— ¿Beth? Pide a alguien que me traiga un café —sonó la voz de Aitor por el Inter comunicador y la mujer a mi lado sonrió como el gato de Alicia en el país de las maravillas antes de posar sus ojos en mí ocasionando que me estremeciera un poco y estoy segura de que me sonrojé en el proceso.
—Enseguida señor —contestó ella a través del aparato e intuí que estaba en verdadero peligro.
—Cariño, es tu turno de preparar café.
—Yo...
—Venga pequeña, estoy siendo buena contigo dejándote ir con nuestro sexy jefe en lugar de ir yo —dijo ella guiñándome un ojo pero la siguiente en responder fue Kerr.
—Yo creo que lo que debe recordar es lo que acaba de pasar hace un momento. Él jefe es duro con las mujeres que se le lanzan encima. O por lo menos con sus empleadas.
—Yo no voy a lanzármele encima —le contesté con el ceño fruncido antes de darme la vuelta e ir por el café del jefe.
En la cafetería no sabía qué café escoger para él y ni siquiera había preguntado a las chicas cuál era su favorito.
Hice uno simple y me dirigí hasta su oficina una vez más pasando por mi cubículo y el de las chicas.
Beth me mostró sus pulgares arriba haciéndome sonreír inevitablemente mientras que Kerr la observaba con desaprovación.
Volví mi mirada hasta la puerta y la toqué con mis nudillos, acto seguido él me mandó a entrar desde adentro y cuando abrí la puerta nuestros ojos se encontraron mientras sentía que una extraña electricidad me recorría de pies a cabeza.
Entonces una sonrisa se amplió en sus labios ocasionando está vez que mi corazón latiera acelerado y me mordisqueé el labio inferior para no sonreírle de vuelta yo como una estúpida.
—Hola —susurré dando cortos pasos hasta él para no hacer ningún desastre con el café y él me esperó de pie frente a su escritorio para tomarlo en su mano.
—Hola, es bueno verte Ali.
Su voz ronca desde el primer momento me ha parecido hipnotizante pero lo es más cuando me llama por mi apodo.
Casi podría derretirme ahí mismo frente a él.
—Espero que le guste, jefe —le dije y enseguida se llevó el vaso a los labios para dar un sorbo de este sin dejar de mirarme a los ojos contemplando como estos se oscurecían ligeramente.
Pronto me quedé prendada de su mirada pero supe que debía irme ahora solo que en cuanto iba a hacerlo él volvió a hablar sin decir ni una palabra sobre el café.
—Ayer no estuve aquí así que debo preguntar ¿Cómo te fue? ¿Ha sido como has pensado?
Yo sonreí enseguida sin poder evitarlo.
—Es mucho más de lo que creí aunque me gustaría muchísimo aprender más.
—Un paso a la vez —añadió posiblemente divertido por mi entusiasmo.
— ¿Y ha seleccionado a una asistente mientras encuentra una a tiempo completo? —pregunté indiscreta y al ver la sorpresa en sus facciones me sonrojé una vez más.
—Yo... —quise retractarme aunque él no me dejó.
—Primero, no me hables de usted, me haces sentir viejo y segundo, ni siquiera lo había pensado. Beth y Kerr hacen un buen trabajo para mí y creo que con ellas será más que suficiente, estoy harto de tener que despedir a las chicas que consiguen el puesto —él no añadió nada más pero por Beth sabía las causas de los despidos.
Sí él me contrata a mí no tendrá porqué despedirme, yo no voy a lanzarme a sus brazos como una desesperada.
De eso estoy segura.
Tengo dignidad, por lo menos.
Sin contar con que ser la asistente de Aitor Escarrá se verá buenísimo en cualquier currículum.
Él dejó el café sobre su escritorio antes de sentarse y sé que en ese momento probablemente debía despedirme de él y volver a mi cubículo pero no pude hacerlo.
Cuando nuestros ojos se encontraron otra vez las palabras salieron de mi boca tan rápido que otra vez no pude detenerlas.
—Sé que tengo aquí apenas un día pero en serio me gustaría muchísimo ser su asistente y aprender de primera mano.
—Otra vez estás llamándome viejo —agregó burlón antes de que su semblante se viera más serio—. Pero, Alondra, estás aquí para la edición no para ser mi asistente —dijo él renuente pero yo por alguna razón quería esto.
