Capítulo III

1329 Words
Cuando llegamos al fin a la puerta de su casa, si es que a eso se le podía decir puerta, me quedé sumamente embobada por todo lo que veía. Este lugar parecía una especie de mansión, juro por Dios que no he visto una casa con semejante tamaño antes. Probablemente parezca una tonta porque Santiago se está riendo a mi lado e inevitablemente me sonrojé. Parecía ser que estoy condenada a pasar vergüenza frente a él. De repente se bajó del auto y se dio la vuelta para abrir la mía y tenderme la mano. Creo que mis ojos más o menos brillaron porque él realmente parecía un príncipe de cuentos. Instintivamente posé mi palma en la suya sonrojándome en el proceso mientras comenzáramos a caminar en dirección a la puerta. Odio ponerme colorada todo el tiempo. —Sé que estás sorprendida. »Mi tío está obsesionado con esta casa. De hecho era un castillo antiguo cuando él lo reparó y lo convirtió en lo que es hoy. Un poco exagerado como para solo dos personas viviendo en ella. — ¿Solo viven ustedes dos? —pregunté impresionada y me mordí el labio sabiendo que estaba siendo una metiche aunque la verdad era que me sorprendía. —Sí. Mi tío y yo, a veces se quedan unas cuantas personas que trabajan aquí pero mi tío siempre los deja ir a casa después de las cinco de la tarde, algunos se quedan por elección propia —me respondió Santiago sin soltar mi mano y al abrir la puerta de la casa me quedé paralizada ante lo que veía. Su tío debía tener un montón de dinero, j***r. El lugar era tan grande como un salón de fiestas y tan elegante que me sentía como una intrusa. ¿Cómo es que Santiago había terminado estudiando en nuestra escuela? Me resultaba incomprensible viendo todo a nuestro alrededor. Los suelos eran de un blanco tan brillante que casi podía verme reflejada en el. Al final justo frente a nosotros estaba una pared de puro cristal que nos permitía mirar al otro lado donde había una inmensa piscina preciosa que quitaba la respiración. A cada lado había una elegante escalera que llevaba al segundo piso y más allá de las escaleras había otros lugares que no me dio tiempo de ver pues Santiago comenzó a tirar de mi mano recordándome que en ningún momento la había soltado. Mis mejillas se sonrojaron ante esto pero yo me dediqué a seguirle el paso centrando mi atención esta vez en él y no en su increíble casa, después de todo tendría que aprovechar este trabajo porque sería lo único que alguna vez me acercaría a él. —Sé que es un poco impresionante, mi tío es muy exagerado. —Realmente esto parece un castillo —balbuceé apenas cuando llegamos al piso de arriba que lucía tan elegante como el de abajo. Había hermosos cuadros en las paredes blancas que llamaron mi atención pero Santiago no se detuvo en ningún momento. —Él estará complacido con tu comentario. Yo asentí como si él pudiera verme hasta que nos detuvimos en una puerta que él enseguida abrió dejándome entrar a mí primero y soltando mi mano por primera vez desde que la había tomado. Mis ojos barrieron la habitación y de inmediato percibí que su habitación es más grande que todas las de mi casa juntas. —Buscaré mi laptop para que podamos investigar —me dijo él sacándome de mi estupor y yo asentí. Mis orbes volvieron a recorrer su habitación solo que se detuvieron esta vez en algo específico. El buró de Santi. En el había cuatro retratos. Curiosa como soy me dirigí a ellos y puse mis ojos sobre el primero. Se trataba de un par de muchachos de como veinte años casándose, el hombre tenía rasgos muy parecidos a Santiago por lo que intuí debía ser su padre y la hermosa chica entonces debía ser su madre. La siguiente foto eran ellos dos cargando a un bebé que rápidamente capté era mi crush. Sonreí al verlo tan pequeño. Pero en la siguiente aparecía él más grande, como de seis años tomado de la mano de otro muchacho el cual tenía un aspecto alucinante. No solo era guapísimo sino que también robaba el aliento. Parecía un ángel caído con esos ojos oscuros y aspecto analítico. Su semblante era serio pero por alguna extraña razón me sentí tan conectada a él. Traté de apartar el abrupto sentimiento y deshacerme de él aunque no pude. Desvié mis ojos a la siguiente foto y en esta aparecía Santiago sobre los hombros del mismo chico de la foto anterior solo que en esta él parecía todo un hombre con el pecho descubierto y una preciosa sonrisa que haría desmayar incluso a la chica más fría. ¿Dios mío quién es él? —Es mi tío —murmuró Santiago detrás de mí ocasionando que diera un respingo como si hubiera leído mi mente. Me volteé a mirarlo y él me sonrió mientras yo le sonreí de vuelta. —Lo siento, no quería asustarte. Traje esto —me mostró su laptop antes de desviar su atención a lo que yo había estado viendo anteriormente. Pero no añadió nada más, enseguida, después de que yo me disculparme por haber mirado sus fotos sin su permiso nos fuimos en dirección de su escritorio para comenzar con la investigación para la exposición y estuvimos perdidos entre tanta información un rato en el que seriamente busqué concentrarme en esto más que en la curiosidad extraña que su tío me causó. Más tarde Santiago trajo helado para mí y yo lo recibí con timidez. —Descansemos un rato —dijo él sentándose a mi lado con su propio helado. Estaba tan cerca que estaba poniéndome más nerviosa de lo que estaba y él pareció notarlo pues vi algo extraño en sus ojos. Con su cuchara tomó un poco de su helado para llevárselo a la boca y degustarlo, yo tragué grueso hipnotizada por sus movimientos que aunque no lo quisiera él era seductor. El sabor del helado explotó en mi lengua amando la sensación solo que aún estaba nerviosa por su cercanía, aún más cuando su mirada se posó en mí de repente como si quisiera decirme algo. Casi podía sentir las mariposas en mi vientre tan solo con sus orbes puestas sobre mí y cuando su pulgar se dirigió a mi labio inferior sentí que iba a desmayarme. —Tenías helado —murmuró con voz ronca mientras nuestras orbes se encontraban. Yo no sabía qué iba a decirle. Me tenía temblorosa como una niña pero no podía evitarlo. Sentí como mi corazón se detenía cuando él se inclinó un poco en mi dirección y pude captar su aroma a perfume masculino, el afrodisíaco para las mujeres. —Alondra… —susurró él erizando el vello de mis brazos y nuca. Pero justo al siguiente momento alguien entró a la habitación de Santi y nosotros nos apartamos de golpe. Al alzar la mirada pude ver quién era el chico de la foto que me había llamado tanto la atención, solo que hoy día lucía como todo un hombre. Un hombre mayor muy, pero muy sexy. Su mirada seria me recorrió de pies a cabeza estremeciéndome y haciéndome sentir como que no era bienvenida aquí. Hasta que sus pupilas azul oscuro buscaron al chico a mi lado. —Santiago, ven a fuera —exigió con voz autoritaria aún sin gritar y se dio la vuelta para salir de la habitación. Santi me miró con vergüenza marcada en su cara pero no podía estar más avergonzado que yo. —Lo siento, volveré pronto. Yo asentí pero en cuanto salió corrí a guardar todos mis útiles en mi bolso con las manos ligeramente temblorosas. Jamás creí verme en una situación como esta. Iba a irme lo más pronto posible de allí. En estas ocasiones lo mejor es el escape rápido sin duda.
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