Después de que se acabó la llamada, Max se quedó un momento quieto, apoyado en la mesa de su oficina, como si el mundo se hubiera inclinado cinco grados de golpe y él estuviera intentando no caerse. Respiró hondo. Se enderezó. Se acomodó la camiseta. No dejes que esto te moleste, se dijo. La mañana avanzó. Su cerebro, no. Su cuerpo sí cumplió: hizo piernas, corrigió posturas, revisó inventario, ayudó a dos clientes nuevos, organizó horarios. Todo en automático. Pero su mente estaba atrapada en una sola frase, repitiéndose como eco molesto: “Alguien se quedó once segundos sin hablar por verte.” ¿Quién? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde demonios pasó eso como para provocar semejante cosa? Julián no había ayudado. Había empeorado todo. ¿En serio alguien podía disfrutar tanto ver sufri
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