De hecho se sentía como que lo necesitara.
—Estoy segura que puedo aprender más con usted... Contigo —corregí cuando él arqueó una ceja en mi dirección.
No sé de dónde he sacado el valor para pedírselo dado que soy muy tímida.
Él pareció dudoso al principio pero después habló haciéndome sonreír.
—Muy bien, si eso es lo que quieres serás mi asistente, pero recuerda que tú trabajo dependerá de tus calificaciones —me advirtió él y estuve a punto de gritar como una loca pero mantuve la compostura.
Aunque no fue fácil hacerlo.
—Te prometo que no te voy a decepcionar ¿Qué quieres que haga primero? —le pregunté sumamente emocionada mientras que él me miraba con diversión marcada.
—Primero tendrás que aprender a hacer café —soltó burlón y no pude evitar reírme junto a él sintiendo como por primera vez en mi vida no me sentía incómoda con un hombre... Que me gustaba.
Sabía que mi trabajo en Circle AE iba a cambiarme la vida pero nunca hubiera pensado que lo hiciera tan pronto.
*
A la mañana siguiente en la escuela Adri y yo hablábamos en la cafetería mientras que podía sentir una mirada fija en mi cuerpo la que empezaba a conocer muy bien.
No lo busqué con la mirada porque sabía que se trataba de él.
Santiago estaba más taciturno de lo normal y ya no era solo conmigo sino también con todos a su alrededor lo que era muy extraño pero yo trataba de no mirar mucho en su dirección. No quería incomodarlo... Como él lo estaba haciendo conmigo.
—Voy al baño —le dije a mi amiga y esta asintió levantándose también.
—Te espero en el aula.
Aún estaba feliz por la oportunidad que me había dado Aitor en la editorial y me sentía como flotando en una nube.
Después de que salí del baño choqué con el cuerpo de alguien y al alzar la mirada me encontré con los ojos de Santiago los cuales me miraban fulminante.
Ni siquiera entendía el porqué pero su censura me hizo estremecer sin saber si él lo había notado.
Sus manos estaban sobre mis brazos porque me había sostenido para no dejarme caer al suelo entonces sin dejar de fulminarme con la mirada habló.
—Gina me dijo que me usaste para conseguir trabajo en la editorial de mi tío —soltó de golpe y yo abrí los ojos abruptamente.
Me hizo sentir mal de cierta manera pues me hacía pensar que él daba por hecho algo tan feo de mí.
— ¿Y tú le creíste? —le pregunté incrédula y su expresión de enojo desapareció un poco.
—Tú no te acercaste desde el primer día de tu trabajo —se excusó él como si fuera un niño pequeño y tuve que poner todo de mí para no reír divertida por su paranoia.
—Fuiste tú quien se alejó Santiago, pensé que querías tener tu espacio o algo, después de todo tú y yo prácticamente nos hablamos debido a la clase —señalé y él me miró avergonzado haciéndome sentir un poco mejor.
—Lo siento.
» ¿Quieres ser mi acompañante a una fiesta?
— ¿Fiesta? —pregunté algo incómoda.
No solo desde la fiesta de Gina no me habían gustado tanto las fiestas sino también que al ir con Santi estaría entrando en un nuevo mundo donde las clases sociales son importantes y obviamente yo no sería suficientemente buena para él.
No me gusta tratar de encajar.
—Es la fiesta de la novia de mi tío, llega después de un largo viaje.
Ante la mención de esto quedé helada frente a Santiago pero él pareció no notarlo y siguió insistiendo mientras yo desviaba mi imaginación hacia esta mujer.
¿Cómo sería el tipo de chica que le gustaba a Aitor?
¿Sería tan elegante como él?
¿Qué edad tendría?
Y... ¡¿Por qué demonios estaba cuestionándome esto?!
No es de mi incumbencia.
—Vamos Ali, no voy a dejarte sola si a eso es lo que temes, pero por favor ven conmigo —insistió él una vez más mientras nuestros ojos se encontraban una vez más.
Iba a negarme pero por alguna razón terminé aceptando ocasionando que Santiago me abrazara quedando la molestia de un lado y encontrándome atontada entre sus brazos.
Ni siquiera sabía porqué había accedido pero de alguna forma sabía que todo terminaría muy mal.
Por lo menos para mí.
Las cosas siempre salen mal para las chicas pobres, dado que mi vida no es una novela.