía escapatoria, algo incómoda me levanté para buscar mi bolso y en cuanto encontré el libro ni pude evitar encogerme de forma involuntaria.
Tenía curiosidad y miedo saltando en mí pero me dije que debía ser valiente porque esto era algo que seguramente tenía que saber.
Tomé el libro entre mis manos dejando mi bolso en el mismo sitio donde lo había tomado y me senté una vez más en la cama para con manos temblorosas abrir el libro que Dulcie me había prestado, rebusqué la página hasta que al fin la encontré quedándome de piedra una vez más porque todo lo que estaba ahí plasmado como un resumen era lo que a mí me ocurría.
“El hábito o comportamiento incluye arrancarse el pelo del cuero cabelludo o los vellos de las cejas y otras partes del cuerpo.”
Así.
Simplemente se definía lo que yo poseía.
Pero no me quedé así con esta sencilla información.
Tan rápido como pude me fui a la computadora y tecleé el título de este TOC «Tricotilomanía» y efectivamente la encontré dándome cuenta que aunque yo pensara que era la única en el mundo con este problema había millones más que no se atrevían a contarlo… Como yo. Por vergüenza.
Entonces me sentí mejor conmigo misma.
Ya no me sentí como un bicho raro… O no del todo.
No tardé en contarle a mi madre y ella decidió llevarme a un psicólogo al que acepté ir sin dudar.
Ya no quería más esto en mi vida.
*
Después de la escuela me fui directamente a Circle AE con la diferencia de que esta vez Santiago no había ido para llevarme y lo entendía perfectamente. Lo que me confudía es que durante toda la mañana me había ignorando como si lo hiciera deliberadamente.
Esto me incomodaba demasiado pero decidí no darle importancia.
Después de todo nosotros no éramos los mejores amigos, él se había acercado hace poco a mí y seguramente se había dado cuenta de lo aburrida que era mi vida en comparación a la suya.
Seguramente por eso Gina estaba ahora con uno de sus brazos delgados alrededor de la cintura de él, no obstante, esto me hizo sentir muy mal aunque traté de que nadie lo notara.
Obviamente mi mejor amiga no entraba en esta categoría.
—Te dije que era un imbécil —había gruñido Adri mirándolo con el ceño fruncido pero yo no me atreví a alzar la mirada.
La verdad es que no valía la pena.
Me encogí en hombros restándole importancia aunque la verdad era que me dolía bastante su indiferencia repentina.
Puede que no fuéramos a convertirnos en los mejores amigos pero tampoco era como para que me ignorara.
—No voy a quejarme, nosotros no somos amigos ni nada —le había dicho yo comiendo mi almuerzo y de repente comencé a sentir una mirada sobre mí inquietante.
— ¡Y ahora está mirando! Es un descarado —bufó ella haciendo que mi corazón saltara por sus palabras.
No sabía qué le había pasado a Santi, pero tampoco le preguntaría.
Si él quería las cosas así pues bien, así sería.
Durante el almuerzo seguí comiendo sin levantar la mirada y al culminar me fui de ahí junto con mi mejor amiga sin molestarme en mirarlo.
Más tarde me dirigí como ya dije al trabajo donde las chicas me recibieron muy bien como el día anterior.
Beth era alocada y le ponía la chispa a la tarde con sus ocurrencias mientras que Kerr era más tranquila y sumisa.
— ¿El jefe no viene mucho por aquí? —la pregunta salió de mis labios tan rápido que no pude evitar que saliera sonrojándome en el proceso.
Ellas me miraron con curiosidad pero Beth además me sonrió con picardía.
—Lo sé, es colirio para los ojos chica —dijo ella haciéndome poner nerviosa y continuó hablando—. Ese hombre es arrebatadoramente sexy y caliente. Una verdadera lástima que no se involucre con sus empleadas.
—Tú eres muy joven Ali —murmuró Kerr como una madre haría y sentí que mi cara se ruborizaba enseguida.
—Yo... No me refería a ello...
Pero una vez más mis palabras fueron cortadas cuando el hombre en cuestión hizo acto de presencia en la sala ocasionando que todas abrieramos los ojos para mirarlo pero él mantenía su mirada fija al frente mientras una mujer pelirroja lo seguía como asustada y llorosa.
— ¡Señor! —exclamó ella pero él no se volvió en ningún momento manteniendo su semblante serio—. Por favor señor...
—Ya te lo dije Albanie, no quiero que sigas siendo mi asistente. Te lo dije en privado y quisiste hacerlo público, entonces vuelvo a repetirte. Estás despedida —dijo con una frialdad que me hizo abrir ligeramente mi boca impactada.
Jamás lo había visto de este modo.
Bueno, tampoco es que llevará mucho tiempo conociéndolo pero en lo que llevaba haciéndolo siempre lo había visto con una sonrisa amable, salvo por cuando nos conocimos. Sin embargo ahora su expresión era seria y fría a la misma vez.
La chica hizo un berrinche gritando y llorando pero mis ojos se mantuvieron en él hasta que se metió en su oficina y cerró la puerta abruptamente.
—Seguramente se le lanzó encima. Ya te dije chica, el jefe detesta las lanzadas —dijo Beth antes de darse la vuelta para llamar a seguridad por el escándalo que estaba haciendo la desvergonzada chica.